LA CRISIS DEL CORONAVIRUS

Se busca chalé. Razón: confinamiento

El interés por la compra y el alquiler de vivienda unifamiliar aumenta en Madrid un 18%, según datos de Idealista

Alberto Blanco nuevo inquilino en Boadilla del Monte procedente del madrileño barrio de Salamanca , Madrid, este septiembre.
Alberto Blanco nuevo inquilino en Boadilla del Monte procedente del madrileño barrio de Salamanca , Madrid, este septiembre.Víctor Sainz

La urbanización ideal debe parecerse a esta. Solo el juego de los niños y su chapoteo en la piscina rompen el silencio de una calle jalonada con plátanos de sombra. En uno y otro lado se concentran las hileras de chalés adosados, protegidos por un portero que observa al forastero desde su garita de cristal. A la casa de un extremo acaba de mudarse la familia Blanco Rodríguez. Tras la experiencia del confinamiento decidieron dejar atrás su piso en el cogollo del barrio de Salamanca e instalarse en Boadilla del Monte, el tercer municipio con mayor renta del país y situado a unos 16 kilómetros de la capital. Según el portal Idealista, el interés en Madrid por la compra y el alquiler de vivienda unifamiliar ha aumentado un 18% en seis meses.

“Aquí he recuperado la libertad que sentía haber perdido en la ciudad”, cuenta Alberto Blanco, de 48 años y especialista en tecnologías de voz similares al asistente virtual Alexa. “La vida de Madrid, que era maravillosa, se ha transformado en tristeza y miedo. El gesto de nuestros vecinos se desencajaba cuando mis tres hijos corrían por la acera. Y creo que esto va para largo, en los próximos dos o tres años la movilidad será complicada”, dice sentado en su jardín esquinado, donde ha colocado sofás blancos y un cenador. La casa es de ladrillo pardo y se divide en tres alturas y un garaje de dos plazas. Además de tres dormitorios, cuenta con zona de juegos, dos baños, un despacho y buhardilla diáfana. Cuesta 1.650 euros mensuales.

La pandemia ha provocado un insólito frenazo del mercado inmobiliario, que perdió casi una de cada cuatro operaciones en el primer semestre de este año con respecto al pasado, según un informe del Instituto Nacional de Estadística. Unos datos generales que contrastan con el creciente interés por las fincas rústicas, los chalés independientes y adosados. El Colegio Oficial y Asociación de Agentes Inmobiliarios de Madrid (COAPI) vaticina un retorno a localidades de menor tamaño, donde existe un vasto catálogo de estas casas. Para su presidente, el abogado Jaime Cabrero García, “el aumento del interés por las viviendas unifamiliares puede considerarse como una tendencia que se consolidará en los próximos meses y seguramente a más largo plazo”.

Por ahora la familia Blanco Rodríguez mantiene su piso en propiedad del barrio de Salamanca. Hace un año tenían pensado hacerse con un inmueble algo mayor por esa misma zona. Pero la irrupción del virus los llevó a buscar aires nuevos en una localidad cuyos alquileres han subido hasta un 30% en apenas tres meses, como indican los datos de la inmobiliaria Boadilla XXI. “Nos dimos cuenta de que no solo necesitábamos más espacio para teletrabajar, sino también marcharnos de una ciudad que ya no es lo que era. Sin embargo, aquí te sientes como en unas permanentes vacaciones”, asegura el padre. Su mujer, Laura Dolores Rodríguez, asesora financiera de 46 años, se declara urbanita, aunque a renglón seguido deja caer que “la crisis sanitaria ha supuesto el fin de una época”.

“En la nueva casa siento que incluso nos hemos alejado del bullicio informativo sobre el virus”, continúa ella. Pese a que se trate de la vivienda burguesa por antonomasia, la fiebre del chalé también ha llegado al sur. En Sevilla La Nueva, una localidad situada entre Navalcarnero y Brunete, casi se triplican los contactos para alquilar, según el estudio de Idealista. Por su parte, Griñón, otro municipio de 10.300 habitantes perteneciente al cinturón meridional de Madrid, duplica los datos de compraventa. En esta ciudad opera Gestión de Inmuebles: “Esto es la revolución de la casa unifamiliar. Cerramos una media de 10 operaciones cada mes. Muchos clientes quieren un trato antes de que acabe el año, por lo que pueda pasar”, explica el comercial Víctor Ortiz.

“La demanda de vivienda desborda por completo la oferta del municipio. Tengo lista de espera para varios meses y hay casas que ni tan siquiera anuncio”, agrega el gestor. Solo dos líneas de autobús interurbano hacen parada en Griñón. Una llega hasta la Plaza Elíptica de la capital y otra termina en Getafe. La escasez de transporte público, problemática en el pasado, se antoja un aliciente para los nuevos inquilinos que valoran las colonias ocultas y retiradas. Es el caso de Raúl Centella, de 43 años: “Así se está más protegido de la epidemia”, afirma este electricista especializado en sistemas de seguridad que llega desde Fuenlabrada. Allí vivía junto a su mujer y sus tres hijos en un piso que acaban de vender a fin de adquirir el chalé independiente, con piscina y parcela de 500 metros cuadrados.

La transacción asciende a 225.000 euros, la mitad del precio habitual en la zona noroeste de Madrid. Centella prevé una importante inversión de obra que renueve la cocina y los dos baños, cambie la fontanería e implemente aislamiento térmico. “Estas casas son las típicas de fin de semana y no están preparadas para vivir. Hemos querido mejorarla”, explica. “El jardín es lo que marcará la diferencia con el anterior piso, donde vivimos el confinamiento un poco agobiados. No tanto por falta de espacio, era más bien una sensación de enclaustramiento debido a esas limitaciones de movimiento que se establecían por todos lados. Aquí mis hijos pueden salir a jugar o bañarse sin preguntar”, prosigue.

El gusto por el terruño parece ir en el apellido, porque sus primos también acaban de marcharse a un chalé parecido en el mismo municipio. Los vecinos de los nuevos núcleos residenciales han rejuvenecido a la población, predominantemente mayor sobre todo en el casco histórico. Este curso los hijos de Centella acabarán la Primaria en Fuenlabrada. El paso a Secundaria será el año próximo en Griñón. “Si tienen que estudiar a distancia aquí les sobra espacio”, dice su padre. “En ese sentido estoy tranquilo. Tienen un cuarto con escritorio cada uno. Y hasta podrán hacer los deberes en el jardín”, explica. Lo que de verdad le preocupa es que se decrete un nuevo confinamiento antes de terminar la obra: “Si es así llamo a Pedro Sánchez para que me dé una prórroga”, ríe.


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