Moda

Las cuatro tragedias que marcaron la vida de Kenzo Takada

El diseñador japonés, fallecido en París a causa del coronavirus, perdió a su novio en los noventa por el sida y no se enteró de la muerte de su madre hasta días después porque estaba de fiesta

Kenzo Takada, en los jardines de su casa de París en marzo de 2004.
Kenzo Takada, en los jardines de su casa de París en marzo de 2004.Gonzalo Fuentes / Reuters

El domingo 4 de octubre, el coronavirus se llevaba a otra víctima, del ya más de un millón que se ha cobrado en todo el mundo. A los 81 años moría en París el diseñador de moda Kenzo Takada, una figura fundamental del diseño y el primer asiático que conquistó Europa —donde se asentó hace más de medio siglo— con sus creaciones.

Los diseños y perfumes de Kenzo han sido célebres en todo el mundo, pero la vida de Takada es mucho menos conocida. Sin embargo, este Caballero de la Legión de Honor francesa (un título que consiguió en 2016), que vivió en París desde 1964, construyó su vida en la capital y en sus conocidos círculos de la moda. Se marchó desde Tokio hasta Francia inspirado por Yves Saint Laurent, que se convirtió en uno de sus más queridos amigos, y en ese país hizo toda su vida.

Una vida llena de éxito, glamur y portadas pero que, como él mismo contó, no siempre fue fácil y en ocasiones le sumió en un dolor que le acercó al precipicio. Su peor etapa llegó a principios de los años noventa. La muerte de las tres personas más cercanas a él —su pareja, su madre y su mano derecha artística— en dolorosas circunstancias, unidas a lo que contempló como una traición por parte de su socio empresarial, le sumieron en la tristeza.

Kenzo Takada era pareja de Xavier de Castella, a quien conoció en un cumpleaños de Paloma Picasso, la hija del pintor Pablo Picasso, en una de las grandes fiestas que ella solía dar, en los años ochenta. Entonces Takada ya era un hombre de éxito, con desfiles llenos de famosos, portadas de revistas y una flamante casa en París de 1.500 metros cuadrados que se estaba construyendo a imagen de las viviendas tradicionales japonesas. La pareja se enamoró y pasaron varios años muy felices juntos, pero De Castella murió en 1990 a causa del sida, cuando apenas tenía 38 años, lo que supuso un durísimo golpe para Takada.

Las desgracias no llegaron solas. “El amor de mi vida murió en 1990”, rememoraba Kenzo Takada en una larga charla con el medio japonés Nikkei. “En 1991, Atsuko Kondo, el creador de estampados que había trabajado conmigo como mi mano derecha, sufrió un infarto", contaba él mismo en una larga entrevista que se dividió en hasta 30 entregas.

“Xavier era mi compañero vital, y me apoyó como persona. Lo cierto es que su condición física terminó de empeorar alrededor de 1985. Atsuko, mientras tanto, había jugado un papel fundamental en convertir los esbozos de diseño en productos acabados. De ese modo, había perdido mis dos alas", recordaba.

Para rematar su mala racha, llegó la muerte de su madre. “Mi miseria se agravó aún más cuando en 1991 mi madre falleció en Himeji”, explicaba, en referencia a su ciudad natal, cercana a Osaka. “Estaba justo en medio de un viaje con algunos amigos, habíamos llevado nuestro barco hasta la isla de Córcega. Mi hermano mayor intentó ponerse en contacto conmigo, pero nosotros mismos habíamos decidido cortar toda comunicación con el mundo exterior, así que nadie podía contactarnos”, rememoraba. “No lo supe hasta pasado el funeral. Me había perdido la muerte de mi madre porque estaba por ahí, de juerga. Estaba destrozado. Mi corazón estaba hecho pedazos, me entregué a la desesperación”.

La piscina interior de la casa de Kenzo Takada en su 'loft' de París, en 2004.
La piscina interior de la casa de Kenzo Takada en su 'loft' de París, en 2004.FRANCOIS GUILLOT / AFP

Su otro gran dolor fue provocado por quien era su mano derecha en la empresa, el socio que manejaba las finanzas y el orden en la misma, François Beaufume. “Nunca fui de esas personas que pueden gestionar a otras, y la contabilidad también era complicada para mí. Pudo haber momentos en los que cierta gente pensó que podían jugar fácilmente conmigo”, contaba Takada, que con Beaufume al mando empezó a escuchar ciertos rumores de que Kenzo como empresa podría seguir adelante sin Kenzo como diseñador, que parecía más centrado en construir su casa y en su faceta personal.

Tras las muertes de sus seres queridos, Takada se sintió muy solo. No tenía amigos fieles a los que consultarles decisiones empresariales. “Karl Lagerfeld e Yves Saint Laurent eran como hermanos para mí, pero también eran mis rivales en el mundo de la moda”, rememoraba, explicando que el ya fallecido creador alemán le mandó una larga carta para consolarlo tras la muerte de Xavier de Castella.

Sintiéndose traicionado por François Beaufume, intentó que un banco le ayudara a hacerse con el 100% de su empresa, pero la entidad se lo denegó. Fue entonces cuando decidió ponerse en manos de profesionales, y se planteó la idea de vender Kenzo al conglomerado de lujo LVMH, hoy propietario de Christian Dior, Givenchy, Loewe o Bulgari. Acudió a una empresa de consultoría y se dejó guiar por ellos y sus abogados. “Me dijeron que si tenía dificultades en el negocio, lo mejor era confiar en una empresa líder”, relataba, y también supo entonces que, si llegaba a un acuerdo con dicha empresa, podría quitarse de en medio a la figura de Beaufume. “Confiando por completo en sus palabras, tomé la decisión de vender todas mis acciones. Era abril de 1993”. En 1999 decidió retirarse y una década más tarde vendió su gran casa de París.

Como contó en 2018 en una entrevista a S Moda, la venta de su empresa no fue una decisión fácil. “Vendí mi empresa porque el contexto era difícil: uno de mis tres socios murió, el otro tuvo un problema de salud, llegó la crisis económica… Pero entonces no pensé que quedaría desposeído de mi nombre para siempre. Veía escaparates donde ponía Kenzo, pero no era yo. Fue un largo luto, pero ahora lo llevo bien”. Entonces ya estaba prácticamente retirado de la vida pública. Su nombre estaba presente solo en sus desfiles, hasta su muerte, el 4 de octubre en el Hospital Americano de Neuilly-Sur-Seine, siempre en su amado París.

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