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Beyoncé, a la búsqueda de la felicidad

La cantante relata que el confinamiento le ha enseñado a disminuir su acelerado ritmo vital, a escuchar más a sus hijos y a reorganizar sus prioridades

Beyoncé, en 2020.
Beyoncé, en 2020.Adidas / BEEM / Cordon

El año 2020 ha cambiado a Beyoncé. Lo reconoce y lo asume. Pero también que ella, una de las estrellas más importantes del mundo artístico del siglo XXI, ha cambiado todo lo que ha podido el curso del 2020. Por eso, aunque este sea un año de cambio y de pausa, Beyoncé no se ha quedado quieta. No en lo laboral, donde ha trabajado en todos los ámbitos que le interesan: música, moda, incluso cine. Pero tampoco en el más personal y reivindicativo, donde va poniendo cada vez más energías y donde se decanta de forma clara por un bando, dejando atrás esa vergüenza e indecisión que suelen tener las estrellas en su juventud.

Por ejemplo, el pasado junio se decidió a alzar la voz tras la muerte del afroamericano George Floyd en Mineápolis tras un enfrentamiento con policías blancos. “Necesitamos justicia para George Floyd”, decía la cantante en un vídeo. “Todos hemos sido testigos de su asesinato a plena luz del día. Estamos rotos, estamos muy disgustados. No podemos normalizar este dolor”. También fue clara con el coronavirus y cómo afectaba a la población negra. “Las comunidades afroamericanas, en su gran mayoría, se han visto gravemente afectadas en esta crisis. Aquellos con antecedentes médicos se enfrenta un riesgo aún mayor”, explicaba en abril, en un mensaje lanzado durante el gran concierto benéfico organizado por Lady Gaga. ”Este virus está matando a los negros en una tasa alarmantemente alta, aquí, en Estados Unidos".

Sin embargo, es difícil saber qué piensa Beyoncé, puesto que apenas habla públicamente ni concede entrevistas. De ahí que llame la atención una que ha dado a la edición británica de la revista Vogue, algo muy poco habitual para la cantante. En ella la artista charla sobre su vida, sus hijos, la pandemia, las revueltas sociales de su país... de forma distendida y natural. “Dar conmigo requiere de una enorme paciencia”, llega a medio disculparse, puesto que el reportaje lleva gestándose desde el confinamiento de primavera.

La conclusión a la que llega la charla es que la cantante, de 39 años, ha decidido buscar la felicidad y que eso hoy en día es lo más importante para ella. “He pasado mucho tiempo enfocándome en construir mi legado y en representar mi cultura del mejor modo que he sabido. Ahora, he decidido darme permiso a mí misma para dedicarme a mi propia felicidad”, relata.

En un momento en el que el mundo pasa por una etapa oscura, con la pandemia del coronavirus dejando más de un millón de muertos en el mundo y con Estados Unidos polarizado por los disturbios raciales y una dura campaña electoral, Beyoncé decide romper con todo y centrarse en la felicidad, en sus hijos, en la alegría de vivir. Es una de las enseñanzas que le deja este 2020 convulso.

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Para ello se ha tomado esta época como algo especial, diferente. “Para mí ha sido un año de servicio”, reconoce sobre las causas en las que ha estado involucrada. “Intento pensar de qué manera voy a ser más productiva”, dice sobre su ayuda durante la covid, sobre todo en su Texas natal.

Todo esto también le ha servido para parar un poco. “Valoro profundamente este tiempo con mi familia, y mi nueva meta es bajar el ritmo y apartar lo estresante de mi vida. Llegué a la industria musical con 15 años y crecí con el mundo observándome, y he encadenado proyectos sin parar. Lancé Lemonade durante la gira mundial Formation, di a luz a mellizos, actué en el festival de Coachella, dirigí Homecoming, me metí en otra gira mundial con Jay, luego [la película] Black is King, todo de seguido. Ha sido duro y frenético”, reconoce.

Durante la pandemia, explica la diva, ha tenido el tiempo y la posibilidad de unirse más a sus hijos, y se ha convertido en “una buena escuchadora”, afirma. Dar a luz a su hija mayor, Blue Ivy, cambió su forma de ver el mundo. “Entonces entendí mi poder, y la maternidad se ha convertido en mi mayor inspiración”. Tener después un hijo varón, Sir Carter, también. “Blue es listísima, consciente de que estamos ante un cambio, pero mi trabajo como madre es hacer lo mejor posible para mantener su mundo tan positivo y seguro como puede serlo para una niña de ocho años. Les hago saber a mis hijos que nunca se es demasiado joven para contribuir al cambio. Nunca subestimo sus pensamientos ni sentimientos y hablo con ellos para entender cómo les afecta todo”, explica. Por eso también ansía la llegada de la Navidad, un período que le encanta y donde vuelve a sentirse como una niña, porque los pequeños Sir y Rumi ya tienen tres años y entenderán todo, asegura

Los niños son el hilo conductor para que la cantante desgrane anécdotas personales. Por ejemplo, lo que funciona muy bien en las “terribles alergias” de los mellizos: la miel. Por ello tiene dos grandes panales en casa con unas 80.000 abejas, por lo que hacen “cientos de tarros de miel casera cada año”. También cuenta algunos divertidos detalles personales, como que siempre anda perdiendo las llaves y el móvil, en el que habitualmente se queda sin batería. “Me confundo con los días y las fechas, todo el rato, pero recuerdo cada detalle de una conversación, lo que llevas puesto o tu pelo. Es ridículo”.

Además, Beyoncé desvela las actividades que han hecho juntos, en familia, en la pandemia. “Durante la cuarentena, la moda se convirtió en una válvula de escape. Con los niños hacía un Fashion Friday, un viernes de moda, donde nos disfrazábamos con mi ropa y nos sacábamos fotos unos a otros. Se convirtió en todo un ritual y en una oportunidad para poder gestionar esto juntos”. Su nueva colección, Ivy Park para Adidas, se gestó precisamente gracias a ello. “Usa de forma consciente colores fuertes, brillantes, para hacernos sonreír”. Una colección “divertida, funcional y a la moda”, además de “inclusiva, de las tallas al estilo”.

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British Vogue December 2020

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Sus proyectos, como puede verse, no se han paralizado, lanzando música, una película o una línea de ropa. “He elegido invertir mi tiempo y energía únicamente en proyectos que me apasionan. Una vez que me comprometo, lo doy todo”, reflexiona. “Creo que mi fuerza está en comprender cómo contar una historia, la música, la luz, los ángulos, la moda, la dirección artística, la historia, el baile y el montaje funcionan juntos. Son igual de importantes”.

Pero, más allá de lo que hace, para ella es fundamental cómo y con quien lo hace. Por eso quiere contar con jóvenes artistas, mujeres y negros, colectivos habitualmente más olvidados. “Intento trabajar con gente que me hagan ser mejor como mujer y como artista. Me encanta tender puentes entre artistas que normalmente no trabajarían juntos”, relata la artista, que asegura que le apasiona “buscar la equidad” en todos sus proyectos y encontrar talentos desconocidos.

Esta es la primera entrevista de la cantante con la revista desde hace siete años, aunque en 2018 protagonizó la portada del número de septiembre de su homónima en EE UU, aunque como es habitual en ella, de forma muy blindada. Entonces no concedió entrevista, sino que decidió escribir ella misma un ensayo y hasta eligió al fotógrafo.

La charla la ha realizado para el número de diciembre, cuya portada protagoniza (en tres versiones diferentes). Por las restricciones de movilidad ha sido a través de la plataforma Zoom y el entrevistador es el director de la publicación, Edward Enninful, que además de hablar con ella también estuvo de forma digital 12 horas con el equipo para poder estar presente (aunque fuera virtualmente) en la amplia sesión de fotos que copa un puñado de páginas de la publicación y cuyo propósito era uno: “Aupar a la industria de la moda”, muy golpeada por la pandemia.

En esta ocasión, también ha sido fotografiada de forma especial. La ha retratado una mujer negra de 21 años llamada Kennedi Carter (sin relación familiar con su marido, el rapero Jay Z, cuyo apellido también es Carter) y que es la fotógrafa más joven en los 104 años de historia de esta revista.

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