Ascensores contra la soledad

La Fundación Ressa, a través del proyecto Raíces de Barrio, busca rehabilitar viviendas para mejorar la calidad de vida de personas aisladas

Vecinos que no pueden salir a la calle porque su vivienda no tiene ascensor, en la calle del Quince de Agosto 21, en Madrid
Vecinos que no pueden salir a la calle porque su vivienda no tiene ascensor, en la calle del Quince de Agosto 21, en MadridSANTI BURGOS

José M., de 89 años, baja con ayuda de una banqueta de metal los cuatro pisos de escaleras que separan su apartamento de la calle. “Tengo una insuficiencia cardíaca que no me deja subir las escaleras”, cuenta, antes de revelar una sensación que le acompaña desde hace años: se siente enjaulado en su hogar.

José ha vivido en la calle de Quince de Agosto, en el madrileño barrio de Usera, desde hace 57 años. “Cuando era joven subía las escaleras corriendo, y ahora son mi mayor enemigo”. Este madrileño que trabajó durante 30 años para el Ayuntamiento de Madrid solo espera ver construido el ascensor que le prometieron hace 15 meses. “Quiero poder salir a la calle y que los médicos no me tengan que sacar en camilla haciendo malabares por las escaleras”, dice.

Hace más de un año, La Fundación Ressa, a través del proyecto Raíces de Barrio, tocó a la puerta de este edificio para ofrecerles rehabilitar sus viviendas y con esto mejorar su calidad de vida. “Los vecinos nos pidieron un ascensor para un máximo de cinco personas, que tenga capacidad para una silla de ruedas y un aislamiento de la fachada del bloque”, cuenta el presidente de la fundación, Ángel Catena.

“Un día tocaron el timbre de mi casa para ofrecerme el proyecto. A mí pareció muy buena idea y les ayudé a convencer a todos los vecinos”, explica la presidenta de la comunidad de vecinos, Pilar Navas, de 64 años. Este bloque será el primero que rehabilite la fundación con ayuda del Ayuntamiento.

“Queremos ser como una especie de escuela taller en donde la gente pueda aprender haciendo”, dice.
Ángel Catena, presidente de la Fundación Ressa

Navas cuenta que desde que se planteó la obra los vecinos pagan 70 euros más de comunidad cada mes para sufragar su parte, unos 700 euros mensuales entre los 10. “Mi esperanza es que este año pueda empezar la obra, pero seguimos esperando la respuesta de la subvención por parte de las autoridades locales”, dice. El presupuesto final son 120.000 euros para el proyecto. De los cuales los vecinos tendrían que pagar 36.000 euros y la ayuda solicitada al Ayuntamiento de Madrid para el ascensor es del 70%, a través del Plan Madre del 2018.

Los edificios de más de tres plantas sin ascensor en Madrid son 43.000, un 34% del total, según datos del censo del ayuntamiento de 2011 y En toda la Comunidad de Madrid son 100.000, según el INE.

Esto lleva a que más de cientos de personas de avanzada edad o con dificultades de movilidad no hayan podido bajar a la calle, dar un paseo o sentarse en un banco a tomar el sol. El drama se reproduce todos los días a pesar de que en el año 2013 se aprobó una ley que pretendía garantizar la accesibilidad universal en 2017. De los 26 millones de viviendas existentes en España, 15 se construyeron antes de 1980 con un aislamiento muy deficiente, algo que incide directamente sobre la precariedad energética y el aumento de la contaminación.

Para paliar estas carencias, el Proyecto Raíces de Barrio empezó a trabajar sobre un conjunto homogéneo de viviendas de la Colonia Moscardó, un total de 53 portales y 530 viviendas. A esta primera fase del proyecto la han denominado: “Proyecto Lanzadera Moscardó”.

El conejillo de indias del proyecto es el bloque de Pilar Navas y José M. “En el edificio somos 10 vecinos, la mayoría somos personas mayores que tenemos problemas de movilidad”, cuenta Navas. Una vez se pueda conseguir la subvención para construir el primer ascensor en este bloque, se podrá empezar en los demás. “Los vecinos van a creer en el proyecto y van a querer participar”, explica Ángel Catena, presidente de la Fundación.

Una vez se ponga en marcha el proyecto la idea es que sean los mismos vecinos que no tienen trabajo, los que pongan la mano de obra para la construcción. “La idea es contratar a la gente del barrio en apoyo con la fundación Santa María La Real”, cuenta Catena. “Queremos ser como una especie de escuela taller en donde la gente pueda aprender haciendo”, dice.

Mientras que el proyecto sigue sobre planos los vecinos se las ingenian para evadir las escaleras. “Muchas veces cojo una cuerda y le amarró una cesta y la tiro por la ventana para que me suban cosas”, cuenta Navas que asegura que ha aprendido a vivir con la soledad. “Cuando yo llegué a vivir aquí no existían ni las aceras, no teníamos luz. Todo era campo”, recuerda Navas que lleva viviendo en Usera 56 años.

Todos los vecinos están muy emocionados con la idea de poder tener un ascensor que salga de su patio interior, pero al ver que todavía solo existe en su imaginación algunos se van desanimando y lo empiezan a ver como una utopía.

RAÍCES DE BARRIO: OLVIDÉ OLVIDARTE

Es momento de actuar. El estado de las viviendas en España, unido a los graves problemas de accesibilidad, precariedad energética, falta de acondicionamiento para los mayores y contaminación a los que está expuesta una gran parte de la población, es crítico. La situación actual derivada de la COVID-19 ha puesto el acento sobre todos estos aspectos, que hacen urgente la necesidad de transformar las ciudades.

 

El confinamiento ha revalorizado la importancia de adaptar y disponer de espacios saludables donde habitamos, pero en España sigue habiendo más de 800.000 edificios de tres o cuatro plantas que no tienen ascensor, lo que implica que más de un millón de personas de avanzada edad o con dificultades de movilidad llevan más de un año sin bajar a la calle. Unido a ello se encuentra el hecho de que más de la mitad de las viviendas existentes en España se construyeron antes de 1980 con un aislamiento muy deficiente. Así, en nuestro país, donde la vivienda en propiedad es mayoritaria entre la población y el acceso a ella uno de nuestros grandes obstáculos, la solución de estos problemas debería ser un objetivo prioritario.

 

La Fundación Ressa, en colaboración con La Fundación Santa María la Real, trabajan con gran ilusión en el proyecto Raíces de Barrio con el objetivo de contribuir a una mejora de todo lo anterior a través de diferentes acciones: mejora de la habitabilidad y aislamiento de las viviendas para aumentar el confort y la eficiencia energética, lo que supone un ahorro económico y una importante reducción de emisiones; instalación de ascensores y eliminación de barreras arquitectónicas, resolviendo el gran problema de la movilidad y accesibilidad; desarrollo de zonas comunes, habilitando plazas, jardines y espacios interbloques para fomentar la relación social y la expresión artística, cultural y deportiva; huertos urbanos, aparcamientos de bicicletas, puntos de recarga de vehículos eléctricos, etc.

 

En resumen, se pretende situar a las personas en el centro del diseño de las ciudades para responder a sus necesidades e inquietudes y realizar actuaciones que fortalezcan el tejido social y ciudadano. Además, estas actuaciones contribuyen a la creación de empleo local, al dar trabajo a las personas que viven en la zona para la ejecución de las actuaciones necesarias, mientras se abre un espacio a la formación, a la innovación y a la esperanza. Afortunadamente disponemos de medios y tecnología que hacen viables económicamente dichas actuaciones, pero se sigue necesitando una política pública que las coordine y las facilite. Nuestra sociedad envejece y nuestros pueblos se vacían, y ambos aspectos hacen que se agrave el problema de la soledad y del olvido. Adicionalmente también se produce una pérdida de raíces, de cultura y de tradiciones. Es tiempo de actuar.

 

Ángel Catena Asúnsolo es el presidente de la Fundación Ressa y patrono de la Fundación Santa María La Real

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