Hostilidad en el quirófano

Una médico residente de último año del hospital Puerta de Hierro presenta una querella que es admitida a trámite contra cuatro médicos que la intentaron expulsar del mundo de la neurocirugía

Personal sanitario durante su jornada de trabajo en una planta del Hospital Puerta de Hierro, este año.
Personal sanitario durante su jornada de trabajo en una planta del Hospital Puerta de Hierro, este año.JUANJO MARTIN (EFE)

—No sabes nada.

La primera vez que escuchó la frase se quedó de piedra. Le costó darse por aludida. Nunca antes le habían dicho algo así. A partir de entonces cada vez fue más frecuente que, en mitad de una operación, el cirujano al mando le dijera que era un desastre, que no sabía aspirar y que tenerla de ayudante era lo mismo que no tener a nadie. La residente de neurocirugía salía del quirófano hundida.

Después de tres años de residencia con buenas notas, ese año, el cuarto, se convirtió en un infierno para ella. Según su versión, la hostilidad fue en aumento entre médicos y compañeros.

Al acabar ese cuarto año, los evaluadores de Susana (nombre ficticio) le pusieron la peor nota que una médica residente puede recibir: negativo no recuperable. Significaba que quedaba inhabilitada para ejercer la neurocirugía en toda España. Su carrera profesional, en ese instante, quedada destruida. La noticia causó un gran revuelo dentro del hospital.

Después de meses de batalla administrativa en la que ha conseguido que su inhabilitación sea revisada en septiembre, la médico en formación ha terminado presentado una querella contra los cuatro doctores del hospital universitario Puerta de Hierro de Madrid que la evaluaron en primera instancia. Considera una injusticia y hasta una broma del destino que estos cuatro profesionales sean los mismos que dentro de tres meses tendrán la última palabra sobre su carrera.

El juzgado de Majadahonda donde se presentó el escrito ha admitido a trámite la querella por prevaricación, falsedad documental y revelación de secretos.

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La médica en formación, según el escrito al que ha tenido acceso este periódico, cree sospechar el origen de esta animadversión. En 2016, varios residentes dirigieron un escrito a la comisión de docencia del hospital pidiendo la destitución de la que entonces era su tutora. Ella fue la única residente que no apoyó esa moción, cree que eso le granjeó la enemistad de sus compañeros y de la propia doctora que pretendía hacerse con la tutoría. El problema para la médica residente es que esa doctora acabó ocupando ese cargo. De acuerdo a su versión, nunca le perdonó que no la respaldara en su día.

Ella, que ahora cursa el quinto año, considera que al maltrato que recibía se sumaron otros cirujanos de la cuadrilla de la doctora. Fue en ese tiempo cuando Susana empezó a recibir constantes menosprecios durante las operaciones. En la demanda se especifican las frases textuales que le dirigieron sus tutores durante operaciones concretas, con fecha y motivo de la intervención. Los otros residentes se alinearon a favor de sus adjuntos, algo que quedó claro cuando uno de ellos publicó un mensaje contra Susana en el grupo de WhatsApp que compartían residentes y cirujanos evaluadores. Aunque tiene un tono pretencioso y cervantino, a ella le dolió: “Te luces en el factor de la mediocridad”.

No tiró la toalla. Durante los tres años anteriores había obtenido buenas calificaciones (2,43 sobre 3 el primer año; 3 sobre 3 el segundo; y 7,26 sobre 10 el tercero) y contaba con el apoyo de cirujanos reconocidos que le firmaron cartas de recomendación. En la querella, sus abogados razonan que si fuera lo inútil e inepta que los querellados afirman jamás podría haber superado con éxito los tres primeros años de residencia.

El único de los médicos querellados que ha respondido a las preguntas de este periódico asegura que no existe ningún clima de animadversión hacia Susana y que judicializar el tema no beneficia a nadie. “Se le dio un negativo recuperable. En septiembre tiene esa evaluación y ella debería estar centrada en su residencia y mejorar para superar esa evaluación. Este es un hospital con una comisión de docencia y unos procedimientos normalizados y estamos en medio de ellos. Hacer esto es precipitarse”, dice al teléfono.

La muerte del anterior jefe de servicio, Jesús Vaquero Crespo, investigador y neurocirujano galardonado con la Cruz del 2 de mayo en 2017, supuso un punto de quiebre en su entrenamiento como cirujana, o así lo cree. El servicio pasó a tener un nuevo jefe en funciones. Al poco tiempo, el recién llegado escribió a la dirección del hospital asegurando que la residente suponía “una carga para el resto por su desobediencia y desacato continuo”.

Susana, viendo que su residencia peligraba y que le iba a resultar imposible remontar la situación, decidió continuar su formación en otros hospitales, lo que se conoce como rotaciones externas. Su primera experiencia fue en un centro de EE UU, donde consiguió una evaluación de 10 sobre 10. En el área de neurocirugía pediátrica del 12 de Octubre, más tarde, logró una nota de 9,65 sobre 10. Con la pandemia tuvo que regresar al Puerta de Hierro durante mes y medio, se contagió atendiendo a un paciente infectado y evaluaron su desempeño con un 1,18 sobre 10.

Cuando se encontraba próximo el momento de la evaluación final, sospechando lo que iba a ocurrir, Susana pidió que esos médicos no formaran parte de su comité evaluador. Declaró que existía una enemistad manifiesta. La dirección del hospital rechazó la recusación alegando que no existía una persecución en su contra: “Desavenencias no es sinónimo de enemistad manifiesta”.

Esos días, la residente mantuvo conversaciones con varios miembros de la comisión docente de las que tomó nota:

—Estás en una situación muy mala porque tu jefe no te quiere ni ver.

—Los dos tutores y tu jefe no te consideran capaz de operar. No te quieren aquí.

No salía de su asombro.

La nota final que expulsaba de la cirugía a Susana por fin llegó, como sospechaba. Sus abogados argumentan que esa evaluación es fraudulenta porque, además, omite algunos informes de evaluación que eran favorables a su defendida y que no se incluyeron en el expediente final.

Han solicitado a la dirección del hospital —el doctor Julio García Pondal, en funciones hasta que se elija nuevo director— que aparte a los cuatro médicos querellados de evaluar los méritos de la médico residente. Su carrera como cirujana está en juego.

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Sobre la firma

Juan Diego Quesada

Es el corresponsal de Colombia, Venezuela y la región andina. Fue miembro fundador de EL PAÍS América en 2013, en la sede de México. Después pasó por la sección de Internacional, donde fue enviado especial a Irak, Filipinas y los Balcanes. Más tarde escribió reportajes en Madrid, ciudad desde la que cubrió la pandemia de covid-19.

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