Un nuevo documental sobre Britney Spears en Netflix corrobora que la cantante reclama su libertad desde 2009

‘Britney vs Spears’, recién estrenado en Netflix, revela una serie de documentos donde la cantante explica que lleva años sin ser feliz

Un fan protesta en apoyo de Britney Spears con imágenes de ella, en Los Ángeles, California, en julio de 2021.
Un fan protesta en apoyo de Britney Spears con imágenes de ella, en Los Ángeles, California, en julio de 2021.MARIO ANZUONI (Reuters)

La lucha de Britney Spears para recuperar su propia tutela en los tribunales se juega en paralelo a la carrera por tratar de contar su calvario personal. Este martes, un día antes de que se celebre la próxima vista de su caso, se ha estrenado en Netflix el documental Britney vs. Spears.

Bajo la dirección de Erin Lee Carr, apoyada en la periodista Jenny Eliscu, que entrevistó a la cantante en dos ocasiones para la revista Rolling Stone, Britney vs. Spears disecciona las vicisitudes de la estrella del pop durante los últimos trece años, desde el inicio de la tutela por parte de su padre, Jamie, hasta la actualidad. Además, aporta nuevas pruebas de las posibles irregularidades de la misma.

En agosto de 2020, una fuente anónima se puso en contacto con Carr y Eliscu para entregarles unos documentos legales hasta ahora inéditos, y que el documental afirma que han sido contrastados. Todos ellos vienen a corroborar lo que hoy se sabe: que vive en una cárcel de oro de la que ha estado intentando librarse desde 2009, un régimen de semiesclavitud bajo el cual se la obligaba a trabajar a la vez que se le anulaban sus libertades personales.

En el informe más antiguo al que ha tenido acceso el equipo del documental, que data de su primer ingreso psiquiátrico en 2008 y que sirvió para reclamar su tutela, se declara que padecía demencia, un diagnóstico muy cuestionable —como explica uno de los expertos que participa en el film— para alguien que, como la cantante, a las dos semanas estaba trabajando. También se explica que durante el proceso para perder la tutela de uno mismo, la persona a la que le va a afectar esta decisión tiene cinco días para contraargumentar, período que a la cantante se le negó alegando que Sam Lutfi, su exmanager y amigo, ejercía una influencia negativa sobre ella —se dijo que la drogaba y manejaba sus finanzas— y que había que alejarla de él cuanto antes. Lufti rebate esta afirmación en el documental: “Le hicieron cientos de análisis de sangre y de drogas y los pasó todos. Por eso nadie vino a mi casa. Nadie me acusó de nada”. La familia de Britney, sin embargo, consiguió que en 2019 se le impusiera una orden de alejamiento de la cantante.

Entre los documentos que enseña Britney vs Spears se encuentran varios informes médicos presentados por su abogado ante los tribunales para seguir certificando la necesidad de su tutela. Ninguno de los encargados de realizarlos se han relacionado con el caso públicamente ni quieren hacerlo salvo el doctor J. Edward Spar, que aparece citado en documentos judiciales del caso, y que en el documental se niega a afirmar su implicación en él: “Si me enseñas un documento firmado por mí, verificaré mi firma. De lo contrario, no voy a contar si alguien me contrató para evaluar a nadie”. En uno de esos informes se puede leer: “Britney Spears carece de la capacidad para mantener y dirigir a un abogado”, lo que le ha llevado a verse obligada a mantener como letrado durante los últimos trece años a Sam Ingham, elegido por su familia.

Otros testimonios inciden en que la estrella lleva intentando librarse de su restrictiva situación. Andrew Gallery, director de For the record, un documental que la MTV realizó sobre la cantante en 2008, cuenta que Spears le entregó en secreto una carta para que él la leyera en televisión y así amplificar su situación, pero después de recibir una llamada de los abogados de ella, decidió callar. También la propia Jenny Eliscu narra que en 2009 se unió a uno de los exnovios de la cantante, Adnan Ghalib, y a Sam Lutfi para tratar de conseguir que firmara un documento que presentar ante los tribunales para pedir libertad para cambiar de abogado. La peripecia, que incluía que Eliscu burlase a todo el equipo alrededor de la cantante en el hotel Montage, se consumó. Sin embargo, el juzgado denegó su petición, alegando que debido a su condición de tutelada no tenía permiso para escoger a su propio abogado.

La situación, que planteaba un conflicto de intereses constante bajo el cual quien representa a la cantante en los tribunales está trabajando al servicio de quienes ejercen el tutelaje solo se ha roto después de la demoledora declaración de la intérprete de Toxic ante la juez Brenda Penny el pasado 23 de junio. Entonces la cantante relató desolada el régimen en el que vivía, que la ha obligado, entre otras exigencias, a tomar litio y a tener implantado un DIU para frenar sus deseos de ser madre junto a su prometido, el actor Sam Asghari, con quien por supuesto no puede casarse sin permiso: “No soy feliz. Pensé que si lo repetía lo suficiente, lo sería, porque estaba negando las cosas, estaba en shock. Estoy traumatizada. No soy feliz, no puedo dormir. Estoy enfadada y deprimida, lloro todos los días. Y se lo digo porque no entiendo cómo el estado de California puede tener todo esto por escrito de mi anterior comparecencia y no hacer nada. Mi padre y todos los involucrados en esto deberían ir a la cárcel”.

Tras el testimonio de la cantante y su eco público, varios de los miembros que formaban parte del equipo de su tutelaje han renunciado a sus trabajos. El primero fue su manager Larry Rudolph, y dos días más tarde, el propio Ingham. Entonces la juez por fin le permitió contratar a un abogado por sí misma. El elegido fue Matthew Rosengart, que ha trabajado para estrellas como Sean Penn, Julia Louis Dreyfuss y Steven Spielberg, Rosengart ha conseguido que el padre de la cantante acceda a retirarse de su tutela económica, la única que mantenía en la actualidad. Y además, como señala el documental, da carta de conformidad a todo lo que relata Britney vs Spears. La lucha de Britney Spears en los tribunales se juega en paralelo a la carrera por tratar de contar su calvario personal, sí, pero como en todos los juicios mediáticos, una se sirve de la otra. El miércoles 29 se sabrá si la estrategia de Rosengart trae los frutos que su cliente lleva 13 años pidiendo desesperadamente.

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