Más viajes oficiales en solitario que el presidente y una actitud normal: Jill Biden cumple 70 años

La primera dama de EE UU celebra su aniversario con una agotadora agenda doble: centrada en su carrera de profesora y visitando todo el país para poner en valor las causas que defiende

La primera dama de EE UU, Jill Biden, en una ceremonia en la Casa Blanca el 21 de mayo.Stefani Reynolds / POOL / EFE. En vídeo, perfil de Jill Biden.Vídeo: EPV

Jill Biden es acción y reacción. Su biografía está plagada de anécdotas que dan cuenta de un carácter casi rebelde. En 2003, por ejemplo, un grupo de líderes del Partido Demócrata estaba en su casa intentando convencer a su marido, Joe, de entrar en la carrera presidencial para competir contra George W. Bush. Jill se encontraba en la piscina cuando, según relata en su biografía Where the Light Enters (2019), su temperamento “se apoderó” de ella. Cogió un rotulador, escribió en su estómago “NO”, y entró en bikini a la reunión. El entonces senador no se presentó a los comicios, pero sí lo hizo en 2020. Una de las imágenes que dejó la campaña la protagonizó la hoy primera dama, cuando saltó para proteger a su esposo de una manifestante que irrumpió en un escenario. “Puedes sacar a la chica de Filadelfia...”, pero no a Filadelfia de la chica, dijo ella después, en alusión al talante fuerte que caracteriza a los oriundos de la ciudad donde creció.

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La primera dama de Estados Unidos cumple este miércoles 70 años. Los celebra más activa que de costumbre, desempeñando dos trabajos: uno no remunerado y otro como profesora de inglés en un centro de formación profesional en Virginia. Es la primera mujer de un presidente de Estados Unidos que continúa con su carrera profesional mientras reside en la Casa Blanca. Saca horas para responder los mensajes de sus alumnos sobre los exámenes finales, apoyar emocionalmente a los que le temen a la inyección en los centros de vacunación y reunirse con líderes sindicales, entre otras actividades de su extenuante agenda.

Es tradición que las mujeres en su posición —hasta ahora no ha habido un “primer hombre”— escojan una iniciativa propia para trabajar durante la Administración. Jill Biden escogió tres: educación, investigación del cáncer y familias de militares. Una de las iniciativas que más promueve la “doctora B”, como la llaman sus alumnos por su doctorado en Educación, es la creación de colegios comunitarios gratuitos. Durante sus más de 40 años como docente, ocho los compaginó con ejercer de segunda dama durante el Gobierno de Barack Obama, por lo que llega con ventaja para entenderse con Washington. Además, combina ese carácter aguerrido de Filadelfia con un trato amable y cercano. Una de las formas recurrentes para describirla, a modo de halago, es “normal”.

En los primeros 100 días en la Casa Blanca, según un registro de la CNN, la primera dama realizó más viajes en solitario por el país que el propio presidente, quien suele presentarse como “el marido de Jill”. Una de las pocas cosas a la que no ha dedicado tiempo es a contratar un decorador de interiores para la residencia presidencial. No es prioritario. En marzo decidió ahorrarle trabajo también a su jefe de comunicaciones al eliminar la tradición de dar a conocer las marcas de ropa que lleva, salvo excepciones. En su equipo tiene a siete funcionarios a tiempo completo, más que ninguna otra primera dama. Ellos, a diferencia de la Administración de Trump, trabajan de manera estrecha con los funcionarios del ala oeste, donde se encuentra el Despacho Oval.

En su primera etapa de la vida, Jill Biden (Nueva Jersey, 1951) podría haber sido el clásico personaje de serie estadounidense. Una cheerleader (animadora) de cabellos rubios y ojos claros que fumaba a escondidas de sus padres y que una vez se metió en problemas por irrumpir en mitad de la noche en la piscina de un club exclusivo para darse un baño. Fue una de las organizadoras del baile de graduación de su instituto y a los 18 años se casó con el entonces jugador de fútbol americano Bill Stevenson. Cinco años después, se divorciaron. La serie daría un vuelco dramático y sorpresivo con la aparición, meses después de la ruptura, de Joe Biden.

El entonces senador de primer año y viudo de 32 años con dos hijos estaba en el aeropuerto de Wilmington cuando vio un anuncio en el que aparecía Jill. Le comentó a su hermano que ese era el tipo de mujer con la que le gustaría salir y, casualmente, este la conocía y le dio su número. Cuando la llamó, ella sabía quién estaba al otro lado del teléfono. Su exmarido había hecho campaña por Biden y tenía la mesa de la cocina cubierta de folletos del demócrata, según ha contado la actual primera dama. Incluso había ido a la celebración de la victoria electoral de Biden en 1972, donde no lo conoció a él, pero sí a su esposa.

El demócrata, que había perdido a su mujer y su hija en un trágico accidente automovilístico, sintió que Jill “le devolvió la vida”, como narró en sus memorias Promises to Keep. Solo necesitó dos años y cinco propuestas de matrimonio para que ella aceptara casarse. La idea del matrimonio había surgido en primer lugar de sus pequeños hijos, Beau y Hunter, de siete y seis años respectivamente. Jill explica en su biografía que se negaba por temor a que la relación no perdurara y eso afectara a los niños, que ya habían perdido a una madre.

En 2015, en el funeral de Beau, quien murió víctima de un tumor cerebral, Hunter le dedicó unas palabras a Jill, despejando sus primeros temores: “Mamá, sanaste todos nuestros corazones una vez. Nos completaste a los tres. Nos diste a Ashley [su hija con Joe], el mejor regalo imaginable. Le diste a Beau tu fuerza, tu firmeza, y le diste un amor que solo una madre podía dar (...) Es tu fuerza y es tu firmeza lo que mantiene unida a esta familia. Y sé que nos completarás de nuevo”. Durante la campaña presidencial, Joe Biden solía referirse a la necesidad de sanar el país. El demócrata sabía que si llegaba a la Casa Blanca trabajaría por ello acompañado de quien sanó a su familia.

Sobre la firma

Antonia Laborde

Periodista en Chile desde 2022, antes estuvo en la oficina de Washington. Ha trabajado en Telemundo (España), en el periódico económico Pulso (Chile) y en el medio online El Definido (Chile). Máster de Periodismo de EL PAÍS.

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