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Los balcones están vacíos en la Plaza Mayor de Chinchón

El municipio vivirá una Semana Santa diferente sin la celebración de su tradicional Pasión, que lleva realizándose ininterrumpidamente desde 1963

La Plaza Mayor de Chinchón, lugar donde se representan algunas de las escenas de La Pasión, vacía, este miércoles.
La Plaza Mayor de Chinchón, lugar donde se representan algunas de las escenas de La Pasión, vacía, este miércoles.DAVID EXPÓSITO

¡Están locos estos humanos! Un virus que parece que lleva corona (no de espinas, que es la que correspondería en plena Semana Santa) nos ha trastocado y ha conseguido que todo esté al revés. Tanto, que el lunes se encontraron san Pedro, Cristo y el cireneo y se mantuvieron a dos metros de distancia con ganas de abrazarse, pero lo único que podían hacer era contener la emoción y los “lagrimones”. La escena en la que ni el apóstol negó a su maestro, ni cantó ningún gallo, ni el cireneo ayudó a Jesús a portar la cruz, ya que no había ninguna por allí, aconteció en Chinchón, un municipio en el sureste de la Comunidad de Madrid, donde se representa la pasión viviente más antigua de la región, desde 1963. Este año, por primera vez, se ha suspendido. Ni las inclemencias del tiempo habían podido con esta tradición.

Aquí Cristo se llama Reinaldo González, tiene 46 años y es agricultor desde los 13 años que salió del colegio, incluso antes ya ayudaba a su padre. Un chinchonense de toda la vida que este año —que cumpliría dos décadas representando a Jesús de Nazaret- vivirá en casa su pasión. Bueno, en casa y en su tractor, desde el que el lunes sembraba maíz. La Covid-19 ha parado al que algunos consideran el Mesías, pero no a González. El campo no se detiene y abril es un mes de mucho trabajo -¿cuál no lo es?-. Este hortelano confiesa que estos días se refugiará también en estas tareas. El Domingo de Ramos, como no hubo pregón que abriera la Semana Santa, se fue un rato a trabajar. Tiene tierras de regadío, en la ribera del Tajuña y de secano. Olivos, vides y, como no podía ser de otra manera en Chinchón, también ajos. Una vecina, Felicidad Sáez, señala además que sus berenjenas son “dignas de ser pintadas”.

Sáez vive entre la capital y el pueblo, en la Plaza Mayor de este regenta una tienda de artesanía y recuerdos. Abre todos los fines de semana y en Semana Santa, ella, como todos allí, estaría haciendo su agosto. El palo en la economía va a ser peor y más pesado que los que forman la cruz que arrastra Cristo durante la celebración de La Pasión de Chinchón (Fiesta de Interés Turístico Nacional) el Sábado Santo. Ese es el día grande, cuando el trabajo de todo un año de preparación se muestra. Pero Sáez vive todo antes en su palco de excepción, que también funciona como bambalinas: desde los preparativos de la iluminación y el sonido, hasta los ensayos. Encima de su negocio está su vivienda y esa posición privilegiada hace que tenga medido y controlado lo que ocurre en cada momento, no necesita verlo. Según oiga el “pum pum purrum” de los tambores, o los pasos de los romanos, sabe lo que está sucediendo. Pero este año, nada. Toca quedarse en Madrid y saludar a esos vecinos, en quienes Sáez no había reparado. Qué diferente con la vida en Chinchón (algo más de 5.300 habitantes) donde se conocen todos.

Reinaldo González, que representa a Cristo en La Pasión, en su cochera con sus tractores.
Reinaldo González, que representa a Cristo en La Pasión, en su cochera con sus tractores.DAVID EXPÓSITO

Y si ahora se está dando más uso que nunca a los balcones. Estos no recuerdan una primavera más llena de vida. Los de la Plaza Mayor de Chinchón están viviendo el mundo al revés: nunca han estado tan vacíos y sin actividad. Porque si las imágenes de la Gran Vía o de la Quinta Avenida sin un alma nos parecen apocalípticas, no lo es menos la de una de las plazas más famosas de España ―en torno a la que el Sábado Santo se reunirían más de 10.000 personas, según cifras de años anteriores― también desierta.

Y si hay gente pa’to, tanto que Cristo desde enero se propone adelgazar para llegar con la apariencia adecuada a la Semana Santa. “Ahora estoy en 69/70 kilos y mi peso son unos 10 más. En verano ya los he recuperado, el trabajo en el campo es duro y necesito comer. Lo hago por gusto, no me cuesta sacrificarme. Lo llevo en el corazón”. No lo es menos Judas, el frutero de un supermercado y concejal de Cultura. “Miguelito”, dice González, que es algo así como si Jesús dijera “Iscariotito”. “Sin traición no hay pasión”, defiende su papel Miguel Hortelano Carretero, orgulloso de él y orgulloso de una tradición que mantienen unos 250 chichonenses representando las escenas de los últimos momentos de la vida de Cristo. El sábado emitirán en su canal de YouTube la grabación del año que cumplieron medio siglo. Hortelano lo verá, “¿cómo no?”. González, a quien se le nota la congoja en la voz, no sabe si podrá hacerlo sin emocionarse.

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