La crisis del coronavirus

Las zonas reincidentes ‘confinadas’ tres veces por Madrid

El virus no da tregua en un área de pisos pequeños donde muchos usan un tren cercanías atestado

Vecinos hacen cola para entrar al Centro de Salud Cuzco de Fuenlabrada en Madrid.
Vecinos hacen cola para entrar al Centro de Salud Cuzco de Fuenlabrada en Madrid.Andrea Comas

Todos los sanitarios parecen ir con la lengua fuera en el centro de salud de Cuzco, en Fuenlabrada. Están navegando una nueva ola local de coronavirus, la tercera desde septiembre. La directora, Mar Noguerol, es una mujer de 60 años llena de energía que este viernes se encargaba de hacer las PCR en la sala siete. Durante mañana y tarde hay cola en la puerta. Algunos tienen ojos febriles y tosen escandalosamente. Noguerol busca una pausa para hablar sobre las razones por las que el virus no da tregua a Cuzco. Madrid tiene otras zonas reincidentes, pero Cuzco casi siempre está en la cresta. Los barrios que dependen de este centro, el área que se conoce como zona básica de salud, no han sido capaces de salir de la lista que la Comunidad de Madrid creó en otoño para imponer restricciones de movimientos debido a su alta incidencia acumulada: Cuzco entró en septiembre, salió en octubre, entró en noviembre, salió en diciembre y entró de nuevo en enero, el lunes pasado. Ahora la incidencia está disparada: 834 casos detectados por cada 100.000 habitantes en las últimas dos semanas.

Toda Fuenlabrada (202.000 habitantes) estará confinada desde el lunes porque la incidencia ha subido en las otras seis zonas básicas de salud del municipio, entre ellas la de Alicante, que entra también por tercera vez en la lista de zonas rojas.

Una causa de los contagios puede estar en la estación de cercanías más próxima, La Serna. Entre las siete y las ocho cada mañana la gente va a Madrid como sardinas en lata, según se quejan muchos en Fuenlabrada. Otros municipios del “cinturón rojo” con algo más de renta familiar como Getafe o Alcorcón tienen más teletrabajadores. Pero no son tan comunes en Fuenlabrada, una ciudad con muchos “curritos”: camareros, repartidores o cuidadoras. El tren es para ellos el medio más práctico para llegar al trabajo en Madrid capital. El trayecto en esas condiciones es un peligro, dice la directora del centro de salud de Cuzco: “Hay 25 minutos de aquí a Atocha, por tanto son más de 15 minutos con un contacto estrecho y no sabes si la mascarilla muy usada que lleva la persona de al lado tuya es una garantía”. Esta semana ha sido un caos por la nieve de Filomena, que aún bloquea las calles. El tren cercanías ha ido más lleno de lo normal y quizás por eso en pocos días se notará un repunte de casos.

Otro problema son las viviendas pequeñas. Los sanitarios de Cuzco no tienen duda de que son uno de los focos principales. “Aquí en el momento en que el bicho entra en casa sabemos que se va a contagiar toda la familia”, cuenta la directora. “Tenemos pisos donde viven siete, ocho, nueve y diez personas. No es lo mismo tener un chalé de tres plantas con varios cuartos de baño donde es fácil aislarse”. Conforme pasa más tiempo de pandemia a los sanitarios de Cuzco les ha quedado más claro que las características de la vivienda son determinantes para la propagación del virus. Durante meses la zona básica de salud de Fuenlabrada con menos casos ha sido Parque Loranca, donde hay más casas unifamiliares y los vecinos usan más el coche para desplazarse.

Cuzco es una zona envejecida, una de las más antiguas de Fuenlabrada. Hay muchas personas mayores que viven con sus hijos y nietos porque las generaciones más jóvenes no han podido acceder a una vivienda propia. En esas condiciones, un contagio de alguno de los convivientes puede ser una sentencia de muerte para el mayor de la casa. “Esto tiene que ver con el dinero”, dice resignada Noguerol. “Lo ideal sería apartar a esos mayores en otra vivienda”. Por la puerta entra Faustino, un señor que viene a hacerse una PCR. Está preocupado porque su sobrino, que es camarero, ha dado positivo. Llega sin cita. Aquí no hace falta. “Pase Faustino, adelante”, le dice Noguerol.

Los sanitarios en este centro decidieron en una reunión de equipo al principio de la segunda ola que darían facilidades para hacer PCR. Desde entonces, a diferencia de otros centros de salud madrileños, han hecho esa prueba sin cita y a una población diana más amplia que la sugerida por la Consejería de Sanidad. Han hecho todo este tiempo PCR incluso a las personas sin síntomas que hayan tenido contacto estrecho con los enfermos. Quizás, apuntan, ese sea otro de los motivos por los que la incidencia acumulada es siempre alta en Cuzco.

En este centro de salud también se han tomado en serio el rastreo. Así, han podido detectar grandes brotes en bares de la zona donde luego han comprobado que no se respetan las normas. Hay bares donde la ventilación es mala, los clientes toman cervezas en la barra y no se respetan distancias. Noguerol dice que le gustaría tener mucha más capacidad de rastreo. Podrían por ejemplo valorar cuánta gente se contagia en el tren de cercanías, una información que desconocen.

Este viernes al mediodía corría rápido por Fuenlabrada la noticia de que la Comunidad había ordenado el confinamiento de todo el municipio y adelantado el toque de queda: a partir del lunes en lugar de a las 00:00, habrá que estar en casa a las 23:00. También la hostelería cerrará una hora antes, a las 22:00.

Los vecinos suenan frustrados y resignados porque piensan que es casi imposible esquivar al virus en barrios con estas condiciones. La falta de libertad no ha sido un problema porque realmente no ha habido un confinamiento perimetral de la zona. La medida en toda la Comunidad de Madrid es más cosmética que real.

Pero el virus se ha llevado por delante a muchos vecinos que no han tenido capacidad para evitar contagios. Si no fuera por la vacunación en curso quizás habría cundido la desesperación. Los sanitarios de Cuzco recibieron la primera dosis este jueves. Por los pasillos se preguntaban unos a otros si tenían dolores o algún efecto secundario, llevándose la mano al brazo del pinchazo. Pronto esa será una escena común.

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