Monarquía

Isabel II y su pasión por los perros corgi, un asunto casi de familia

La reina ha acogido dos nuevos cachorros que han recibido los nombres de ‘Fergus’, en recuerdo a su tío materno, y ‘Muick’, como el lago del castillo de Balmoral

Isabel II acaricia a un corgi en Welshpool, Gales, en una visita realizada en abril de 2010.
Isabel II acaricia a un corgi en Welshpool, Gales, en una visita realizada en abril de 2010.Chris Jackson

A sus 94 años, Isabel II tiene una nueva ilusión. Pocos días después de que su marido, Felipe de Edimburgo, fuera ingresado en un hospital londinense, la reina recibió a dos nuevos inquilinos en el castillo de Windsor, donde ahora vive aislada por la pandemia. Eran dos cachorros de corgi que renuevan así la tradición de la soberana de tener junto a ella perros de esta raza.

La reina lleva teniendo corgis desde que con 18 años, en 1944, recibió como regalo de cumpleaños a Susan, la primera de su estirpe; además, siempre vio a estos animales en su casa, puesto que su padre, Jorge VI, también era aficionado a ellos. Después tuvo hasta 30 perros, la mayoría descendientes de la misma, pero ahora solo quedaba una, Candy, después de que Vulcan muriera el pasado mes de diciembre. Aunque la reina, apasionada de los caballos y los perros, disfruta enormemente con estos animales, bien es cierto que también sufre con sus pérdidas, y se había conocido que no quería tener más mascotas con ella y que por tanto Candy sería la última.

Pero al final la reina se ha animado a tener más cachorros con ella. Cuentan quienes la conocen en los medios británicos que la llegada de estos dos nuevos corgis le ha devuelto la alegría a la soberana. Son dos los perros, que ha venido a llamar Fergus y Muick (pronunciado mik): un dorgi el primero (cruce de corgi y dachshund) y un corgi puro el segundo, pero no son descendientes de los originales, sino que han sido comprados o adoptados.

La reina siempre le pone a sus mascotas nombres de personas, lugares... que aprecia. Fergus recibe su nombre de Fergus Bowes-Lyon, tío de la soberana y hermano de la difunta reina madre. Bowes-Lyon luchó en la primera mundial y falleció durante la contienda, en la batalla de Loos en 1915, con tan solo 26 años y dejando huérfana una hija de dos meses. Isabel II no lo conoció, pero su madre siempre sintió un gran aprecio por su hermano mayor, y al casarse en 1923 depositó su ramo de novia en la tumba del soldado desconocido que hay en la abadía de Westminter, una tradición que siguen manteniendo las mujeres de la familia real británica cuando contraen matrimonio.

El rey Jorge VI , la reina madre y sus hijas, Isabel (de pie) y Margarita (sentada), junto a sus perros, en los años 30.
El rey Jorge VI , la reina madre y sus hijas, Isabel (de pie) y Margarita (sentada), junto a sus perros, en los años 30.Royalty / Cordon

Antes de recibir el nombre de Muick, el segundo de los perros se llamaba Charlie y lo llevaron al castillo dos miembros del personal del mismo, después de comprarlo en una web de mascotas muy conocida en el Reino Unido. Muick es el nombre de uno de los lagos favoritos de la reina, sito en el castillo de Balmoral. Está a los pies de la montaña de Lochnagar, tiene un embarcadero, un puente y varias playas, y son famosos sus salmones y sus truchas. En uno de sus extremos hay un pabellón de caza construido por la reina Victoria, enamorada del lugar, tras la muerte de su esposo Alberto. Isabel II también es aficionada a hacer picnics y excursiones en el lugar, y el pasado verano se la vio caminando alrededor del mismo.

Ver a Isabel II con sus perros se ha convertido en una estampa habitual. Incluso apareció con alguno de ellos, como el célebre Monty, en su intervención estelar en la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Londres de 2012, en una grabación junto a Daniel Craig. La acompañan en salidas y viajes y juega activamente con ellos, tanto que en 1991 llegó a recibir tres puntos después de mediar en una pelea entre ocho de ellos. En 2003, uno de ellos tuvo que ser sacrificado tras una pelea con un bull terrier de la princesa Ana.

En abril de 2018 tuvo que sacrificar a Willow (la 14ª generación de descendientes de Susan) a causa de un cáncer, y Whisper murió seis meses después, lo que hizo que se planteara no tener más, también a causa de su avanzada edad. Según una de sus biógrafas, “a lo largo de los años han sido más cercanos a ella que algunas personas. Son absolutamente leales, nunca la decepcionan”. Como decía el diario The Sun cuando se supo que la nonagenaria había acogido dos nuevos perros, “es impensable que la reina no tenga corgis; es como si la torre de Londres no tuviera cuervos”.

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