‘Domingos de Insurrección’, un circuito de piezas teatrales en lugares insólitos

El Teatro de La Abadía atrae a los nuevos creadores escénicos a un espacio de encuentro autogestionado

Inés Collado y Olga Hernández, coordinadoras del ciclo de piezas teatrales 'Domingo de Insurreción', en el teatro de La Abadia en Madrid.
Inés Collado y Olga Hernández, coordinadoras del ciclo de piezas teatrales 'Domingo de Insurreción', en el teatro de La Abadia en Madrid.Santi Burgos

Un paseo intergeneracional de la cartografía queer por el barrio de Chueca, una instalación interactiva sobre la memoria o una pieza inmersiva sobre la capitalización de la espiritualidad son algunas de las obras expuestas en el programa Domingos de Insurrección, un circuito de piezas teatrales en lugares insólitos. El Teatro de La Abadía acoge a nueve agrupaciones jóvenes del panorama escénico actual en un espacio de encuentro autogestionado para creadores emergentes durante el mes de febrero.

El primer ciclo de #piezasoutofcontext, coordinado por la plataforma Tea&Party, cuenta con diferentes piezas cortas de hasta 30 minutos de duración en lugares no convencionales. La exhibición del trabajo de las compañías se harán todos los domingos de febrero en espacios que hasta ahora no han estado dedicados al teatro. El almacén de la escenografía, los camerinos y los baños se convierten en escaparates culturales.

Las compañías, que conforman una programación de actividades diversas, han trabajado de manera individual y contarán con un espacio específico de exhibición. Entre ellas, se encuentran Drift Productions, que presentan un recorrido por el barrio de Santa Eugenia sobre los atentados del 11-M a través de testimonios y recuerdos grabados, Malos Hijos, que expone una instalación inspirada en uno de los festivales indios más importantes del año conocido como Diwali, y Quemar Las Naves, que ha preparado una lista de canciones en Spotify. También se podrá disfrutar de ocho piezas de auto teatro que invitan a la reflexión y de un taller de creación en un itinerario por el Madrid LGTBIQ+ del pasado que busca generar un lugar de encuentro entre personas de diferentes generaciones.

El proyecto nace en forma de revelación contra la idea de que la recompensa solo llega a través de la penitencia, de las giras a fondo perdido, de las funciones sin público y la sobreexplotación disfrazada de entusiasmo. “Hay muchos artistas menores de 35 años que llevan muchos años trabajando, pero no consiguen crear un circuito para que sus obras sean sostenibles en el tiempo”, explica su coordinadora, Olga Hernández, licenciada en Humanidades por la Universidad Carlos III de Madrid y actualmente estudiante de un máster de showrunner en la Escuela de Cine de Cataluña.

La joven de 23 años decidió crear la plataforma que ha impulsado este proyecto en 2019 junto a su compañera Inés Collado. Ambas trabajan en pequeñas compañías de teatro, por lo que aseguran ser muy conscientes de las dificultades laborales para los jóvenes en el mundo de las artes escénicas. Las dos estudiaron en la escuela Grumelot, formada por la actriz Carlota Gaviño. Unos años después, volvieron a coincidir en Londres, donde Collado estaba cursando Arte Dramático. “Fue un accidente inevitable”, declara la artista. La madrileña arropó a su compañera en la gran ciudad y juntas generaron su proyecto. “Nos entendemos muy bien y llevamos unos ritmos de trabajo complementarios”, confiesa.

Tras el estallido de la pandemia hace casi dos años, decidieron volver a Madrid. El numen del ciclo de piezas cortas se gestó durante el confinamiento. “Hacía bastante tiempo que yo veía la imposibilidad de hacer cursos para saber más sobre una compañía, conocer cómo funcionan internamente los profesionales y generar redes de contacto”, explica Collado.

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Las jóvenes organizaron cursos y conferencias online en las que diferentes artistas emergentes contaban sus propias experiencias. Desde el principio de su aventura, su propósito ha sido crear un soporte donde la gente joven pueda investigar y exhibir sus obras para que la cultura se convierta en una parte más intrínseca de la comunidad. En septiembre de 2020, programaron cursos presenciales no solo con profesionales establecidos en la industria teatral española, sino también con artistas con menos experiencia. Su criterio aborda muchos campos artísticos, desde el arte clásico, moderno y experimental hasta las producciones más mainstreams en diferentes espacios como teatros, galerías y museos.

Lo que empezó como un proceso pedagógico para su propia formación se ha convertido en un espacio creativo para intentar que la profesionalización en las artes escénicas ocurra antes. “Queremos generar espacios para crear circuitos que no están tan presentes para las personas de nuestra edad y que así el trato de los jóvenes como profesionales se adelante un poco”, explica Hernández. Las agrupaciones que participan en este ciclo teatral son todas madrileñas, aunque la intención de las coordinadoras es poder descentralizar el proyecto para expandirlo a otras ciudades y pueblos de España. “El objetivo es que los teatros den acogida a propuestas contemporáneas y emergentes de creadores más jóvenes”, concluye la vallisoletana.

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