La infanta Cristina vuelve a Mallorca seis años después del final del ‘caso Nóos’

La boda este sábado de Mafalda de Bulgaria con el empresario británico Marc Abousleiman reúne en la isla a parte de la realeza europea junto a famosos del momento

La infanta Cristina, en agosto de 2019 en Madrid.
La infanta Cristina, en agosto de 2019 en Madrid.getty

Seis años después de que la Audiencia Provincial de Palma pusiera fin a las sesiones del juicio por el caso Nóos en junio de 2016, Cristina de Borbón ha regresado a Mallorca. La infanta es una de las invitadas a la boda de este sábado 28 de mayo de Mafalda de Bulgaria, hija de sus grandes amigos Rosario Nadal y Kyril de Bulgaria, con el empresario británico Marc Abousleiman. No ha trascendido por el momento la hora ni el lugar del enlace, que previsiblemente se celebrará este sábado por la tarde en una finca aislada del interior de la isla balear alejada de las miradas de curiosos y fotógrafos. La presencia Cristina de Borbón en el enlace no es una sorpresa, pues la relación con los padres de la novia siempre ha sido estrecha. Rosario Nadal es la madrina de la única hija de la infanta, Irene Urdangarin, mientras que Kyril de Bulgaria siempre ha mantenido una estrecha relación con las infantas y el ahora rey Felipe, con quienes pasó mucho tiempo en Mallorca durante su juventud.

El regreso de Cristina de Borbón a la isla en la que pasó los veranos desde niña se desarrolla en circunstancias bien diferentes a las de hace seis años. Durante los primeros meses de 2016 la infanta acompañó a su marido, Iñaki Urdangarin, en el banquillo de los acusados del proceso judicial que duró alrededor de seis meses en sesiones intermitentes. Entonces la sintonía entre ellos era palpable, entraban y salían juntos de las instalaciones donde se celebraba el juicio para recluirse en la vivienda en la que pernoctaban. En su declaración, ella afirmó que confiaba plenamente en su marido y en su inocencia durante su comparecencia ante el tribunal. No tuvo que estar presente a lo largo de todo el proceso porque la sala permitió a algunos acusados ausentarse de la vista oral tras la fase inicial de declaraciones. El fin de las sesiones en junio de ese año puso punto final a su histórica relación con la isla.

Seis años después de aquello la infanta ha vuelto por primera vez a Mallorca, pero en un momento de su vida totalmente diferente. Desde el pasado mes de enero está oficialmente separada de su marido, que fue condenado a cinco años y diez meses de prisión y desde el pasado mes de marzo está en libertad condicional. Y esta vez su llegada es para un evento de cariz bien distinto. En las fotografías publicadas por el periódico Última Hora se puede ver a Cristina de Borbón con un colorido vestido largo, alpargatas rojas y gafas de sol en la finca propiedad de Kyril de Bulgaria, ubicada en el municipio de Porreres, en la que los novios ofrecieron una cena a sus invitados este viernes. En las imágenes aparece junto a otra pareja, pero no hay rastro de su hija Irene. La finca fue el escenario de la cena preboda que la pareja ofreció a los más de cien invitados a su enlace, que se alojan en diferentes hoteles y agroturismos de la zona.

Los invitados accedieron al lugar en microbuses y vehículos privados. Entre ellos, buena parte de la realeza europea. A la infanta Cristina se suma también la presencia de la princesa Mette-Marit de Noruega, que acudió ataviada con un vestido floreado de media manga de verano y llegó en un coche con los cristales tintados y sin la compañía de Haakon de Noruega. Simeón de Bulgaria y Carla Royo Villanova también fueron fotografiados a su llegada a la finca, igual que el padre de la novia, que fue acompañado de su actual pareja, la empresaria Katharine Butler. Otra de las invitadas más destacadas fue la socialité estadounidense Olivia Palermo y su marido Johannes Huebl. La conocida modelo, empresaria e influencer es amiga de la novia desde que esta se mudó a Nueva York hace unos años para desplegar su carrera como cantante.

Alrededor de 12 minibuses, varios taxis y coches particulares accedieron a la finca. Todos los invitados tenían que ponerse una pulsera al llegar y colocar una pegatina en la cámara del teléfono para evitar fotografías indiscretas. Los novios han contratado también un equipo de seguridad privada y pretenden preservar todo lo posible la intimidad de los asistentes al evento, con diferencias notables con respecto al que celebraron sus padres en septiembre de 1989 (se separaron en 2009). Entonces, la Familia Real en pleno asistió a la boda de Rosario Nadal con Kyril de Bulgaria, que se celebró en la capilla del palacio de La Almudaina y se convirtió en todo un acontecimiento con más de 400 invitados y con amplias medidas de seguridad desplegadas en los alrededores del palacio.

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