Ángel Gabilondo

Ángel Gabilondo: “Hemos estado mirando a Díaz Ayuso sin mirar a fondo la Comunidad”

El líder del PSOE reflexiona sobre la gestión de la pandemia en Madrid y las críticas a su labor de oposición

Ángel Gabilondo, en una imagen de archivo.
Ángel Gabilondo, en una imagen de archivo.Jaime Villanueva Sánchez

Ángel Gabilondo (San Sebastián, 71 años) prioriza que el PSOE aporte soluciones a la pandemia y sus consecuencias económicas y sociales frente a la posibilidad de que plantee una moción de censura para intentar desplazar a Isabel Díaz Ayuso del poder. Falto de los votos clave de Cs para esa operación, su estrategia le ha granjeado críticas internas y externas. Eso no le hace dudar: dice que su convicción es que lo prioritario es combatir la desigualdad en Madrid.

Pregunta. ¿Qué ha caracterizado la gestión de Díaz Ayuso?

Respuesta. Una de las cosas que he criticado es que la gestión ha tenido un tinte personalista, que ha llevado a hacer de ella, con una cierta voluntad, lo digo entre comillas, un personaje del que todos estamos atentos a cada frase que dice, a cada ocurrencia que pueda presentar, supongo que a cada reflexión que haga, y no pongo en duda que diga pensamientos de importancia. Lo que digo es que esto no puede ser un tapón, o un velo, de las políticas sociales, educativas, sanitarias, económicas... A mí no me ha pasado, pero parece que hemos estado mirando a la señora presidenta sin mirar a fondo a toda la Comunidad. Ella ha puesto como una estrategia que desplacemos la mirada, a través de ella, al Gobierno de España. Y le hemos satanizado. ¡Ya tenemos un culpable de las cosas! ¡El Gobierno de España! Eso funcionó un poco mejor al principio, pero se ha gastado, el argumento se ha vaciado tanto, que por ahí ya no van muy lejos. Tenemos que hablar más de nosotros. De lo que pasa en Madrid.

P. ¿Y qué está pasando con la pandemia en la Comunidad?

R. Me produce desazón ver que hay también una desigualdad covid, o una desigualdad de la pandemia, que produce efectos muy distintos en domicilios pequeños, en situaciones laborales difíciles. Tiene que haber recursos sociales y habitacionales para esas personas, que si se quieren confinar, no lo pueden hacer siquiera en su propia casa. La pandemia ilumina la desigualdad, pone en evidencia las cosas que hay en una comunidad extraordinaria como es Madrid, que también está llena de deficiencias y de desigualdades. Lo que llevamos diciendo desde hace años se hace más patente en situaciones de extrema gravedad como esta.

P. La pandemia ha descubierto los problemas de los servicios públicos: faltan médicos, profesores, recursos. ¿Es una ventaja, porque obliga a tomar medidas, o aboca a una crisis de fe en el sistema?

R. Me resisto a encontrar la más mínima ventaja a la pandemia. Pero la idea de descubrir indica que había muchas cosas encubiertas, tapadas con un discurso de un Madrid prepotente, rico, que es también un Madrid caro y un Madrid desigual. Lo que hay que hacer es encontrar fuerzas para reformar, reforzar y transformar aquello que es insostenible con pandemia y sin ella. Solo que cuando vienen los problemas graves, se suelen centrar más en los que tienen más debilidad o vulnerabilidad. Y es el caso. Ya no puede nadie seguir con el discurso de que la desigualdad son obsesiones, o voluntad de querer debilitar al Gobierno. No nace de eso. Nace de la constatación de la vida en Madrid. No puede ser que hay enfermos que tengan una repercusión distinta según su situación social. Eso es lamentable.

P. ¿Y tiene usted esas fuerzas para reformar?

R. Absolutas. Fuerzas y razones. Las dos cosas. Las fuerzas y razones nace de las convicciones, de los principios, de los valores, de la ayuda, el empuje, de la percepción que hay que ir juntos. No falta energía. La energía no es solo un estado psicológico o de ánimo. Nace mucho de las convicciones.

P. ¿Y el PSOE le quiere en esa tarea? A veces pareciera que le quiera llevar a otro lugar. Un día defensor del pueblo, otro ministro…

R. Supongo, en mi voluntad de tratar de comprender positivamente las cosas, que eso quiere decir que consideran que valgo para algunas otras cosas también. Lo convierto en un reconocimiento, más que en una descalificación. Estoy centrado en donde estoy. Si en algún momento se piensa que debo hacer otra cosa, basta hablar conmigo. Lo único que pido es seguir trabajando en el servicio público con dimensión social y reformadora de la realidad. Es lo que me trajo aquí. Ahora mismo estoy entregado plenamente a la labor en la que estoy, con todo lo que soy, con todo lo que tengo, y con todo como soy. Se sabe cómo soy. Procuro aprender de las críticas. Me las tomo como empuje para hacer las cosas mejor. Pero también es cierto es que si estoy aquí es por ser como soy, no para que sea otro.

P. El Intermedio, un programa de máxima audiencia de La Sexta, hizo un sketch sobre su desaparición, ironizando sobre su labor de oposición. ¿Ha estado lo suficientemente presente frente a Díaz Ayuso?

R. He hecho más de 38 entrevistas en la pandemia, he hecho ese esfuerzo, forma parte de mi obligación. La crítica está hecha en un contexto de humor, y la trato con respeto al programa y a quiénes la han hecho. Luego, las cosas de humor, a uno le pueden divertir mucho, poco, nada, e incluso le pueden resultar dolorosas. Más allá del humor, que valoro ese programa como un gran programa, y tengo un gran respeto por quien lo hace, no me parece del todo justo. No me lo parece. Estoy entregado, entregado de verdad a lo que hago. Tengo una forma determinada de hacer política que permite que se pueda ironizar con ella, y lo respeto también. ¿Alguno se puede extrañar de que lo respete? Pues lo respeto. ¿Que yo pido respeto para mi? Pues también.

P. ¿No se siente respetado?

R. En líneas generales me siento muy respetado, a pesar de estas críticas que a veces pueden ser duras o agrias. Desde muy joven he pensado que hay muchas formas de hacer las cosas bien. Es una frase muy importante para mí. Hay muchas maneras de ser buen periodista, de ser buen político, de ser buena gente. No hay un estándar. Hay político más intensos, más agresivos, más incisivos, más activistas, con más presencia en las redes, y otros, entre los que me incluyo, con cierta voluntad reflexiva, argumentativos, un poco circulares. ¿Lo bueno qué es? Que podemos trabajar juntos y tener objetivos comunes.

P. Dice que hay bromas que gustan mucho, poco o nada, e incluso que duelen. ¿Le dolió?

R. Dicen los expertos que no hay que decir mucho lo que te causa dolor porque entonces todos tus enemigos insisten en eso. Me produjo una cierta incomodidad. Me disloca un poco. La palabra dolor la guardo para otros asuntos muy importantes que afectan mucho a mi vida, pero me resulta desconcertante. ¿Estoy trabajando aquí, una persona de muchos años, dedicándome con toda mi vida a esto, y ahora la percepción que doy igual es que soy indiferente o pasivo? Me produce un desconcierto que no llamaría dolor, pero sí incomodidad. Uno puede hasta dudar de sí, pero encuentro luego muchas razones en otras personas que me confirman en que siga haciendo esto.

P. ¿Debería haber registrado una moción de censura contra Isabel Díaz Ayuso?

R. En este contexto, con esta situación, viendo cómo está la gente, yo no digo que no sea censurable, ni nunca he descartado que haya que hacerla, pero desde luego no habrá que hacerla para que no hablen mal de mí, o lo hagan bien. Lo tenemos que hacer pensando en la ciudadanía, en resolver sus problemas. Hay una situación de verdadera inquietud, de verdadera alerta, por la covid. La gente nos pide que nos unamos para resolver eso, y que nos dejemos de otros asuntos, lo cual no los excluye. Simplemente, la política también es el arte de saber priorizar temporalmente las acciones. Y en este momento la prioridad fundamental es la pandemia.

P. ¿Por qué no ser más duro e incisivo?

R. Me llamaron sabiendo que iba a hacer un tipo de oposición determinado, con unos ingredientes que para muchos son grandes valores y que otros encuentran que son debilidades. Por eso es importante no personalizar la política. Hay que hacerlo juntos.

P. Desde este verano, José Manuel Franco, líder de los socialistas madrileños, amaga con la moción, y usted la frena. ¿Hay estrategias distintas, o juegan al poli bueno y al poli malo?

R. No hay estrategias distintas. Que yo sepa, los dos hemos dicho que no se descarta (la moción), que hay que priorizar la resolución de la pandemia, que el Gobierno este es censurable, fallido. Me siento totalmente vinculado a las palabras. Son estilos, modos de decir. Poli bueno, poli malo… la verdad es que no jugamos a eso.

P. Usted ganó las elecciones. ¿Estaría dispuesto a cederle la presidencia a Ignacio Aguado, líder de Cs, a cambio de que se sumara a la moción, como planteó Franco?

R. A mi juicio, si hay en algún momento una moción de censura, el candidato tiene que ser del partido más votado, el PSOE. Y yo he sido el número uno en esa lista. Yo creo que soy el candidato. Estoy dispuesto. Con la misma naturalidad digo que si se piensa que es mejor otra cosa, pues puede hacerse. Pero a mi juicio, esa otra cosa, y quiero dejarlo bien claro, es un presidente o una presidenta del PSOE. Es mi opinión

P. Eso es un no como una catedral.

R. Pues no lo sé. Es mi posición. Y lo digo con toda claridad. Y me ha parecido oír al secretario general de organización del PSOE, el señor Ábalos, decir exactamente eso.

P. ¿Qué le parece que la presidenta no mencionara la posibilidad de decidir restricciones durante el debate del estado de la región, para anunciarlas inmediatamente después?

R. Me parece mal. Es una falta de respeto institucional.

P. La Asamblea casi no tiene actividad, y la comisión de investigación sobre lo ocurrido en las residencias, donde han muerto 6.000 personas durante la pandemia, no termina de arrancar. ¿Hay un intento de bloqueo por parte de la mayoría de PP, Cs y Vox?

R. Espero que no. Sería tremendo. Lo que sí es cierto es que muchas facilidades no encontramos. No encontramos la flexibilidad para activar la comisión. Nuestra voluntad no es hacer un juicio. Es conocer para transformar, para modificar, y asumir responsabilidades. Esto afecta al respeto que merece las instituciones.

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