Manolo Caro, el cineasta de ‘La casa de Las Flores’ que reinventó los culebrones

En México lo comparan con Pedro Almodóvar por un cine que toca temas tabúes con un humor desinhibido. Entre sus amigos están Miguel Ángel Muñoz y Carlos Bardem y Miguel Bosé

Manolo Caro, en la presentación de 'La Casa de Las Flores', en Vitoria el pasado septiembre. En vídeo, el tráiler de la tercera temporada de la serie. CARLOS R. ALVAREZ / WIREIMAGE (VÍDEO: NETFLIX)

De niño, a Manolo Caro le gustaban las telenovelas. Esos melodramas que mantenían a México pegado a la pantalla chica, que eran el centro de las conversaciones, llenaron de imaginación el cerebro de ese niño, con todas esas Marías pobres sufriendo por el amor del joven rico, o descubriendo que en las fastuosas casas del México millonario los ricos también lloran. Aquel cardumen de historias dramáticas llevó a Caro, una vez convertido en un reconocido cineasta, a reinventar con La Casa de las Flores —la exitosa producción de Netflix— los culebrones, atrayendo de nuevo a millones de mexicanos a esa pequeña pantalla para desternillarlos de la risa con un melodrama ya no de campesinas pobres enganchadas a niños ricos, sino con actrices fetiche y temas tabúes abordados con un humor desinhibido. Una fórmula ya usada en sus películas, que han roto las taquillas mexicanas. En México lo comparan con Pedro Almodóvar y no parece pesarle. “Nunca ha sido mi intención ser una copia o plagiar a Almodóvar. Es una inspiración, evidentemente”, ha dicho el cineasta, que disfruta de una fama creciente en México y allende los mares.

Nacido en 1984 en Guadalajara, Jalisco (norte de México), Caro se crios en una granja. Su padre, Gil Caro, era propietario de una finca de engorde de ganado y el niño creció en ese ambiente rural y también machista. Él mismo ha dicho en una entrevista con este diario que se considera “un hombre de rancho”, que sabe montar muy bien a caballo, porque lo hizo desde que tiene uso de razón. “Lo llevo en mi ADN”. La tragedia lo golpeó desde muy temprano: su padre falleció en un accidente automovilístico cuando Manolo era pequeño. Un hecho que marcó su infancia y la de su familia. Su madre tuvo que hacerse cargo de sus hijos trabajando como agente inmobiliaria. Caro vivió hasta los 15 años en Guadalajara, donde hasta entonces sorprendía a familiares y amigos con sus ocurrentes historias. Esas en las que tampoco faltaban pequeñas dosis de drogas y melodramas al ser Caro primo de uno de los narcotraficantes más importantes de México: Rafael Caro Quintero, fundador del Cártel de Guadalajara y pieza fundamental del asesinato de un agente de la DEA en 1985. “Nunca convivimos. Yo nací en 1984 y él fue a prisión en 1986. Alguna vez pensé en escribir una historia que tuviera que ver con el narcotráfico, pero no la acabaría”, ha explicado.

El joven se inscribió en la carrera de Arquitectura en el Tecnológico de Monterrey, una de las instituciones académicas más importantes del país. Pero más que edificios, su pasión era proyectar historias, por lo que decidió estudiar dirección en la prestigiosa Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, en Cuba, un proyecto creado por Fidel Castro y Gabriel García Márquez en 1986.

Fue en España, sin embargo, donde tuvo la oportunidad de abrirse camino en el arte que lo apasionaba. En 2006 voló a Madrid y durante dos veranos acudió como oyente al estudio de Juan Carlos Corazza, el prestigioso director de teatro argentino, maestro de actores como Javier Bardem o Elena Anaya. En España se hizo íntimo de Anaya, Miguel Ángel Silvestre, Miguel Ángel Muñoz y Carlos Bardem. Entre sus amigos también se encuentra Miguel Bosé, a quien le ha dado un pequeño papel en la temporada final de La Casa de las Flores. “Allí [en España] aprendí que la carrera en el mundo del entretenimiento es aguantar y ser muy fiel a lo que quieres”, ha comentado a este periódico. Caro lleva a España en el corazón. Fue en la península donde escribió su primera obra de teatro (No sé si cortarme las venas o dejármelas largas) y donde, considera, el público ha sido “muy generoso”, según comentó en otra revista. Su éxito en este país crece como la espuma: La Casa de las Flores ha enganchado a los españoles y próximamente estrenará una miniserie, Alguien tiene que morir, protagonizada por la célebre intérprete Carmen Maura.

Su filmografía incluye nueve películas, entre ellas las exitosas No sé si cortarme las venas o dejármelas largas (2013), Elvira, te daría mi vida pero la estoy usando (2014) y La vida inmoral de la pareja ideal (2016). Comedias enrevesadas, llenas de conflictos emocionales y con mujeres como protagonista, en las que brilla su musa, Cecilia Suárez, la flamígera Paulina de la Mora de la serie de Netflix. Una filmografía que recuerda a aquel Almodóvar de Mujeres al borde de un ataque de nervios. “Soy de buenos sentimientos, pero de malos pensamientos”, se define Caro en Twitter, red social en la que cuenta con casi 100.000 seguidores. Toda una declaración de intenciones del niño de rancho a quien le gustaban tanto los culebrones que un día decidió reinventarlos.

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