La crisis del coronavirus

El virus se ceba con las voces del coro de la Zarzuela

Uno de los primeros brotes de coronavirus en Madrid tumbó a una treintena de los 52 cantantes, que ahora tienen por delante una delicada recuperación y un retorno incierto

El tenor del coro del Teatro de la Zarzuela José Ricardo Sánchez recibe una clase de canto por webcam en el estudio Atocar, en Madrid, durante su período de recuperación de la covid-19.
El tenor del coro del Teatro de la Zarzuela José Ricardo Sánchez recibe una clase de canto por webcam en el estudio Atocar, en Madrid, durante su período de recuperación de la covid-19.VICTOR SAINZ

Los músicos de ópera son los Fórmula 1 de la voz. Si sufren una leve variación en la frenada lo notan. Si son intubados el daño puede acabar en siniestro total, una desgracia que el tenor del coro del Teatro de la Zarzuela Houari López esquivó por los pelos. A finales de marzo sus pulmones estaban blancos por completo, una radiografía espeluznante. Cuando una tarde quedó una cama de UCI libre, los intensivistas del hospital de Fuenlabrada (Madrid) fueron a visitarlo a la habitación 2A1 porque era un candidato. La neumóloga que le atendía a diario, Eva Prats, se había marchado a casa, pero seguía pensando en él porque lo había visto muy deteriorado —“era mi tenor”, recuerda—. Le escribió un mensaje a su compañero de guardia.

“Se lo llevan ahora”, le contestó.

“Mi prioridad era que sobreviviera porque estaba mal”, narra la doctora. Le había visto llorar porque él pensaba que nunca conocería la sonrisa de su hijo Gabriel, que está previsto que nazca en julio. A ella se le hacía un nudo en la garganta cuando él le preguntaba si lo llegaría a conocer, una emoción que ocultaba su mascarilla. Estaba muy grave, pero Prats sabía que ingresarlo en la UCI podría suponer el fin de su carrera, la pasión de este músico cubano de 44 años que de pequeño en La Habana soñaba con ser José José, el Príncipe de la Canción. El tubo endotraqueal se introduce entre las dos cuerdas vocales y puede dañar la mucosa y la vibración. Al salir de la UCI, la voz del canto sale sin brillo, mate, con poca potencia, un desastre para “sacerdotes del arte” como él define su profesión.

Instantes después, el médico de guardia volvió a escribir a Prats:

“No se lo han llevado porque le han visto usando el móvil”. Los sanitarios de la UCI lo interpretaron como una señal de que no estaba tan mal. Ella respiró aliviada.

El tenor recuerda que junto a su cama apareció una doctora “vestida de cosmonauta”. Iba cubierta de arriba abajo con un uniforme naranja. Le dijo que le iban a dar dos o tres días para decidir si lo intubaban. Y añadió: “Espero no verle nunca más”.

Por suerte la cosmonauta no volvió.

Es un riesgo habitual al que se enfrentan los cantantes de música lírica, cuyo instrumento de trabajo es hermoso y frágil como un jarrón de porcelana. Para evitar dañar sus voces, no beben, no fuman o se cubren la garganta cuando baja la temperatura. Pero tanto cuidado no ha servido para protegerles del coronavirus, que pone en riesgo dos partes del cuerpo trascendentales para ellos: las cuerdas vocales y los pulmones.

El virus se ha cebado con el coro de López, el del Teatro de la Zarzuela, donde ha caído una treintena de los 52 cantantes que ensayaban en la primera semana de marzo para interpretar la obra Policías y ladrones, parte del ciclo anual del teatro madrileño. El día 5, cuatro de ellos se dieron de baja con síntomas de covid-19. Fue uno de los primeros focos grandes en Madrid. Ese día había en la región solo 89 casos confirmados y un fallecido. Cinco días después, en el coro de la Zarzuela, el número de personas con síntomas ascendía a 27. Se optó entonces por suspender los ensayos.

No es un caso extraordinario en agrupaciones donde los cantantes están pegados hombro con hombro. En coros del resto del mundo ha habido brotes masivos. En el coro mixto de Ámsterdam, 102 de los 130 cantantes cayeron enfermos; en el coro de la Catedral de Berlín, 50 de los 160 miembros enfermaron; y en el estado de Washington, en EE UU, se infectaron 53 de los 122 integrantes de un coro compuesto mayoritariamente de personas mayores. Dos de ellos murieron. En Madrid, la enfermedad se ha llevado la vida de la mezzosoprano Mabel Perelstein.

Los expertos creen que el riesgo de contagio por la saliva es aún mayor al cantar porque el músico expulsa con más fuerza el aire de sus pulmones, pero aún no se conoce el resultado de ninguna investigación. Sí se sabe que al hablar en alto una persona enferma puede generar más de 1.000 gotas imperceptibles y que esas partículas permanecen en el aire durante ocho minutos o más, según un estudio publicado el 13 de mayo en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.

En parte por ese peligro aún no se ha determinado cómo podrían cantar de forma segura los integrantes de un coro, mientras que ya hay protocolos en España para la vuelta a la actividad de las orquestas sinfónicas. En el caso del Teatro de la Zarzuela, al no tener un espacio suficientemente amplio y debido al número de contagios, se ha decidido que es el único colectivo que no se reincorpora hasta la “nueva normalidad”. “De momento tenemos ya las partituras de las tres primeras obras de septiembre y octubre para hacer cada uno la primera lectura musical en casa”, explica el bajo Alberto Ríos.

Cuando los músicos enfermos con covid-19 salen del hospital, comienza un largo período de recuperación, no menos angustioso porque desconocen si alcanzarán su nivel profesional. Un compañero tenor de López, José Ricardo Sánchez, de 49 años, ha tenido que afrontar esa incertidumbre con paciencia y mucha ayuda de especialistas. Tras recuperarse de una neumonía bilateral, probó su canto de nuevo. Le pedía a su cerebro que emitiese una nota y no le respondía. Cuando cogía demasiado aire le entraba la tos. Lo más difícil era no deprimirse. “Esa alegría que te da el cantar la pierdes”, cuenta él.

Tuvo que explicarle a su médico de cabecera que él no era un paciente de covid-19 cualquiera para que no le diera el alta sin más. Tenía que recuperar sí o sí la capacidad pulmonar al 100%. Fue a un neumólogo para que le hiciera seguimiento; a un osteópata de deportistas porque tenía la musculatura del diafragma bloqueada; y por último ha requerido la ayuda de un foniatra.

Juan José Núñez, el foniatra, compara a los cantantes que pasan la covid-19 con el motor de un coche averiado. “Es como si les faltara un chispazo y no entrase gasolina”, dice este especialista que colabora con la Unidad de Voz del hospital 12 de Octubre. A causa de la pandemia, tienen una lista de espera de hasta cuatro meses para las consultas presenciales, que empezarán el viernes.

Se desconoce aún si el coronavirus va a dejar secuelas en los pacientes, pero los estudios tras el SARS-CoV1 y el MERS indican que los enfermos más graves, con distrés pulmonar, no se recuperan por completo, afirma el neumólogo Ferrán Morell. Esos estudios se refieren a un daño extremo al que no han llegado López o Sánchez. “Si sufren fibrosis puede que ya no lleguen a ser un Caruso, pero quien no ha estado en intensivos suele quedar bien”, dice Morel, catedrático emérito de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Carreras breves

El tiempo perdido por la pandemia es una eternidad para unos profesionales con carreras relativamente cortas. A los 35 años muchos creen que un músico es demasiado mayor, a menos que se haya hecho un nombre. Realmente la plenitud de la voz llega entre los 40 y 60 años, pero el negocio demanda juventud por cuestión de imagen.

“Se me cayó el mundo encima”, cuenta sobre su contagio Julia Cortinas, estudiante de 24 años en la Escuela Superior de Canto de Madrid. Lleva enferma desde el fin de semana del 8 de marzo. Aunque no ha sido hospitalizada y solo ha sufrido bronquitis, aún le cuesta cantar y no ha podido seguir con las clases online en la escuela, así que tiene mucho trabajo acumulado. “Quien no es cantante no le da importancia, pero Dios mío que yo me quiero dedicar a esto”, dice ella, que supo que iba a dedicarse a la lírica a los 10 años, cuando actuó en un coro de voces blancas en el Teatro Real.

El amor por la música y los sueños profesionales también mantuvo en vilo durante semanas a Alejandro Sánchez, de 27 años. El barítono peruano, compañero en la escuela de Cortinas, estuvo ingresado a mediados de marzo con una neumonía en el pulmón derecho. “¿Voy a tener secuelas? ¿Me sentiré diferente?”. Las preguntas salían a borbotones y los médicos solo le aseguraban una cosa: “Debes practicar tus ejercicios respiratorios para que mejores”.

A los cantantes no les ha faltado tenacidad, haciendo en algunos casos sacrificios extenuantes. Cuando la doctora Prats buscó una alternativa a la UCI en el caso de López, tuvo la idea de llamar al equipo de fisioterapeutas para que ayudaran a los pacientes de covid-19 a sanar sus pulmones. López estuvo hasta 15 horas boca abajo con un brazo colocado hacia arriba y otro hacia abajo, “en postura de natación”. Fue pionero en esa práctica que se ha extendido en el hospital de Fuenlabrada.

“Mi amor por la música va más allá de cualquier otra cosa. Esa perseverancia me salvó”, cree él, que acto seguido lo piensa mejor y añade. “Me salvó Dios y los especialistas maravillosos que me trataron", concluye él, que insiste en que aparezcan sus nombres y apellidos en el periódico: los fisioterapeutas Luis Jesús Molina y David Arenas, la psicoanalista Celia del Pino y la neumóloga Eva Prats, cuyo nombre en hebreo significa fuente de vida. “Aparte de doctores, serán mis amigos toda la vida”.

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