La crisis del coronavirus

Vuelta al cole en Madrid: “Tengo dos hijos en el mismo colegio, uno entra a las 9.15 y el otro a las 10.30″

Así se ha vivido el primer día de colegio de segundo ciclo de infantil a tercero de primaria en un colegio afectado por obras y en otro con grupos mixtos

Toma de temperatura en el colegio Tomás Bretón, afectado por las obras de la operación Mahou-Calderón.
Toma de temperatura en el colegio Tomás Bretón, afectado por las obras de la operación Mahou-Calderón.Olmo Calvo
Ignacio Gallello|Nicholas Dale

A la puerta del colegio público Vázquez de Mella en la capital, a escasos metros de las Vistillas, a las 8.10 solo estaban Rubén y Claudia, monitores del comedor de este pequeño centro de infantil y primaria con solo una línea por curso. Pero este martes, primer día de clase para 407.000 alumnos en Madrid desde segundo ciclo de infantil hasta tercero de primaria, no ha ido a desayunar ninguno de sus 210 niños. “Tal y como están las cosas, no me extraña”, confiesa Rubén.

Las puertas del centro quedan cerradas hasta las nueve, hora de entrada. Conforme se acerca, empieza la cascada de padres con sus hijos. Félix Ortega llega de la mano de los suyos, una niña de seis años y un niño de tres. Les ha explicado la situación, aunque admite que no es fácil que lo comprendan: “La mayor, mejor, pero el pequeño no se entera de nada”. Defiende que los pequeños vuelvan a la escuela porque es un espacio imprescindible para que se relacionen y aprendan. Además, tienen muchas ganas. “Enzo [el pequeño] no para de preguntar por sus compañeros”, asegura. Otros padres, como Juan y Rosa, comentan que su hija Claudia, de cinco años, está igual de ilusionada. “Ha dormido vestida”. ¿Hay miedo al contagio? Antonio no lo tiene: “Los niños tienen que ir al colegio, después si se contagian o no ya se verá. No podemos permitirnos vivir con psicosis, lo que temo es que nos vuelvan a encerrar”.

En poco tiempo, la entrada de primaria, en una calle estrecha, es un hervidero. Los padres, que se acercan a ver las listas de los grupos colgadas en la entrada, tienen más cuidado con la distancia que la mayoría de los pequeños, que corretean de un lado a otro. Las puertas se abren y aparece el personal con las listas en la mano.

-¡El grupo de primero!

La entrada se hace escalonada y por edades, como en la gran mayoría de colegios, para evitar aglomeraciones en la puerta. Se les toma la temperatura y pasan de uno en uno. La dirección ha confirmado que los cuatro refuerzos que pidieron se incorporarán este martes, por lo que podrán aplicar la ratio de 20 alumnos. Una de las medidas de seguridad ha provocado el descontento de muchos padres del Vázquez de Mella: para bajar el número de alumnos por aula, la dirección se ha obligado a grupos mixtos, donde se mezclan niños de distintos cursos, tanto en infantil como en primaria.

Los hijos de Ortega no han corrido esa suerte, pero entiende la preocupación y el enfado. “Al final los niños pierden el apego que tenían con sus compañeros y la referencia docente”, cuenta, ya que de esas clases se van a encargar los nuevos maestros de refuerzo. Jordi Aguilar sí es uno de los afectados. “Nos avisaron a las once de anoche”, relata. Aguilar afirma que iban a ser los profesores los que escogieran a los niños que mejor se pudieran adaptar, pero al final no ha sido así: “Lo hicieron a sorteo y consideramos que es un horror”. Otra madre afectada incide en que “no se han tenido en cuenta las capacidades de los niños, si se adaptan bien o cómo es su formación”. Algunos padres ya han empezado a buscar soluciones y van a reunirse para ver qué acciones tomar.

La dirección del colegio cree que los padres han entendido esta solución como la creación de un nuevo grupo cuando en realidad es una medida “extraordinaria y provisional” que obedece a criterios puramente sanitarios. Al mismo tiempo, ha remarcado que los grupos mixtos se crearon por concurso para que fuera un proceso lo más objetivo posible.

En otro punto de la ciudad está el colegio público Joaquín Costa donde, en una gran cola, las familias respetan la distancia, aunque no falta algún niño que, emocionado por ver a sus amigos tras casi seis meses, salta, grita y corre a abrazarlos. En este centro, al que hoy debían acudir unos 900 alumnos de un total de 1300, hay un orden estricto a la entrada, coordinado por dos profesores. Parece que todo estuviera ensayado por lo bien que fluye. Sin embargo, Antonio, padre de dos niños, explica que nada más lejos de la realidad: “Nos notificaron a las diez de anoche cómo iba a ser, por grupos cada 10 minutos, pero no tiene sentido. Yo tengo dos hijos, uno entra a las 9.15 y el otro a las 10.30. Me ha tocado pedirme tiempo en el trabajo, pero esto no puede ser permanente, no es viable”. Sin embargo, va a tener que serlo. La dirección afirma que es el plan para todo el curso, porque es la única manera de mantener la distancia y cumplir el protocolo con 1300 alumnos.

A solo unas manzanas, una niña pregunta a su padre por qué no puede entrar todavía en su cole. Ambos esperan en la acera improvisada de una de las entradas habilitadas en el colegio público Tomás Bretón, frente a Madrid Río, donde la ya de por sí complicada vuelta al cole de este curso se complica aún más por las obras de la antigua fábrica de Mahou y del estadio Vicente Calderón. “Quince minutos. Ahora entran en grupos”, contesta su padre. El colegio, con unos 500 alumnos en total, de los que unos 250 volvían este martes, ha establecido una entrada y salida escalonadas a través de tres puertas y en tramos de 15 minutos durante 45. En todas, los niños se saludan con los codos en sus tentativos reencuentros.

Elena es madre de dos niños, uno de cinco y otra de ocho: “Estamos inquietos con esta vuelta. Por la preparación del centro y por los niños, que cumplan las normas también, especialmente los más pequeños”. “La comunicación del centro también ha sido un problema. De hecho anoche a las diez y media no sabía a qué hora entraba mi hija mayor, aparentemente por un problema en la plataforma de EducaMadrid, pero gracias al AMPA y al WhatsApp nos hemos enterado a qué clase iban los niños, a qué hora entraban y por qué puerta”. “El horario es hasta las 12.00, pero hoy se quedan a comer, hasta las 15.00. Los mando de investigadores, que me cuenten cómo está organizado, aunque probablemente no los deje hasta más adelante”.

“Desalojen, papás, para que pueda acercarse el siguiente grupo”, dice la directora desde la entrada principal. En las tres hay padres voluntarios con chalecos naranjas para apoyar al personal en el manejo de un proceso que, aunque está planeado, se va puliendo con la primera práctica real. David Ortiz es miembro de la asociación de padres y ha estado trabajando todos los días de las últimas semanas coordinando la vuelta. “La situación logística era bastante desastrosa. Estamos con unas obras en todo el entorno que impedían completamente el acceso y toda esta falta de previsión de la Junta de Arganzuela ha tenido que ser suplida por el esfuerzo de familias y profesores”, se lamenta.

“Hasta hace tres días, la acera de todas las entradas era una gran zanja del Canal Isabel II. Hace uno no había agua, la electricidad no funcionaba. Un desastre absoluto”, continúa Ortiz. Ahora, la estrecha acera ha sido adoquinada, excepto en la puerta más grande, donde se ha tapado la zanja con arena. Además, uno de los carriles de la calzada, una concurrida entrada a la M-30, hace de acera con unos grandes separadores de cemento. Estas obras también afectan al Tomás Bretón y al instituto Gran Capitán, 1.600 alumnos en total.

Dentro del centro, todo es también provisional. Ortiz explica que, como ocurre en todos los colegios, se va a tener que usar el comedor y otros espacios como aulas por la bajada de la ratio. “Todavía estamos esperando que la comunidad confirme si se van a entregar los barracones que se han solicitado”. Hasta el lunes, tampoco sabían cuántos profesores de los solicitados les iban a conceder. Finalmente, se lo notificaron anoche: seis docentes.

Mercedes Fernández ha acudido al Vázquez de Mella, el colegio del principio, a buscar a su hija a la salida. Da por hecho que va a haber un brote de covid en algún momento. “Está claro que lo habrá, pero ¿qué hacemos los padres? ¿Nos ponemos en cuarentena todos? ¿Y el trabajo qué? ¿Lo perderé?”. Fernández recuerda que el colegio está ligado a la conciliación. Una madre amiga suya, que prefiere no dar su nombre, la secunda. “No tenemos opción, tenemos que traerlos a la escuela porque tenemos que trabajar, si no, todo se hunde, nos hacen elegir entre el trabajo o la salud”, argumenta. Y concluye: “Al final, estamos contra la espada y la pared”.

La hija de Fernández sale revolucionada. ¿Cómo lo ha pasado en su primer día? “Pues no sé, mírala”, dice mientras señala a su hija, que sostiene en brazos al perro de un compañero mientras se ríe. “¡Venga Mari Trini, que nos vamos!”, la llama. En un abrir y cerrar de ojos, ya no queda nadie en la salida de primaria y todo queda en silencio.

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