Los famosos te dicen ¡hola!

A través de varias webs, personas célebres ofrecen servicios como felicitar por un cumpleaños, un nacimiento o una boda, mandar un vídeo gracioso o incluso enviar un pedazo de su arte

De izquierda a derecha, Rafael Amargo, Carmen Lomana y Ramoncín.
De izquierda a derecha, Rafael Amargo, Carmen Lomana y Ramoncín.Cordon Press

La fama ya no es lo que era. Si bien antes los famosos eran seres inaccesibles de los que obteníamos contada información a través de los medios de comunicación, desde la llegada de internet han bajado varios escalones en su grado de divinidad. A través de las redes sociales les podemos observar en su vida cotidiana, presenciar sus meteduras de pata en Twitter, admirar sus hiperproducidas fotos en Instagram o, por el contrario, conocer su faceta más casual, desmaquillada y casera. Se parecen más a la gente normal. Y podemos decirles cosas. El último avance en el mundo de las conexiones famoso-fan son las webs que ofrecen mensajes personalizados de la gente célebre a sus seguidores a cambio de dinero. Ahora los famosos te dicen ¡hola!

“En la popularidad se ha dado una vuelta de tuerca: la cercanía de los famosos se ha potenciado a lo bestia”, explica Jaime Pérez-Seoane, consejero delegado de la web Cleb y director de la agencia de influencers Go-Talents. En este sitio vemos una parrilla de personas célebres que ofrecen sus servicios para los fans: felicitar por un cumpleaños, un nacimiento o una boda, mandar un vídeo gracioso o incluso enviar un pedazo de su arte, ya sea esta la música, la magia o la danza. Una cosa curiosa es que en este mercado virtual cada famoso se pone su precio: así podemos conseguir un vídeo de la socialité Carmen Lomana (90 euros), del actor porno Nacho Vidal (60), de los músicos Ramoncín (75) o Willy Bárcenas (45), del bailaor Rafael Amargo (45), de la diseñadora Ágatha Ruiz de la Prada (70) o del inclasificable Pocholo Martínez-Bordiú (78,87 euros, el único que le pone pico a su precio).

Muchos de estos famosos donan parte de sus ingresos a una ONG, aunque no se explicita cuál es ese porcentaje, que puede ir el 1% al 100%. La empresa se queda con otro porcentaje. La web actúa como una plataforma donde las propias celebridades pueden darse de alta ellas mismas, aunque desde la empresa también hacen ofertas a personajes de interés. Cleb se lanzó en junio de 2020, en los momentos más duros de la pandemia, cuando vídeos y videollamadas cruzaban el ciberespacio por doquier uniendo hogares confinados. “Era el momento de implantación definitiva de estas herramientas tecnológicas, que parecía que iban a sustituir a la vida real”, dice Pérez-Seoane (que celebra que no haya sido así). En cualquier caso, era un buen momento para comenzar un negocio de este tipo. Ya han vendido unos 1.700 vídeos, todos con valoraciones de cinco estrellas sobre cinco. Otras webs que se han lanzado en España con funcionamiento similar son Mocitox o Vip2fan.

En los vídeos de los famosos, muchas veces tomados con la cámara frontal del móvil, se nos revelan como seres más reales: de fondo se ve su cocina, a veces desordenada, o su coche; en ocasiones, la imagen no es del todo nítida, ni eligen el plano, la iluminación o el vestuario más favorecedor. Hay cosas que nos igualan a todos: una de ellas es el mensaje de vídeo en plan selfi. Otro fenómeno provocado por internet, y que se aprecia en estas aplicaciones, es la segmentación de la fama: probablemente el usuario encuentre caras que no reconozca y que, aun así, son muy famosas. La Red ha permitido que se formen compartimentos estancos con sus propias celebridades, que operan en mundos como el de los videojuegos, la música urbana o la esfera de Twitch o YouTube. Puede que usted nunca oiga hablar de estas personas a las que siguen millones y millones de personas. Al fin y al cabo, todos los que tenemos redes sociales construimos un personaje y somos susceptibles de ser populares dentro de una comunidad. Este tipo de celebrities sectoriales vienen a unirse a los famosos transversales de toda la vida, tipo Lola Flores, cuya existencia era prácticamente imposible ignorar. “Yo lo concibo como una pirámide: sigue existiendo esa fama transversal de gente extremadamente popular, pero por debajo hay capas superprofundas, y se da una fama más horizontal, de igual a igual, como en el caso de los influencers”, dice Pérez-Seoane.

“Estoy muy contento de participar y hacer que la gente disfrute de vídeos personalizados: creo que es una cosa en la que entre todos conseguimos una suma para buenas causas, espero que crezca muchísimo”, dice el músico Beret (90 euros), uno de los más solicitados de Cleb, que dona parte sus ingresos a una asociación. Por 180 euros, Beret te puede mandar una canción personalizada, o el pinchadiscos Cristian Varela te puede dedicar una sesión de media hora. No sabemos si Rappel (40 euros) ofrecerá sus sesiones de adivinación en línea. “Es bonito poder compartir con las personas momentos importantes de su vida, éxitos laborales, momentos familiares emotivos, celebraciones, etcétera”, cuenta el hipotético vidente. Además, la plataforma ya está trabajando en nuevos productos, como pequeñas conversaciones por videollamada.

Estos servicios pueden generar suspicacias: los que aquí se ofrecen pueden dar la impresión de ser peseteros, de estar en problemas económicos o de querer rentabilizar demasiado su fama, porque esta es tal vez la forma más directa y rápida de monetizar la popularidad. “Estas suspicacias no se dan en todas partes”, explica Pérez-Seoane; “en Estados Unidos, por ejemplo, se acepta sin complejos que uno cobre por su tiempo. Y creo que estos prejuicios están cambiando también aquí”. Además de la pasta, el famoso de turno puede obtener otros beneficios: aumentar su visibilidad en internet, conseguir mayor enganche con los seguidores o, si es suficientemente sentimental, disfrutar del cariño de los fans.

El modelo de negocio, como tantos otros, procede de Estados Unidos, donde funciona la referencia del sector, la web Cameo, cuya consulta resulta fascinante dada la gran cantidad de celebridades de diferentes sectores y niveles que se pueden encontrar: desde luchadores clásicos de wrestling hasta una sección con los actores, sobre todo secundarios, de Juego de Tronos, pasando por una selección de estrellas del country. El político Rudy Giuliani se ofrece por unos 300 dólares, y Donald Trump Jr. por 400. El cómico Chris D’Elia ha llegado a pedir 50.000 dólares, probablemente a modo de boutade.

En su cuenta de Instagram (@cameo) podemos ver vídeos caseros del rockero Jon Bon Jovi, el actor Christopher Lloyd, el músico Kenny G, el rapero Snoop Dogg, el cineasta Kevin Smith o el actor Chuck Norris, que cuenta uno de esos populares chistes sobre sí mismo. “¿Sabíais que quisieron poner mi cara en el monte Rushmore [donde se encuentran los rostros de cuatro presidentes estadounidenses]? No pudieron, porque mi barba es más dura que el granito”.

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