Peironcely 10 y Capa, rehenes de la batalla por la memoria en España
Que Madrid necesita un gran museo para interpretar la guerra y la dictadura en todas sus facetas es una evidencia. Pero eso no se hará en los 400 metros cuadrados de la calle de la famosa fotografía

Robert Capa tomó una foto de tres niños sentados en la acera ante la casa del número 10 de la calle Peironcely, en el distrito de Vallecas, tras un bombardeo franquista en noviembre de 1936. A finales del siglo XX, la investigación de José Latova y Alberto Martín Escudero demostró que aquel edificio aún seguía en pie. En 2017, la Plataforma #SalvaPeironcely10 promovió la protección del lugar. El Ayuntamiento de Madrid atendió su solicitud e inició la expropiación del inmueble.
En 2023 fui invitado por la plataforma a inaugurar el Festival Robert Capa y, al año siguiente, a un coloquio internacional en Madrid que reunió a los mayores especialistas del fotógrafo y a representantes de los museos Capa de Budapest, Leipzig y Troina. La idea propuesta por la plataforma es crear también un Centro Robert Capa. Esto supondría, por ejemplo, que el espacio albergara una colección de imágenes del fotógrafo —incluida esa tan emblemática— y que estuviera gestionado por el Museo de Historia de Madrid, contando con un comité científico bajo la autoridad del Ayuntamiento de la capital.

Un domingo de enero particularmente frío, en el Rastro de Madrid, les conté esta historia a Juan Manuel Bonet y a Andrés Trapiello, bibliófilos como yo. Este último me escuchó sin hacer más comentarios. Y, recientemente, en un artículo publicado por El Mundo, él retomaba aquella conversación escribiendo: “Que haya un centro Capa en Madrid sería algo magnífico”. Me parece muy bien. Aunque, acto seguido, Trapiello matizaba su afirmación argumentando que habría que compartir la historia de la fotografía de la guerra de España con el otro bando y acabar con el monopolio de la propaganda. Continuaba haciéndome el honor de citarme cuando yo explicaba que la República, si bien no había ganado la guerra, sí había ganado la batalla de la memoria y de la propaganda.
En realidad, esta idea no es mía, sino de Dionisio Ridruejo, el maestro de la propaganda franquista. Pero me sigue pareciendo pertinente, lo que no significa que la memoria del otro bando deba caer en el olvido, ni mucho menos. El Ayuntamiento de Madrid ha decidido finalmente confiar la gestión del futuro centro de Peironcely 10 a la Fundación José María de Llanos —surgida en el ámbito de la izquierda, por cierto— para convertirlo en el centro de experimentación artística Robert Capa, destinado a apoyar a jóvenes en riesgo de exclusión social; un objetivo evidentemente loable, pero que puede llevarse a cabo en cualquier otro lugar.
La entidad que gestiona los derechos de Robert Capa ha reaccionado de inmediato desde Nueva York, negándole al Ayuntamiento la posibilidad de utilizar el nombre del fotógrafo para este nuevo fin. Y así es como nace una de esas polémicas tan propias de España. Qué despropósito. Un episodio más de la dificultad que tiene este país para afrontar la memoria de la guerra y para intentar construir una memoria común. Que Madrid necesita un gran museo para interpretar la guerra y la dictadura en todas sus facetas es una evidencia. Pero eso no se hará en los 400 metros cuadrados de Peironcely 10. Sería una verdadera lástima echar por tierra un proyecto que habría permitido a Madrid contar con un museo Capa, al igual que otras ciudades europeas.


























































