Opinión
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Cerrar la estación de esquí de Navacerrada es abrir oportunidades a lo que más vale

El esquí en el puerto de Navacerrada tiene un gran impacto ambiental y la sierra de Guadarrama vale mucho más que lo que vale esquiar

Vista de la estación de Navacerrada.
Vista de la estación de Navacerrada.Emilio Naranjo / EFE

Cualquier cambio genera incomodidad y cerrar las pistas de una de las primeras estaciones españolas de esquí no iba a ser una excepción. La decisión del Organismo Autónomo de Parques Nacionales de no renovar la licencia a tres pistas construidas en la Comunidad Autónoma de Castilla y Leon ha despertado airadas críticas por parte… ¡de la Comunidad de Madrid! Sorprenden en esta agria reacción tres cosas: 1) que en la Comunidad de Madrid preocupe tanto lo que ocurre en una comunidad vecina, 2) que no comprendan que el cambio climático hace inviables a tan baja altitud actividades de nieve como estas en la Sierra de Guadarrama, mantenidas a base de nieve artificial, 3) que no vean la oportunidad de poner en valor precisamente lo más valioso de la sierra de Guadarrama: su biodiversidad y sus ecosistemas de montaña mediterránea.

El proceso de creación del Parque Nacional de Guadarrama fue complejo e inusual. Conferir la máxima figura de protección ambiental de nuestro ordenamiento jurídico a un territorio densamente poblado y con actividades de todo tipo es favorecer objetivos contrapuestos. Preocupaba la posibilidad de que el Parque Nacional fuera tan solo un reclamo turístico y no promoviera la conservación del patrimonio natural. Sin embargo los méritos ecológicos, geológicos, históricos y sociales de la Sierra de Guadarrama justificaron la figura de protección, idónea para hacer frente a la vulnerabilidad de toda la Sierra al cambio global.

La figura de Parque Nacional nos conciencia sobre el patrimonio con el que cuenta España en términos de naturaleza, biodiversidad y paisaje. Un patrimonio que va al alza y que contrasta con su escasez en los países de nuestro entorno. Además, España acumuló buena parte de las primeras evidencias sobre el efecto del calentamiento antrópico con investigaciones situadas precisamente en la sierra de Guadarrama.

En un contexto de conservación, el mantenimiento de infraestructuras artificiales de uso masivo es una contradicción monumental. El esquí en el puerto de Navacerrada tiene un gran impacto ambiental y la sierra de Guadarrama vale mucho más que lo que vale esquiar. Nos hace ricos a todos con su mera existencia. Detener este tipo de esquí reduce la ocupación de muchos, pero no detendrá la afluencia de visitantes y abrirá muchas oportunidades de actividades compatibles con la conservación. De hecho, una montaña bien conservada es un atractivo para emprendedores y una fuente de bienestar para todos.

Resulta paradójico que el gobierno de la Comunidad de Madrid reivindique la puesta en valor de “lo madrileño” sin apuntar a lo que define aquello de lo que dicen sentirse orgullosos. El Gobierno de la Comunidad de Madrid se ha olvidado de nuestras montañas en favor de una explotación banal del espacio y del paisaje. Hacerlo cuestiona su aprecio por lo que caracteriza a la región.

Fernando Valladares es científico del CSIC y profesor asociado de la Universidad Rey Juan Carlos.

Adrián Escudero es catedrático de Ecología de la Universidad Rey Juan Carlos.

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