LA CRISIS DEL CORONAVIRUS

Madrid adelanta el cierre de bares, restaurantes y comercios a las 21.00 y el toque de queda a las 22.00

Entre las nuevas medidas, que entran en vigor el lunes que viene, también está la prohibición de no reunirse en domicilios si no es con convivientes y reducir los grupos sociales a cuatro personas en exteriores

Un empleado se somete a una prueba de coronavirus en la Universidad San Pablo CEU en Madrid, este viernes 22 de enero de 2021.
Un empleado se somete a una prueba de coronavirus en la Universidad San Pablo CEU en Madrid, este viernes 22 de enero de 2021.Daniel Caballo / EFE

La Comunidad de Madrid adelanta del toque de queda a las 22.00 (que la semana pasada se había adelantado a las 23.00); ordena el cierre de todo tipo de establecimientos (bares, restaurantes y comercios) a las 21.00 (antes, a las 22.00); prohíbe reunirse en los domicilios con otras personas que no sean los convivientes; y, en hostelería, tanto interiores como exteriores, podrán hacerlo un máximo de cuatro personas. Además se amplían las restricciones por zonas básicas de salud a 56 de estas áreas y 25 localidades, en las que viven 1,6 millones de madrileños, el 24% de población, y donde se están produciendo el 30% de los contagios. Aun así, y junto a esas decisiones, el Ejecutivo de Isabel Díaz Ayuso ha vuelto a subir el umbral de contagios a partir del cual decide qué nuevas restricciones a la movilidad impone por zonas.

Lo tenía en 400 casos por cada 100.000 habitantes en los últimos 14 días de incidencia acumulada (IA). La semana pasada lo elevó hasta “la media de la comunidad”, es decir, hasta los 618 —ya que la Dirección General de Salud Pública establece sus marcas a fecha de cierre del boletín epidemiológico semanal, cada domingo—. Esta tarde, cuando la IA ya alcanza los 904, ha vuelto a aumentarlo: lo ha fijado en 1.000. Un número que es cuatro veces el límite que el Ministerio de Sanidad marca como riesgo extremo: 250 de IA.

Desde la Consejería de Sanidad, la máxima es que las medidas se toman “según la evolución de la pandemia”, de ahí el contraste con la situación en la que se encuentra la autonomía —con 4.631 casos notificados en las últimas 24 horas, 3.854 pacientes ingresados en sus plantas de agudos y las UCI al 130% con 612 críticos— y el endurecimiento del resto de medidas.

Ya la pasada semana, Ildefonso Hernández, portavoz de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria y exdirector general de Salud Pública del Ministerio de Sanidad, indicaba que esa subida del umbral no parecía “enfocada a querer tomar medidas” y solo podía deberse a “la reducción de las zonas a confinar”, es decir, a no tener que restringir muchas más áreas de la Comunidad. Con el resto de cuestiones y ante la rapidísima subida de contagios y de ingresos hospitalarios de los últimos días, la Comunidad ha tenido que ceder.

Aun cuando la presidenta Isabel Díaz Ayuso ha repetido en numerosas ocasiones desde que comenzó esta tercera ola que ella no era favorable al cierre de bares, restaurantes y comercios ni a imponerles más restricciones, la situación obliga al Gobierno regional a endurecer los protocolos con los que Madrid deberá hacer frente a las próximas semanas, de las que ha informado esta tarde el consejero de Sanidad, Enrique Ruiz Escudero, en rueda de prensa. “Hay que prepararse para un escenario en el que las medidas que tomemos no van a ser suficientes”, ha añadido.

Ese escenario, con una alta transmisión del virus, tiene parte de explicación en la nueva variante británica, según ha afirmado el viceconsejero de Sanidad, Antonio Zapatero, en esa misma rueda de prensa: “La transmisión de esa variante está en una media en la comunidad en un 9%, aunque por zonas puede ir de un 7% a estar por encima del 33%”. Este mismo viernes, el Gobierno británico ha asegurado que esta modificación de la covid es un 30% más mortal.

La estimación del viceconsejero, que ha conocido la noticia durante la comparecencia, es que, “si se observa en los países del entorno que se duplica y hasta triplica cada semana, en dos o tres semanas esta sea la mayoritaria”. Frente a este panorama, tanto Ruiz Escudero como Zapatero han pedido “no autoconfinamiento pero sí responsabilidad, mantener la distancia de seguridad y tener los menos contactos posibles”. “No estamos en Madrid ni en nuestro país como para hacer actuaciones que no sean esenciales”, ha dicho el consejero.

Ni profesionales del sistema sanitario ni expertos en epidemiología y salud pública ven mucho margen de maniobra para los siguientes 14 días, el periodo de tiempo en el que las cifras de contagios de estos últimos días tardarán en reflejarse en ingresos y entradas en UCI y, con algo más de decalaje, en las muertes. El epidemiólogo Fernando García, de Asociación Madrileña de Salud Pública, decía este jueves que era prácticamente inevitable “endurecer las medidas”.

Ese posicionamiento por parte de los especialistas no ha sido repentino, llevan más de una semana alertando de que eran necesarios protocolos más estrictos para frenar una tercera ola que tiene más de vertical que de diagonal. En los últimos siete días, los hospitales han visto como la velocidad de los ingresos aceleraba hasta un ritmo que tanto facultativos como científicos equiparan más a la primera ola que a la segunda. Las plantas de agudos han crecido en su ocupación siete puntos: el pasado viernes había 2.839 pacientes hospitalizados (21,05%) y este el número asciende a 3.854, un 28,5%.

En las unidades de cuidados intensivos la crecida es mayor, y más grave. En ellas están ya todas las miradas porque de su margen de maniobra depende no solo el resto del hospital sino la vida de los pacientes con la infección más agudizada. El pasado 15 de enero había 472 críticos en UCI, según el informe diario de la Consejería de Sanidad, un 100% de ocupación; según los últimos datos que ha publicado este viernes la Sociedad de Medicina Intensiva de Madrid, hay 612 enfermos en sus camas. Es decir, que ya operan al 130% de su capacidad, la estructural, sin contar quirófanos, unidades postquirúrgicas o de reanimación o cualquier otra zona reconvertible para tratar a estos pacientes, los que no pueden respirar por sí mismos. Las semanas que quedan por venir, decía este jueves el vicepresidente de esa sociedad médica, Daniel Ballesteros, van a ser “pavorosas”. Con esos mismos datos, el viceconsejero Zapatero afirmó esta tarde que “la situación no es crítica si la comparamos con la primera ola”.


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