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Aprender a montar en bici no es (solo) cosa de niños

Una escuela, en Matadero, imparte clases de todos los niveles y para cualquier edad

El profesor José Antonio Loma enseña a una alumna la postura para empezar a montar en bici, el sábado en Matadero.
El profesor José Antonio Loma enseña a una alumna la postura para empezar a montar en bici, el sábado en Matadero.David Expósito

¿Qué tienen en común una señora de Carabanchel de 52 años, Anne Hidalgo ―alcaldesa de París―, un vecino de Perales del Río que pasó su infancia en Orcasitas, Sadiq Khan, regidor de Londres, y The New York Times? Todos tienen en su agenda un tema: espacio para las bicis, en sus vidas o en sus ciudades, incluso en ambas. Con una peculiaridad: los dos madrileños Óscar y Belén subieron por primera vez en una bicicleta la semana pasada.

Ahí estaban los dos el sábado, en Matadero a las ocho y media de la tarde, ataviados con ropa deportiva, casco, mascarilla y, claro, las bicis. La de ella plegable, la biciescuela Mobeo utiliza estas para las primeras veces, fundamentalmente por el tamaño: son bajas y pequeñas y palian un poco el miedo del principiante. Belén reconoce que le entró de camino, antes no lo tenía. “Fue ella quien dijo que se quería apuntar”, comenta su hija, que la acompaña y graba sus primeros pasos ―que todavía no pedaladas― sobre la bici.

Para Óscar es su segunda clase, no es por eso por lo que lleva una bicicleta grande, tampoco la primera la hizo con una plegable. Imposible para su envergadura, con aproximadamente 1,90 de altura cualquier bici a su lado parece pequeña, incluso con el sillín subido al máximo.

Tienen una tercera compañera de clase, va con chanclas, lo que impedirá que progrese y eso que era la que parecía más avanzada. Una herida en el pie no le permite llevar calzado sujeto en el talón y no puede aprender a pedalear de pie. Tres es el máximo de alumnos por grupo. Antes de la pandemia eran seis, pero han tenido que reducir el número, además de implementar unos protocolos de desinfección de los vehículos y los cascos. Los profesores no tienen ningún contacto físico con ellos ―”no es necesario, salvo en algún caso de niños muy pequeños”, apunta José Antonio Loma que el sábado pasó la mañana y tarde impartiendo clases entre pedales y radios tanto a adultos como a pequeños― y ellos sí que están obligados a llevar mascarilla.

Recogen lo necesario en las instalaciones de la escuela donde también se alquilan bicis, enfrente de la Cineteca de Matadero, y se dirigen cual chavales a la plaza central, solo falta silbar la melodía de ‘Verano azul'. Allí hay espacio para pedalear sin problema. Bueno más allá de los que a un principiante le pueden causar los peatones que pasan por allí, y otros ciclistas, y niños con patinetes, y otros jugando, y una pelota que se escapa, y un bebé que todavía se tambalea dando sus novenos o décimos pasos, y alguien caminado despistado mirando el móvil… De repente, alguien como la que escribe, que aprendió a montar en bici en las calurosas tardes de verano cuando las calles de su pueblo (que no era mío, era prestado) estaban desiertas por no sé qué manía entonces incomprensible de los adultos de echarse la siesta (quién pillara esas siestas ahora), ve mil obstáculos en aquel lugar. Pero como dice Álvaro Ventura, director de la empresa, “la bici muestra la evolución de la sociedad. El perfil típico de nuestro alumnado es una mujer mayor de 50 años que no ha tenido la opción de aprender antes, o bien porque si había bici en casa era para los varones o porque no se le dedicaba tiempo a esto. También llega mucha gente de Madrid, Madrid, que no tenía pueblo y por tanto no echaba en falta esos paseos en bici con los amigos. Y en cuanto a los niños, se nota que cada vez se tienen hijos más tarde y los padres son mayores, no es lo mismo enseñar a montar en bici con veintitantos que con 40. Y no digamos los abuelos”.

También han cambiado las maneras de enseñar. Ahora los ruedines no se llevan, retrasan el aprendizaje porque proporcionan puntos de apoyo que luego no estarán. Tanto Ventura como Loma dicen que los niños que antes se lanzan son los que han usado bicis de equilibrio y esa es la función que cumplen las plegables con los adultos. El profesor indica a Belén, la novata, la postura: sentada en el sillín y con los dos pies totalmente apoyados en el suelo tiene que empezar a caminar con la bici, tiene tres puntos de apoyo: sus piernas ligeramente flexionadas y las ruedas. Ha de ir impulsándose poco a poco, también le explica la posición de los brazos, los frenos, hay que sujetar el manillar pero no agarrarse a él como si se fuera a escapar “es como si bailaras con él”, explica Loma.

Óscar está en otro nivel: lleva una clase más. Al verle sobre la bici parece que lo hubiera hecho más veces, pero al fijarse bien se nota que todavía le falta. El objetivo del día es aprender a girar y a mirar a la vez, es decir que la bici no vaya donde él dirige su mirada, tiene que ser capaz de tener un amplio campo de visión, de girar la cabeza para observar y que eso no signifique que también tiene que girar el manillar. Luego suma una complejidad más: pedalear de pie. Ventura asegura que es una de las habilidades fundamentales para circular por Madrid: “Es una ciudad con una difícil orografía y es necesario para arrancar en cuesta”. Óscar vuelve a traerme a la cabeza las siestas de verano y ese Indurain en el Tour, cuando señalaban la envergadura del ciclista, ambos rozando el 1,90. Viendo la poca estabilidad y lo que se tambaleaba la bici de Óscar, esa niña entiende porque hablaban tanto de la altura y de lo extraordinario del pentacampeón de la vuelta francesa. Aunque claro, las circunstancias de estos dos altos no serían las mismas uno de los motivos por los que el madrileño a sus 43 años está aprendiendo a montar en bici es porque “no era tan fácil, no todos teníamos bici”. ¿Y por qué ahora? “¿Y por qué no?”, responde a quién el coronavirus le ha picado el gusanillo de usar la bici, aprender a montar y a circular. Utilizarla como medio de transporte, para ir al gimnasio o a trabajar. “Me he pasado la desescalada viendo a gente salir con las bicis y me dije que era el momento”. Hay gente pa’to. Y menos mal.


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