Ibai Llanos, el rey Midas del ‘nuevo’ Internet

El antiguo narrador de deportes electrónicos lo mismo entrevista a Marc Gasol y Ricky Rubio que recibe en su casa a C. Tangana. Ahora lanza su propia marca

Ibai Llanos, en una captura de pantalla del vídeo en el que anunciaba que iba a comenzar a narrar partidos de La Liga.
Ibai Llanos, en una captura de pantalla del vídeo en el que anunciaba que iba a comenzar a narrar partidos de La Liga.

Ibai Llanos (Bilbao, 25 años), gracias a sus emisiones en directo en Twitch y una presencia desenfadada en Twitter e Instagram, se ha convertido en un rey Midas del nuevo Internet. Es el vivo ejemplo de que los videojuegos, su hábitat natural, han dejado atrás aquella imagen de raritos. Durante este año pandémico se ha coronado como referente intergeneracional. Y no solo para los millennial y los Z, donde se mueve como pez en el agua, sino que quienes superan la cincuentena o están jubilados también forman parte de su público.

De verbo fácil, directo, socarrón a ratos y con un don natural para el entretenimiento, su imagen pública no ha parado de crecer desde que, en 2014, comenzara a narrar deportes electrónicos para la Liga de Videojuegos Profesionales (LVP) desde la habitación de su casa. Sus padres no comprendían nada. Su hijo gritaba frente a una pantalla mientras unos monigotes pululaban por el ordenador. No tenían ni idea de qué era League of Legends o Rocket League. Como bromea, no descarta que pensaran que tenía problemas con el alcohol o que se había metido en temas de drogas.

La vida de Llanos había dado un giro radical. Después de criarse jugando al fútbol entre los barrios populares de Deusto y San Ignacio, del otro lado de la ría de Bilbao, con una adolescencia complicada en los estudios en el Madre de Dios Ikastetxea, en 2016 se mudó a Barcelona para trabajar a tiempo completo en la LVP. Un paso al frente muy duro para alguien que se define como familiar, que lamenta haberse perdido cómo crecía su hermano menor y muy vinculado a su abuelo, Pedro Garatea, a quien considera como un padre más. Con apenas 11 años, lo acompañaba a las atenciones domiciliarias que realizaba como Asistente Técnico Sanitario (ATS), una profesión a la que soñó dedicarse en su momento.

El salto hacia la vida adulta conllevaba más problemas. Su familia había sido golpeada por la crisis financiera —reconoce que llegaban muy justos a fin de mes—. Cambiaba de ciudad con un sueldo que apenas rozaba el mileurismo. Ni siquiera estaba claro que los deportes electrónicos funcionaran. Un galimatías existencial que, como casi todo en su trayectoria, salió a su favor. Se convirtió en la voz y rostro de la industria en España, cada vez participaba en más eventos, las marcas querían contar con su presencia y así hasta que la pandemia lo ha encumbrado definitivamente.

Dejó la narración para pasarse en febrero del año pasado a la creación de contenido en directo al amparo del equipo G2 eSports. Una decisión repleta de dudas que solo le ha traído un éxito tras otro. Lo mismo entrevista en primicia a jugadores de la NBA como Marc Gasol y Ricky Rubio que recibe en su casa al cantante C. Tangana el mismo día que publica la canción Tú me dejaste de querer. Alguien puede pensar que dónde quedan los videojuegos, pero esto es Ibai Llanos. Capaz de jugar al Among Us con Neymar, Kun Agüero y Thibaut Courtois, comentar una pelea de tortazos de unos rusos fornidos o emitir sus propias campanadas durante cinco horas y lograr una audiencia superior a los 550.000 espectadores, por encima de cadenas como Cuatro y La Sexta.

Hasta tal punto ha llegado su crecimiento —tiene más de cinco millones de seguidores en YouTube y Twitch— que la semana pasada presentó su propia marca, alejada de G2 eSports y vista por 420.000 usuarios. Una vuelta de tuerca más en los nuevos formatos que comienzan a surgir dentro de este nuevo Internet. Acompañado por siete streamers, con amigos de toda la vida como Ander Cortés, a quien conoce desde los tres años, y rostros populares de Twitch como Knekro y Cristinini ha lanzado un órdago al entretenimiento convencional.

Ansiedad sin tapujos

Situado en el centro de la repercusión mediática, su aparente tranquilidad lucha contra un mundo interno complejo. Habla abiertamente de la ansiedad con la que convive. Ahora controlada, pero muy complicada cuando los cambios se sucedían y su notoriedad crecía —en octubre de 2019 vio cómo un pabellón de Madrid, repleto con 12.000 personas, coreaba su nombre al unísono durante los mundiales de League of Legends—. Nunca se había puesto delante de la cámara, su autoestima rozaba la nada, carecía de experiencia laboral y tenía muchos reparos con las redes sociales. Ha llegado a confesar que ni quería abrirse una cuenta en Twitter. Un cóctel explosivo con el que no sorprende que, en su momento, sintiera que la ansiedad lo controlaba por completo, que aquella enfermedad nunca terminaría.

Consciente de la repercusión de sus palabras, lo mismo hace campaña en su canal por el cumplimiento de las restricciones impuestas por el coronavirus, siempre con un tono divertido e irónico, que comenta temas candentes, como la salida de varios youtubers a Andorra. Y el eco de sus mensajes no tarda en viralizarse y saltar el mundillo gaming. El diputado de ERC Gabriel Rufián, entre otros políticos y miles de usuarios de Internet, compartió el vídeo donde Llanos explicaba por qué prefiere tributar en España y por qué la fiscalidad ha de ser más elevada para quienes más ganan, como es su caso.

Su figura costaría comprenderla sin el reguetón. En sus directos de repente se desgañita con El farsante que se pone a bailar a ritmo de Bad Bunny, uno de sus ídolos confesos, con quien desearía charlar en su canal. Esto de la música incluso le ha llevado a tener su propio tema, bautizado El cuarteto de Ibai. Y como no podía ser de otra manera, suena en todas partes. Hasta en el estadio del Sevilla, el Ramón Sánchez Pizjuán, se ha colado aquello de “toxicidad, fuera; malas vibras, fuera”. Otro ejemplo de su capacidad innata de convertir en oro casi todo lo que toca. Como diría el propio Llanos, “, de locos”.

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