El alcalde de Boadilla: “Nos pusimos en guardia cuando la pandemia se desmadró en Italia”

El popular Javier Úbeda destaca que llevó a cabo el 11 de febrero un primer pedido de mascarillas destinadas al personal municipal

Javier Úbeda, alcalde de Boadilla del Monte, en su despacho durante la entrevista.
Javier Úbeda, alcalde de Boadilla del Monte, en su despacho durante la entrevista.KIKE PARA

La historia del Partido Popular está ligada a Boadilla del Monte. La formación gobierna desde su nacimiento el tercer municipio con mayor renta de España. No pocos candidatos municipales se han proyectado después hacia la política autonómica y nacional, como sucedió con el anterior alcalde Antonio González Terol, que ahora ocupa un escaño en el Congreso. El que fuera su hombre de confianza, Javier Úbeda, le sustituye al frente de un Consistorio de corte continuista, o más bien terolista, del que ni si quiera la trama Gürtel ha podido apartar a los populares.

Pregunta. ¿Cómo transcurrieron para usted las primeras semanas de confinamiento?

Respuesta. Fueron semanas difíciles. Tengo cuatro hijos, la mayor tiene 10 años y el pequeño tiene dos. Mi mujer es profesora, ella mantuvo sus clases online. Con la situación que había fuera, de miedo e incertidumbre, hasta hacer la compra era una aventura. Y hacer la compra para seis no te quiero ni contar: volvías a casa agotado, con las gafas empañadas a causa de la mascarilla. En Boadilla el virus no tuvo mucha incidencia. Lo peor sucedía dentro de las tres residencias, porque faltaban equipos y el personal estaba de baja con síntomas. Los mayores de esos centros tuvieron que encerrarse en sus habitaciones

P. ¿El Ayuntamiento colaboró con las residencias?

R. Dos residencias son privadas y la otra es pública, concertada con la Comunidad. El Ayuntamiento carece de competencias en esta materia, pero aun así les hicimos llegar mascarillas, que nos donaron los voluntarios y varias empresas. También colaboramos en la desinfección y ayudamos a las funerarias, que se encontraban saturadas aquellas semanas. La verdad es que fue dramático. Incluso el director de una residencia me llamó porque su médico estaba enfermo y necesitaban reemplazarlo.

P. Sustituirlo es obligación del Gobierno regional.

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R. Yo pedí al mando único del Gobierno de España toda clase de equipos de protección y material. Delegación del Gobierno tardó mes y medio en contestarme y, cuando lo hizo, envió a Boadilla 100 mascarillas, 10 botes de gel hidroalcohólico y 10 epis. Una cantidad ridícula y del todo insuficiente. Sin embargo, la Comunidad de Madrid, a través de Protección Civil, nos facilitó material. Se entregaba semanalmente.

P. Aquellas primeras jornadas tuvieron mucho de improvisación.

R. Desde luego. Nosotros abandonamos la idea del típico banco de alimentos y pusimos en marcha una tarjeta de comida fresca, financiada con fondos municipales, con la que acudes al comercio local, la pescadería, la carnicería, la frutería y las tiendas de productos de higiene. Incluso creamos un servicio de entrega a domicilio, sobre todo para las personas mayores que no debían salir a la calle. Con ellos, con los más mayores, mantuve siempre un contacto telefónico directo, recurriendo al censo para localizarlos. En el caso de los más jóvenes, compramos cien ordenadores a fin de que pudieran seguir las clases desde casa. Todavía no hemos pedido que los devuelvan, porque desconocemos si harán falta el próximo curso.

Boadilla del Monte en datos

Boadilla del Monte es una localidad madrileña situada al oeste la capital que cuenta con una población de 51.400 habitantes. La renta bruta media de sus vecinos alcanza los 48.740 euros, lo que sitúa al municipio en el tercer lugar del posicionamiento nacional. Los datos de contagios por coronavirus muestran un total de 500 vecinos infectados. En las últimas dos semanas, 60 personas fueron diagnosticadas, de las que 26 permanecían con la infección activa.

P. De todo lo vivido durante la pandemia, ¿qué lección rescata para enfrentar lo que esté por venir?

R. Lo bueno que tiene Boadilla es que alberga una baja densidad de población. Tanto las viviendas como las calles son amplias y resulta sencillo evitar el contacto con otros. Quizá por eso, la incidencia del virus aquí es menor en términos comparativos. Esa es la tónica general en la zona oeste de Madrid. Nosotros no somos más listos que nadie, pero yo miraba hacia Italia. El Ayuntamiento se puso en guardia cuando la pandemia empezó a desmadrarse allí. El 11 de febrero hicimos el primer pedido de mascarillas para el personal municipal, una compra que se amplió el 24 de febrero. Fui de los primeros en cerrar los parques y las instalaciones municipales. No tenía sentido clausurar los colegios y que los vecinos se concentraran en otros lugares. ¿Qué enseñanza destaco? Aplicar el sentido común.

P. Hablando de los colegios, ¿cómo será el nuevo curso en Boadilla?

R. Yo espero que los alumnos puedan volver a las aulas, aunque sea respetando las medidas de seguridad sanitaria. Desde el Consistorio hemos encargado 20.000 mascarillas lavables infantiles, que repartiremos los primeros días de la vuelta al cole. Estamos colaborando con la Comunidad, adaptando aulas, aprovechando las obras de verano. También ampliamos el acerado en las zonas de espera de los padres, de ese modo será más fácil mantener la distancia. En el municipio contamos con cinco colegios públicos, tres concertados y seis privados. El más antiguo tiene 30 años. Todos cuentan con pabellones grandes y espacio suficiente como para diseminar a los estudiantes.

P. ¿Boadilla cederá sus ahorros al Gobierno de España a cambio de los 5.000 millones de euros a fondo perdido?

R. Eso no es ceder nada, es un chantaje. El acuerdo vulnera la autonomía local, porque son los Ayuntamientos quienes deben decidir qué hacer con el dinero de los vecinos. Yo entiendo que el Gobierno de la nación esté desesperado, porque la caída de ingresos ha sido tremenda y el incremento de gastos ha sido brutal, pero así no se hacen las cosas. No le vamos a dar ni un duro a Sánchez y colocaremos el remanente de tesorería allí donde hace falta. Las Entidades municipales que tengan superávit y que no estén endeudadas pueden destinar sus excedentes presupuestarios a inversiones que tengan que ver con actuaciones sostenibles. En Boadilla tenemos los impuestos al mínimo, tanto el IBI como el impuesto de vehículos, y hemos suprimido el de basuras y el de vados. Aun así, mantenemos las cuentas saneadas y ese ahorro se invertirá en las infraestructuras del municipio.

P. ¿La crisis sanitaria ha puesto de relieve nuevas necesidades ciudadanas?

R. El principal problema de Boadilla lo constituyen las entradas y salidas por carretera del municipio. Cada mañana la M50 está taponada a la altura de los túneles. Ya existe un proyecto del Ministerio de Fomento que prevé añadir un carril, lo que costará cinco millones de euros. Pero las obras no terminan de comenzar. El Ayuntamiento se ha propuesto para cofinanciarlas o adelantar el montante. Quizá ahora estemos unos meses moviéndonos menos y teletrabajando, pero tarde o temprano los atascos volverán.

Linaje popular

Javier Úbeda (Madrid, 42 años) es licenciado en Gestión Comercial y Marketing por la escuela de negocios ESIC. Después cursó el máster en Innovación del Centro Universitario La Salle. Saltó a la vida pública en 2003, cuando fue nombrado asesor del Ayuntamiento de Madrid con Alberto Ruiz-Gallardón como primer munícipe. Desde 2011, Úbeda es concejal en Boadilla, aunque fue siete años después cuanto ganó protagonismo mediático, tras participar en un escrache contra los políticos catalanes que iban a declarar ante el Tribunal Supremo.

 

Úbeda se presentó por primera vez como alcalde del municipio el año pasado, revalidando la mayoría absoluta de su mentor, Antonio González Terol, quien prefirió dejar atrás el Ayuntamiento boadillense para presentarse en las listas al Congreso por Madrid. Además, Terol es uno de los hombres fuertes en la Ejecutiva de Pablo Casado, que lo nombró vicesecretario general de la Política Territorial del partido. Durante su mandato en el municipio, el diputado se desvinculó de la trama Gürtel, mecida por su predecesor en el cargo. El Consistorio se presentó entonces como acusación particular en el caso, al entender que el exalcalde habría destinado fondos municipales a “fines distintos de los legalmente previstos”.

 

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