Patio de decibelios

Las 10 de... Javier Álvarez

Iconoclasta oficial del reino. De número 1 en las radiofórmulas a raro genial e ingobernable. No hay nadie igual

El cantautor Javier Álvarez
El cantautor Javier ÁlvarezKike Para

Es impredecible, como buen genio. Y guadianesco, en función de sus pulsiones creativas o vaivenes anímicos. No existe cantautor tan iconoclasta como Javier Álvarez (Madrid, 1969), aquel muchacho de aspecto frágil que en los noventa abrió la puerta a la flamante nueva generación de los Pedro Guerra, Ismael Serrano, Paco Bello y compañía. Contradictorio, brillante, alérgico a las etiquetas, provocador casi sin pretenderlo. Habrá quien le tome por personaje, pero no: es, simplemente, él. Uno de nuestros grandes tesoros inmateriales, aunque permanezca semioculto a los oídos de muchos.

La Edad Del Porvenir

(De Javier Álvarez, 1995)

De pronto, aquel chiquillo que empezó cantando en el metro de Guzmán el Bueno (de donde le echaron), y luego en las estaciones de Cuatro Caminos y Banco de España, emerge al Retiro y un cazatalentos le ofrece grabar un disco. Tanto este primer sencillo como 1, 2, 3, 4 se hacen popularísimas, casi referenciales en términos generacionales. Él, claro, rechaza de plano ese papel. “Si una canción mía se acerca a ser himno, no hagáis caso: es una trampa”.

De Aquí A La Eternidad

(De Javier Álvarez, 1995)

Intimista y fabulosa, inspirada en la película de 1953 de Fred Zinnemann. Con Víctor Manuel y Ana Belén haciéndole las segundas voces a un pipiolo. “La noche anterior no pegué ojo. ¡Ana Belén! ¡Pero si yo era fan absoluto! Hasta tenía un póster suyo colgado en la habitación”.

Sunset Boulevard

(De Dos, 1996)

Nueva conexión cinéfila, esta vez con Billy Wilder en el santoral, para inaugurar un álbum bello, muy recogido y, sobre todo, doloroso. “Lo grabé empastillado”, resumió Javier, que tras el abrumador éxito del debut y su gira sufrió un brote psicótico que requirió hospitalización. Dos se acabó grabando en una vieja casa mallorquina, de noche y al aire libre, apartado del mundanal ruido junto al productor Suso Saiz. Milagros hoy inimaginables: esta canción fue número 1 de Los 40.

Padre

(De Tres, 1999)

¿Una receta para el suicidio comercial? Abran un disco con el siguiente autorretrato: “Padre, soy pajillero, maricón y drogadicto, bakalaero, okupa, rojo, puta y bizco”. Y pospongan la salida tres meses porque el tema parafrasea In The Summertime, de Mungo Jerry, y faltaban las pertinentes autorizaciones de su autor. Álvarez se asombró de que, a las puertas del nuevo siglo, “la gente aún se escandalice por una gran broma surrealista”.

Así, Así

(Single, 2003)

Javier se viste de jugador madridista en portada, incluye sonido ambiente de estadio (¡el Calderón!) y utiliza el soniquete “Así, así, así gana el Madrid” como estribillo. Pero la historia no va de fútbol: alude a la guerra de Irak y a cómo los poderosos acaban saliéndose con la suya. Para la cara B, dos versiones (debilidad de la casa): In Liverpool (Suzanne Vega) y Ob-la-di Ob-la-da, la cantinela de los Beatles.

Paciencia Infinita

(De Tiempodespacio, 2003)

El homoerotismo aflora aquí y allá (El Preso Me Pone, en Tres), pero nunca de manera tan pícara y jacarandosa. Inspirándose en hechos reales –un control de carretera en el que uno de los agentes beneméritos le reconoce–, Javier aprovecha para fantasear: “¡Cómo se está poniendo este cuerpo de la guardia viril!”. Cumbre de un álbum ingeniosísimo, con la juguetona Cuando Haces Pop o esa maldad contra Operación Triunfo que tituló Ni Na No, en alusión a Nina, la directora de la academia televisiva.

Pido Las Nubes Que Alientan Mis Poemas

(De Guerrero Álvarez, 2009)

Una simbiosis insólita. Álvarez sentía devoción por el extremeño Pablo Guerrero, para el que ya había cantado en el fabuloso Alas, Alas (1995). Y un día, venciendo la timidez, le llamó: “Maestro, ¿por qué no me pasas alguno de esos poemas tan bonitos tuyos?”. El autor de A Cántaros le respondió con un disco entero: raro, profundo y difícil, pero muy hermoso. Como la voz ronca del poeta en el recitado de esta pieza.

Nera

(Las Maris. Del EP Las Maris, 2011)

Más travesuras, esta vez en complicidad con Nieves Arilla, su corista desde los comienzos. Esta especie de nana infantil, entre tierna y pomposa, sirve como carta de presentación para un proyecto libérrimo y casi cabaretero, con disfraces, risas y bailes en escena. Ah, el nombre proviene del apelativo cariñoso, Mari, con el que ambos acostumbraban a llamarse entre sí.

Vacaciones En El Mar

(Del EP , 2016)

Si quieren algo juguetón, imaginen un día de asueto y carpe diem en Benidorm, y acompáñenlo con un videoclip en el que se levanta desnudo de la cama, practica yoga o rechupetea un helado. Ah, y baila como un poseso. “Yo es que, antes que cantautor, soy bailautor. Mi cantautor favorito es Michael Jackson”, acostumbra a advertir.

El Mar

(De 10, 2018)

Preaviso: genialidad. Igual que fue capaz de armar una letra solo con títulos de canciones (Lover, Lover, Lover), aquí la hilvana entrelazando versos de Lorca, Jorge Manrique y José Alfredo Jiménez. Cumbre de un regreso luminoso e ilusionante: 10 canciones (bastante breves) para su décimo disco, grabado en 10 días de la mano del productor (y admirador) Ramón Rodríguez, alias The New Raemon. Otro marciano maravilloso, puestos a decirlo todo.

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