EE UU

Los perros de la Casa Blanca, un fenómeno apolítico

La muerte de Bo, la mascota de los Obama, despierta el cariño del público estadounidense. Los Biden han recuperado la tradición de tener animales de compañía durante la presidencia

Imagen de 2010: Bo, el perro de los Obama, espera en la Casa Blanca afuera de un evento de la primera dama Michelle Obama.
Imagen de 2010: Bo, el perro de los Obama, espera en la Casa Blanca afuera de un evento de la primera dama Michelle Obama.Evan Vucci / AP

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Una de las primeras promesas de campaña que materializó Barack Obama al llegar a la Casa Blanca en 2009 fue conseguir un perro para sus hijas. El senador Ted Kennedy les regaló un agua portugués, una raza idónea para evitar reacciones alérgicas, como las que padecía Malia, la mayor del matrimonio presidencial. Las pequeñas bautizaron al cachorro de seis meses negro con partes blancas como Bo, igual que el gato de sus primos y porque su difunto abuelo materno se apodaba Didley, como el cantante de rock Bo Didley. El animal conquistó los corazones de los estadounidenses con sus visitas a centros médicos para niños y jugando con los invitados. Este fin de semana los Obama comunicaron en las redes el fallecimiento del perro a causa de un cáncer y cientos de miles de mensajes inundaron las redes para despedirlo.

“Sabemos que no somos los únicos que queríamos a Bo y damos las gracias por el amor que todos ustedes le han mostrado durante los años. Por favor, abracen un poquito más fuerte a los miembros peludos de su familia esta noche y acaricien su barriguita de nuestra parte”, publicó la exprimera dama Michelle Obama en Instagram. Su esposo, el expresidente Barack, colgó en Twitter algunas fotos, como la icónica imagen de él corriendo junto a Bo por un pasillo de la residencia presidencial. “Toleraba todo el alboroto que conllevaba estar en la Casa Blanca, tenía un gran ladrido, pero no mordía, le encantaba saltar a la piscina en verano, era imperturbable con los niños”, apuntó el demócrata en un mensaje que roza los 800.000 Me gusta, más de tres veces que su publicación para desearle feliz día de la madre a su esposa.

“Tenía un gran ladrido, pero no mordía”. Esa frase no la podría decir Joe Biden sobre su perro Major, un pastor alemán que el mandatario adoptó en un refugio de animales de Delaware. El cachorro protagonizó un pequeño incidente en sus primeras semanas en la Casa Blanca. Según la portavoz de la Administración, le provocó “una lesión leve” a un “desconocido” que se encontraba en el recinto presidencial. Después del episodio, Major y su “hermano mayor” Champ fueron trasladados a Delaware temporalmente, aunque ya están de regreso. La anécdota recordó cuando el perro de los Bush clavó sus dientes en la mano del periodista Jon Decker, de la agencia Reuters.

Aunque solo han pasado unos meses desde que los peludos inquilinos llegaron a la Casa Blanca, ya cuentan con una sólida base de admiradores. Major tiene más de 12.000 seguidores en Twitter y Champ, 15.000. El mayor, de 13 años, es una cara conocida para varios, ya que pasó ocho años en la residencia vicepresidencial en el Observatorio Naval cuando el demócrata fue número dos de Obama. Los Biden anunciaron recientemente que adoptarán una gata. Sobre las posibles tensiones que esto le podría producir a Major, la primera dama Jill Biden dijo a la NBC que como parte del entrenamiento del cachorro: “[El Servicio Secreto] lo llevó a un refugio con gatos y lo ha llevado bien”.

Jill Biden acaricia a Champ en los alrededores de la Casa Blanca, en enero de 2020.
Jill Biden acaricia a Champ en los alrededores de la Casa Blanca, en enero de 2020.ADAM SCHULTZ / WHITE HOUSE HANDO / EFE

Antes de llegar a la Casa Blanca, Major ya había provocado noticia en noviembre, cuando producto de un juego con su amo, el demócrata acabó con una lesión en el pie que lo obligó a utilizar una bota ortopédica. A pesar de que el periodo de adaptación del cachorro no ha estado exento de polémica, el pequeño ya hizo historia por ser el primer perro adoptado en un refugio que vive en la Casa Blanca. Eso sí, no es el primer pastor alemán llamado Major que vive en la Casa Blanca. El perro de Franklin Delano Roosevelt, de la misma raza, también se llamaba así.

La llegada de los dos pastores alemanes de los Biden permitieron retomar la tradición presidencial instaurada por George Washington de tener mascotas en la residencia presidencial. Donald Trump fue el primero en más de 100 años en no contar con una mascota en el 1600 de la Avenida Pensilvania en Washington. Solo quince de los 46 presidentes en la historia de Estados Unidos han prescindido de un animal de compañía.

Las mascotas presidenciales, además de ser grandes compañeros para la Primera Familia, se convierten en una especie de fenómeno para el pueblo estadounidense. Hillary Clinton, cuando fue primera dama, incluso escribió un libro sobre sus dos perros, llamado Dear Socks, Dear Buddy. El difunto Bo también protagonizó su cuento infantil: Bo, el comandante con correa de EE UU, haciendo una referencia al rango de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas que ejerce el presidente estadounidense. Ahora es el turno de Major o Champ… o quizá es el momento de que una gata tenga su libro presidencial.

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