CIENCIAS CHULAS (Y 10)

Tratando el coltán español

Un grupo del Centro de Investigaciones Metalúrgicas trata este escaso mineral, que es fundamental en la industria electrónica

Trajes ignífugos en el Centro Nacional de Investigaciones Metalúrgicas (CENIM-CSIC).
Trajes ignífugos en el Centro Nacional de Investigaciones Metalúrgicas (CENIM-CSIC).Víctor Sainz

Dos científicos con trajes ignífugos (llevan prendas plateadas y cascos que les cubren el rostro con una protección de espejo) vuelcan el horno. Parecen dos astronautas o los miembros del dúo de música electrónica Daft Punk. A 1.200 grados centígrados, una sustancia al rojo vivo, densa como la lava, fluye viscosamente sobre el molde. Todo se llena de humo y de chispas, parece la fragua de Vulcano, o la industria siderúrgica, pero es un laboratorio de Centro Nacional de Investigaciones Metalúrgicas (CENIM), dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

No es un laboratorio al uso: tiene techos altos y translúcidos, y una gran puerta por donde introducir la maquinaria. Hay mucho aire, mucha luz natural. Más bien parece un hangar, un taller, un garaje, una fábrica. Lo que acaban de colar es una mezcla de coltán con aditivos; ahora, al enfriarse, se formarán lingotes con dos capas: una de estaño de alta pureza (95%) y otra de un material vidrioso que contiene niobio y tántalo. Así consiguen separar una cosa de la otra, aunque el proceso es complejo, y no acaba ahí. Es la primera vez que se hace en España, dentro del proyecto ESTANNIO, que lidera el químico Félix A. López, en colaboración con las empresas Strategic Mineral y KROWN.

La mina de Penouta (Orense) era de interés por el estaño, pero resulta que se generaba un residuo que entonces no valía nada y ahora vale mucho: el coltán.

“Mira, este polvo es el coltán, se habla mucho de él, es muy valioso, pero no brilla ni nada”, explica López mientras deja que el polvo negro y mate se le escurra entre los dedos. Este mineral es tristemente célebre, porque algunos de sus componentes, como los citados niobio y el tántalo, son muy útiles en la industria tecnológica (por ejemplo, en la fabricación de nuestros smartphones o nuestras consolas de videojuegos), pero se extrae sobre todo en la República Democrática de Congo: un país cuya riqueza natural ha sido tradicionalmente una condena, que provoca conflictos bélicos y la explotación de los que allí extraen los recursos (niños, en muchos casos).

Así que ahora podemos obtener y tratar el coltán en España: se extrae de la mina de la Penouta, en Orense, la única donde se ha hallado este mineral en Europa. “Es una mina de estaño que se explota desde tiempos de los romanos”, dice López, “el último en explotarla fue el Grupo Rumasa, hasta su cierre en 1982”. La mina era de interés por el estaño, pero resulta que se generaba un residuo que entonces no valía nada y ahora vale mucho: el coltán que dejaron pulverizado en balsas y escombreras (aunque también queda en forma de roca dentro de la mina). Miles de millones de toneladas que hasta ahora eran puro residuo, y que pueden dar para explotar durante 35 o 40 años.

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El estaño obtenido, por cierto, también es de utilidad en la industria, como soldadura en la electrónica y como cápsula en las mejores botellas de vino. “Hay materiales que no valoramos en nuestra vida cotidiana, pero que son complicados de obtener. Para obtener un gramo de oro (que sí es valorado) hay que remover una tonelada de tierra”, ejemplifica Francisco Alguacil, otro de los investigadores.

El grupo TecnoEco, liderado por López, se dedica a obtener valor de los residuos. No solo de este coltán abandonado, también de otros de la industria y de cosas muy curiosas: investigan cómo obtener polifenoles (valiosos por sus propiedades antioxidantes) de los posos del café (que no solo sirven para adivinar el futuro) o cómo obtener el elemento indio de las pantallas planas de televisor que descartamos, entre otros proyecto en curso. Todo ello dentro del paradigma del reciclaje y la Economía Circular: imitar los ciclos de la naturaleza, donde todo residuo se aprovecha, donde no se tira nada.

Una vez separado el estaño del material donde queda el niobio y el tántalo, vienen algunos procesos químicos para separar, a su vez, estos dos elementos. En un laboratorio adyacente, ya más parecido a un laboratorio químico, el proceso requiere cacharrear con matraces, disoluciones y procesos como la lixivación o la extracción líquido-líquido. Al final, resultan sales comerciales de niobio y tántalo, lo que buscaban, con calidades del 97 y el 99%, respectivamente.

El coltán, un mineral escaso y apreciado.
El coltán, un mineral escaso y apreciado.Víctor Sainz

“Utilizamos un proceso que ya fue inventado por el químico francés Eugène-Melchior Péligot en 1841”, dice Alguacil. Este proceso se quedó en el olvido durante unos cien años hasta que, en el contexto de la fabricación de la bomba atómica, el Proyecto Manhattan, se recuperó para purificar el uranio. “Esta historia es importante porque ejemplifica cómo algunas investigaciones que, en principio, no tienen aplicación directa, puede servir de mucho en el futuro”, añade Alguacil, “pone en valor la ciencia”.

Estos procesos de tratamiento del coltán sí que tienen aplicación directa. “Nuestro trabajo ya está finalizado, el de obtención de niobio y tántalo comercial. Hasta aquí llega nuestro cometido como parte del CSIC: ahora hace falta financiación, que la empresa privada apueste por esto y lo lleve a una escala industrial”, dice López. Según explican, más allá de los vaivenes de los precios de los metales, puede ser muy rentable. Y es muy interesante disponer de reservas estratégicas de este oro negro en Europa.

Centro Nacional de Investigaciones Metalúrgicas CENIM-CSIC.
Centro Nacional de Investigaciones Metalúrgicas CENIM-CSIC.Víctor Sainz

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