Los Sardà

La emotiva carta de despedida de Xavier Sardà a su hermana Rosa Maria

El periodista le rinde un homenaje a la actriz, con la que siempre comentaba su columna: “La falta de mi lectora es irreparable”

Xavier y Rosa Maria Sardà en 2016, en la entrega de los premios Feroz en Madrid.
Xavier y Rosa Maria Sardà en 2016, en la entrega de los premios Feroz en Madrid. PACO SUAREZ ABAD / Cordon Press

“Esta sección tiene una lectora menos”. Así arranca su última columna en el diario El Periódico el comunicador Xavier Sardà, en el que se ha convertido en su último homenaje a su hermana, la actriz Rosa Maria Sardà, de 78, fallecida el pasado jueves 11 de junio en Barcelona a causa de un cáncer que sufría desde hacía varios años.

En sus 360 palabras, Sardà traza una bella loa a su hermana sin ni siquiera citar su nombre. Afirma que esa lectora que falta ha sido “crítica, apasionada y entusiasta”. “Habitualmente me enviaba sus comentarios por WhatsApp y, cuando el tema lo requería y era de mayor envergadura, había llamada”, dice, en su habitual tono socarrón. Gracias a ella, afirma, aprendió a decir lo que pensaba “sabiendo que, por tanto, no es posible gustar a todo el mundo”. El perfil y la alabanza se extiende también al resto de lectores, asegurando que, de ellos, se aprende mucho: “Tenéis que saber que leo todos y cada uno de vuestros comentarios”.

Cuenta Xavier que Rosa Maria siempre se le venía a la cabeza cuando escribía, que la tenía en mente al teclear, “aunque fuera un instante”. “Hoy pido disculpas a todos porque no se me ocurre hablar de ningún otro tema. Este artículo quedará por hacer como tantas cosas en la vida. Sin mi lectora me he quedado bastante solo. Digo ‘bastante’, para hacerme el distante. La verdad es que la falta de mi lectora es irreparable. Creo que hablaré con contabilidad y que no me paguen este artículo. Es un artículo que no lo es”, resume, también con un punto de humor.

De hecho, Sardà confiesa que incluso estuvo a punto de no escribir su columna semanal por la pérdida de esa lectora tan especial y que “quizá habría sido mejor”. Por eso, alza una petición: “Pido toda vuestra condescendencia y comprensión, a pesar de que yo mismo no sé si se las otorgaría a un cronista que adolece de este modo de la falta de una lectora".

"El caso es que este deslavazado texto ella no lo leerá, creo que para mi bien físico. Imagino a mi lectora diciéndome que me deje de historias y de cuentos y que a ver si me pongo en solfa y me dejo de tonterías”, escribe, trazando con pocas palabras un perfil de la acidez y la ironía por las que era conocida su hermana. Rosa Maria era la mayor de cinco hijos y la única mujer. Tras morir su madre, cuidó de los cuatro pequeños: Santiago (escenógrafo), Federico (empresario y propietario de la célebre sala barcelonesa Luz de Gas), Xavier y Juan, que falleció a los 26 años a causa del sida. “Nunca nos soltó de la mano”, ha dicho sobre ella su hermano Xavier, 17 años más joven, en más de una ocasión. Pero ahora que no ha tenido más remedio que soltarlos, ellos la echan de menos. Y se lo hacen saber: “Agradezco a mi lectora que me haya enseñado a ver el mundo con su apasionante temperamento y su enorme cultura. Adiós, lectora”.

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