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Ansu Fati, la extraña madurez de un futbolista prodigio

El jugador del Barcelona tiene 17 años, proviene de familia de inmigrantes guineanos y, hasta que los aficionados comenzaron a abalanzarse encima de él, acudía andando a los entrenamientos

Ansu Fati (segundo por la derecha) con sus padres y sus hermanos en octubre de 2019 en Barcelona.
Ansu Fati (segundo por la derecha) con sus padres y sus hermanos en octubre de 2019 en Barcelona.Xavi Torrent / WireImage

“Y este niño, ¿qué? ¿No piensa ir nunca al colegio?”. La pregunta, en tono burlón, salió de Luis Suárez. El destinatario de la broma era Ansu Fati (Guinea-Bissau, 2002), un chavalín de 16 años al que le había dado por colgarse récords en el Barcelona: jugador más joven en marcar con la camiseta azulgrana en LaLiga, titular con menos edad en el Camp Nou, goleador más novato en la Champions League. “¿Vas a firmar autógrafos?, ¿Pero tenés firma?”, continuaba sus chistes Suárez. No eran casuales las bromas, en un ambiente de competitividad extrema, hasta insoportable para según qué tipo de personalidad, era la manera que el uruguayo encontraba para integrar al sorprendente rookie Ansu Fati. Llamaba la atención por sus goles (siete en 24 partidos en su primera campaña en el Barça), pero también por su personalidad.

A Ansu Fati le gusta ver vídeos de jugadores de los que quiere aprender movimientos. Nada extraordinario. Aunque hay futbolistas a los que les da una pereza atroz ver partidos, mientras otros están obsesionados con el fútbol. Pero Fati va un paso más allá porque también se empapa de entrevistas de deportistas para captar cómo hablan, qué palabras utilizan. “Es demasiado maduro para su edad. Tiene 17 años y parece una persona de 25”, explica un empleado del club. "No es azar lo que le está pasando”, sentencia. Es conocida la historia de que Ronaldinho y Deco preguntaban donde estaba el pequeñín cuando querían entrenar con Messi. Ahora era Messi, junto a Luis Suárez, los que integraban a Ansu. Hay un detalle que llama la atención a las personas que rodean el vestuario azulgrana: Ansu Fati siempre va vestido con ropa de la marca que lo patrocina. Evita la ropa de lujo para ir a entrenar, no quiere que ningún peso pesado le diga: “¿De qué vas vestido así, chaval?”.

No es fácil la adaptación para estos chicos al primer equipo. Tienen muchas cosas que procesar. No solo es el fútbol, es todo lo que pasa alrededor. Y eso es quizá lo más complicado. Tiene mérito lo de Ansu”, explica la misma fuente en la Ciudad Deportiva Joan Gamper. Después de vivir una temporada en la casa de su primer agente, este consiguió un piso para que toda la familia Fati pudiera dejar Herrera (Andalucía) y mudarse a Barcelona. Más tarde el club les aconsejó vivir en Sant Joan Despí, cerca de la ciudad deportiva. Eso hicieron. Ansu tomó la costumbre de caminar los cerca de 500 metros que separan su casa de la Joan Gamper para ir a los entrenamientos. Una rutina que no quiso cambiar cuando aterrizó con 16 años en el primer equipo; de hecho, continuaba utilizando la entrada de La Masia. No tardó en pasar lo inevitable: los fans que se acumulan en la ciudad deportiva se abalanzaban sobre el niño vestido con la misma ropa que Messi pero que no conducía un supercamioneta familiar como él, ni un espectacular deportivo como Dembélé, sino que llegaba a pie.

Ansu necesitaba paz. Le pidió a su padre que le acercara cada mañana a los entrenamientos en coche hasta que se sacara el carné de conducir. Ansu conoció a su padre Bori cuando tenía seis años, desde entonces se hicieron inseparables. “Me decían que no sabía lo bueno que era Ansu jugando al fútbol, que regateaba a todo el mundo”, recuerda Bori, que vivía en España por trabajo mientras su mujer y sus hijos Braima, Djeny y Ansu permanecían en Guinea-Bissau. Gracias a la ayuda de Juan Manuel Sánchez Gordillo, alcalde de Marinaleda, lograron la reagrupación familiar. Cuando se mudaron a Cataluña nació el hijo menor, Miguel. Un poco desconfiado, Ansu se aferra a esos amigos que lo cuidaron cuando nadie lo conocía. A esos compañeros que le ayudaban cuando pasaba dificultades como Eric García —el padre del jugador, que actualmente pertenece a la plantilla del City, lo llevaba a los desplazamientos con la cantera cuando los Fati no podían— y esencialmente a su familia.

Mientras la mayoría de sus compañeros en la cantera azulgrana utilizaban el salario que les pagaba el club para sus gastos, Ansu se lo entregaba a su padre. No era mucho, en 2015 por uno de sus primeros contratos cobraba 5.000 euros anuales. El verano pasado, rechazó una oferta de 1,5 millones para jugar en el Chelsea. Por entonces el Barça ya lo trataba como una de las perlas de su fútbol base. Desconocía, sin embargo, su potencial.

Le entregó la llave de su carrera al hermano de Leo Messi, Rodrigo. Pero un año después Ansu prefirió darle un sentido más profesional y pasó a ser representado por Jorge Mendes, el agente de Cristiano Ronaldo. Con el Manchester United al acecho, el Barça busca atar a su joven promesa y le ofrece una renovación con una cláusula de 300 millones.

Mientras, Ansu sigue como siempre. Es decir, bate récords —el pasado 6 de septiembre después de marcar ante Ucrania se convirtió en el goleador más joven con La Roja—, piensa en su familia —le dedicó el gol con España a su hermana— y apuesta por la humildad —fue el único de los jugadores no convocados por Koeman que asistió a los dos amistosos del Barça—. “Sorprende la sencillez con la que asimila ser jugador del Barcelona”, argumentaba Valverde. “Pone mucho interés y es muy receptivo para mejorar su repertorio”, decía Setién. Ansu Fati y esa extraña madurez de un futbolista prodigio.

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