LA PARADOJA Y EL ESTILO
Columna
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Menorca no sienta bien a todos por igual

Es dulce, pero no necesariamente fácil, vivir y turistear en Menorca. Hasta que los locales se acostumbran a tu presencia pueden pasar varios vermuts o la exquisita especialidad isleña del bocadillo extrafino de tortilla francesa con tomate

Un hombre visita la exposición 'Masses and Movements', de Mark Bradford, en la galería suiza Hauser & Wirth, en Menorca.
Un hombre visita la exposición 'Masses and Movements', de Mark Bradford, en la galería suiza Hauser & Wirth, en Menorca.David Arquimbau Sintes (EFE)

Menorca ha dejado de ser tendencia para convertirse en la isla de moda. Y, como ocurre con todas las modas, no sienta bien a todos por igual. Apenas aterrizas en ella, sientes la controversia. Hay casi tanta gente en contra de este nuevo estatus como los que la felicitan y disfrutan. La llegada de la galería de arte suiza, Hauser & Wirth es la gota que colmó el vaso. “Es una operación inmobiliaria. Rescatar la illa del Rei (un islote con una historia larga y rocambolesca en plena salida del puerto de Mahón) para montar una galería hipercomercial que expone ahora a un artista con discurso anticapitalista, Mark Bradford, para convertir nuestra isla en un enjambre de especuladores, no convence“, sentencia una madrileña que veranea desde hace 25 años en Menorca. Otros no lo ven igual. “En un país con cuatro lenguas oficiales, ninguna de ellas el inglés, con tantas divisiones, que de repente todo el mundo sepa pronunciar correctamente Hauser & Wirth, (jau-zer an guirsss) significa que estamos en la senda correcta”.

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Entre debate y debate, una tumbona. Menorca se ofrece a ese nuevo turista con esos encantos similares a sus islas hermanas. Lo del arte venía de atrás, desde ese momento en que la isla parecía el refugio de barceloneses elegantes y de los llamados famosos progres: Serrat y su esposa Candela, Ana Belén y Víctor Manuel y Mercedes Milá. De una manera desinteresada, las cinco estrellas promocionaron sin promocionar, antes de Instagram, la idea de una isla paraíso donde la fama no era importante, pero sí el adaptarse a las costumbres locales. “El menorquín es amable, a su manera”, se ha dicho y escrito muchas veces. Basta acercarse a la panadería para comprobar largas colas a primera hora por el riesgo de desabastecimiento de buen pan y ensaimadas. Eso los días de semana porque el domingo todo cierra, se respeta a rajatabla como “día del señor”. “Si llegas más tarde de las nueve, puede que se hayan acabado”, te advierten. ¿Pero cuántas hornean? “Un máximo de 12”, me respondió, a las 8:45 horas, una de las empleadas. Ni en verano, que siempre hay más clientela, varía la producción. “Si quiere pan fresco, vuelva mañana”.

Es lo que la hace única. También la desacomplejada mezcla de catalanes con madrileños. Los catalanes se expresan con modismos madrileños y los de la capital empiezan a decir bona nit y sisplau. Ahora, todos, pronuncian Hauser & Wirth con rostros risueños. “Está bien reírse de uno mismo”, comenta un estimulante editor barcelonés. A todos les une el pequeño caos lingüístico para adquirir el ticket del “wáter taxi” que te lleva hasta illa del Rei. Cuando tras la breve travesía, llegas a illa, como le llaman los adultos (H&S, es en plan millenial rollo H&M), ves a padres e hijos unidos en la empresa común de descifrar si el mismo billete garantiza el regreso.

Leo Messi (a la izquierda) y Luis Suárez, en una imagen de Instagram.
Leo Messi (a la izquierda) y Luis Suárez, en una imagen de Instagram.

Es dulce, pero no necesariamente fácil, vivir y turistear en Menorca. Hasta que los locales se acostumbran a tu presencia pueden pasar varios vermuts o la exquisita especialidad isleña del bocadillo extrafino de tortilla francesa con tomate. “Somos un poquito como Corinna Larsen”, explica una fina anfitriona, “creemos que la confianza es lo último que das y lo primero que pierdes”. ¿Cómo se vive en Menorca las últimas averiguaciones del juez suizo sobre la ensaimada Larsen-Borbón? “Son cosas más de Mallorca. Aquí somos más serios”. El tema de los 65 millones alimenta la imaginación de los contribuyentes en las parties. Una de ellas es convocada por un maravilloso cóctel de influencers y aristócratas desinhibidas. “Hay vino rosado, el favorito de Corinna para seducir”. La celebración no para de crecer, hasta que el aforo desborda el jardín. Donde también se habla de los bañadores de Leo Messi y Luis Suárez en Instagram, looks piscineros inimaginables en esta costa, como inimaginable es que los dos sean ahora exjugadores del Barça. Y, por supuesto, se critican las piscinas infinity. “Son más de Ibiza, como los futbolistas”. La policía local interrumpe, alertada por los vecinos que ven todo desde la angustia que produce la amenaza de perder el paraíso. El derecho de reunión se pone en jaque y el anfitrión se pone nervioso. Escapando, alcanzo a oír sus argumentos: “Somos como María Dolores de Cospedal, tenemos derecho a reunirnos.”

Adorable Menorca, inmejorable Mahón. El veraneante clásico gusta de salir al mar durante la semana, el fin de semana es para los “hauserandwirthers”, nuevo apelativo para los foráneos de alta rotación. Uno de los fondeos favoritos está en Es Grau, una pequeña bahía protegida por una isla que se vendió por tres millones de euros. “No se puede construir nada, tampoco atracar. El tipo de inversión que necesitamos”, confirma un amigo y productor de televisión. “Justo detrás pasa el Camino de Caballos, hacia la albufera. Maravilla natural. Por eso no queremos tanta moda. No conviene”.

Sin embargo, en los pintorescos restaurantes al borde del agua en Castells, solo se habla de la actualidad más intensa. “¡Genial que Meghan Markle celebre sus 40 años con 65 invitados!”, proclama una de mis amigas. No solo se habla de Meghan, también de los inversores que arribarán a Madrid el próximo otoño empujados por el resultado de las elecciones presidenciales en Perú. Una oleada migratoria de ricos peruanos. “Son más sofisticados que los venezolanos y los mexicanos”, advierte un auténtico peruano, experto en ayuno, frente a una lubina a la brasa. Alguien pregunta. “¿Se acercarán a Vox, como los venezolanos ricos?”. La respuesta no puede ser mejor: “¡Vox está saturado de votante extranjero! No cabe uno más”.

Que se piensen lo de venir a Menorca.

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