LA CRISIS DEL CORONAVIRUS

Basura, colchones abandonados y malos olores en un paseo de 12 kilómetros por Madrid

El alcalde de la ciudad asegura que el problema de la limpieza ya no preocupa a los ciudadanos pero la oposición y asociaciones vecinales lo desmienten

Una mujer arrastra un colchón hasta unos contenedores de basura en el barrio de Pan Bendito, en Carabanchel (Madrid).
Una mujer arrastra un colchón hasta unos contenedores de basura en el barrio de Pan Bendito, en Carabanchel (Madrid).DAVID EXPOSITO

La suciedad de las calles de Madrid no es un invento de Twitter. En la red social, vecinos de toda la capital denuncian a través de la etiqueta #MadridEstáSucio basura, malos olores, colchones que se multiplican en las aceras y animales muertos que no se recogen. Un paseo de 12 kilómetros durante siete horas por diferentes puntos de la ciudad lo confirma. Las quejas de las asociaciones vecinales se han intensificado con el confinamiento. Sin embargo, el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, celebró el pasado sábado que la preocupación de la ciudadanía por la limpieza había desaparecido en el último año, lo que lleva él en el puesto. “Valoran el esfuerzo que está haciendo este Ayuntamiento para tener la ciudad limpia que merecemos”, dijo.

Ya no quedan vestigios de las críticas hacia su antecesora, Manuela Carmena, cuando gobernaba una ciudad que tildaba de sucia y abandonada mientras él lideraba la oposición. El actual equipo en el Consistorio mantiene por obligación un contrato de limpieza de vía pública y zonas verdes blindado en época de Ana Botella. Con un presupuesto anual de 233 millones, aquel acuerdo firmado con diferentes empresas (Ferrovial, Sacyr, OHL, FCC) para 10 años, se renovará en 2022.

Los colchones se marcan y se ponen en cuarentena antes de retirarlos

La oposición, liderada por Más Madrid, denuncia que el gobierno actual podría haber mejorado la situación ahora mismo, sin esperar, ya que este grupo propuso modificarlo en las mesas de negociación de los Pactos de la Villa, es decir, incluirlo entre las medidas que pactaron por unanimidad todos los partidos políticos para la reconstrucción de la ciudad. “La letra pequeña permite cambiar partes del contrato en caso de fuerza mayor, y qué mejor fuerza mayor que una pandemia. Pero claro, para eso se necesita invertir más dinero, y dicen que no, que ahora está todo limpio”, asegura Rita Maestre, portavoz de Más Madrid. Alfredo González, portavoz de Medio Ambiente y Movilidad del grupo socialista, acusa al actual gobierno de desidia. “La situación de la limpieza está mucho peor que en el anterior mandato. Después de pasarse cuatro años el PP diciendo que la culpa de la suciedad de las calles no era del contrato integral, sino de la mala gestión de la izquierda, ahora con las calles hechas un asco nos dicen que con este contrato integral no hay nada que hacer”.

Un portavoz el Ayuntamiento insiste: “Madrid ha hecho todo lo que era necesario hacer y se podía hacer con la ley en la mano: se ha tomado el control de los servicios de limpieza para adaptarlos en lo posible a los nuevos requerimientos y se han ejecutado nuevos contratos por el procedimiento de emergencia, el indicado en estos casos”. Se refiere a los contratos de emergencia con empresas contratadas para nebulizar las vías públicas. Pero para mejorar la situación actual, se deberá esperar a las negociaciones que comenzarán el próximo año. Más Madrid le rebate. “Si la necesidad de una mayor limpieza de las calles y su desinfección, no prevista en los pliegos del contrato actual, va a continuar en el tiempo, se tienen que poner en marcha recursos por los procedimientos de contratación ordinarios para combatir la covid-19, que sigue en las calles”.

Las asociaciones de vecinos, conscientes de que una parte del problema de la suciedad en las calles también es cívico, como recalcaba habitualmente la exalcaldesa Carmena, reclaman una mejor gestión. Declaraciones políticas al margen, el resultado de un recorrido por Madrid refleja una realidad que huele a sucio.

Barrio de Pan Bendito (Carabanchel)

9.00. En un parque infantil junto al metro de Pan Bendito, latas de cerveza, colillas de cigarrillos y paquetes de todo tipo. También algún condón. La basura se esconde entre la maleza del césped que ha crecido durante el confinamiento. “El único eje principal que tenemos en Carabanchel es la calle General Ricardos, todo lo demás es secundario según el contrato que hizo Botella. Eso significa que de vez en cuando limpian el resto del distrito”, explica Jorge Ruiz Morales, de 72 años, vocal vecinal de la Junta municipal de Carabanchel.

En el dispositivo de limpieza, las calles principales se limpian cada día y las empresas están obligadas a aplicar estándares de calidad mayor. Son las consideradas de carácter primordial para el funcionamiento de los distritos. Las secundarias se limpian en profundidad una vez a la semana, según el Ayuntamiento. De 3.853 kilómetros viales, 992 son considerados “principales”. En época de Carmena, afirma Maestre, consiguieron ampliarlos, ya que solo había 495.

Las asociaciones reconocen que una parte del problema es cívico. Solo las vías principales de cada distrito se limpian una vez al día

El portavoz socialista de Medio Ambiente piensa que se solucionaría con una limpieza exclusiva y separada de la de zonas verdes, con baldeadoras y equipos de desinfección suficientes en todos los distritos y, por tanto, con un presupuesto adicional de al menos 80 millones de euros anuales.

Barrio de Moscardó (Usera)

10.30. Las rejas de las alcantarillas están taponadas por la suciedad. Las bolsas de basura superan la altura de las papeleras de las aceras. El botellón ha dejado huella en la calle Manuel Noya. “Se ha retirado personal de limpieza y ahora seguimos sufriendo las consecuencias”, afirma el presidente de la Asociación de Vecinos de Moscardó, Juan Manuel Ureña Castellanos.

Justo cuando termina la frase, dos vecinos bajan la basura y comienzan a hablar sobre el lamentable estado del barrio. “He llamado más de 20 veces al 010 para que vengan a recoger unos muebles y nadie aparece por aquí”, se queja Pedro Vázquez, uno de los inquilinos del bloque 21 de la calle Gumersindo Azcárate. En esa conversación de calle, improvisada, todos coinciden en el tema de los colchones. Fue terminar el confinamiento, y aparecer por todas las calles. Nadie sabe si pertenecen a personas que han fallecido o han estado contagiadas, y la imagen ha provocado una sensación de inseguridad entre los vecinos.

El Ayuntamiento recogió hasta el 9 de junio 17.363 colchones abandonados en la vía pública. Carabanchel y Usera, con 5.063, donde más. Con el servicio de recogida gratuita a domicilio de muebles y enseres suspendido y los puntos limpios cerrados durante el estado de alarma, el Consistorio lanzó un mensaje: que no se sacaran a la calle. No ha sido así. Las redes se llenaron de imágenes de colchones como uno de los símbolos de la pandemia en las calles.

Una portavoz del Ayuntamiento explica que no hay datos comparativos con los colchones recogidos el año pasado. “No se contabilizan”, asegura. “Se ha hecho durante la pandemia porque no había servicio de recogida”. Y una explicación para su presencia durante días en la calle: los servicios de limpieza, indica la portavoz, se han visto obligados a marcar los colchones para preservar la salud de los trabajadores y a ponerlos en cuarentena cinco días antes de recogerlos, por lo que tardan más en retirarse.

Barrio de Orcasitas (Usera)

12.30. Los excrementos de los perros no se recogen en el barrio, ni por los dueños ni por el personal de limpieza. “En la periferia, el contrato con las empresas de limpieza dice que se atenderán las calles según las necesidades del servicio y eso deja mucho margen a la interpretación”, lamenta Félix López-Rey, miembro de la Asociación de Vecinos de Orcasitas desde hace 50 años y concejal de Más Madrid. “El barrio está igual que todo el sur y el este de Madrid”. En un paso peatonal paralelo a la M-40, un coche completamente carbonizado interrumpe un camino lleno de basura. “Ni en las películas más quinquis de los ochenta se ve una escena así”, lamenta José Calvo, otro miembro de la asociación vecinal.

Barrio Guindalera (Salamanca)

15.00. “Hemos notado dejadez en la recogida de las basuras y los contenedores desde que empezó la pandemia y lo único que dice el concejal es que este problema se debe a que la plantilla está mermada por las vacaciones y la covid- 19”, asegura Luis Gallego, vocal vecino de Más Madrid Distrito Salamanca. ”Empezamos a ver colchones, ropa usada y animales muertos en las calles que nadie recogía y eso se empieza a volver un problema de sanidad”, se queja Luis Campillo Gallego, vocal vecino de Más Madrid Distrito Salamanca. Durante una hora de paseo por esas calles se ve una docena de palomas muertas aplastadas en el asfalto. En la calle Alonso Heredia, a pocos metros de la parada del metro de Diego de León, el montón de basura es más alto que el contenedor. Huele a podrido. Más adelante, colchones.

Malasaña y Lavapiés (Centro)

16.30. En Malasaña, uno de los barrios de ocio nocturno por excelencia, el confinamiento supuso un alivio en la limpieza. “Parecía otro barrio, sin botellones o la suciedad que genera la noche”, dice el presidente de S.O.S Malasaña, Jordi Gordon. “La nueva normalidad nos ha traído la vieja suciedad”, continúa. “La anterior corporación hizo un plan con las basuras y esta nueva, a la que también insistimos, también ha hecho un esfuerzo, aunque necesitamos más”, explica la asociación.

En Lavapiés, los comerciantes de la calle Argumosa limpian las aceras todas las mañanas al abrir sus negocios, pero sirve de poco. “La gente mea en la calle, saca colchones y basura a todas horas”, denuncia Isabel García, portavoz de la Asociación de Comerciantes de Lavapiés.

El barrio huele a váter un viernes por la noche. “La legislatura pasada instalaron baños públicos en la calle Argumosa, pero la gente prefiere orinar detrás de los contenedores”, lamenta la vecina. Tres días después, un lunes por la tarde, se ven latas de cervezas, vidrios rotos, restos de comida para llevar y muchos cartones. La suerte con la que cuenta el barrio: el turismo. Gracias a eso los camiones de basura pasan todos los días y limpian las calles cada noche. Ese es el privilegio con el que cuentan los viales considerados principales en la ciudad.

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