GENTE PARA TODO

Escribir en japonés para no pensar

Casa Asia publica en sus redes sociales varios vídeos en los que enseña algunas palabras para que sus seguidores las copien siguiendo el modelo

Una participante en un concurso de caligrafía en Tokio.
Una participante en un concurso de caligrafía en Tokio.CHRISTOPHER JUE / EFE

Mensaje número 23.994.876 al whatsapp —perdón si la cifra no es la exacta. Ya he perdido la cuenta. Que tire la primera piedra quien lleve un conteo riguroso. Aunque siendo sinceros, esta curva también la estamos aplanando, no podíamos seguir el ritmo de la primera semana de cuarentena—. Un tuit llega al grupo familiar: “Aviso para los entusiastas de la caligrafía japonesa #Shodo. En breve os ofreceremos cápsulas de vídeo formativas a cargo de nuestra profesora Madoka Kubota, y os propondremos retos para que nos enviéis vuestros propios #kanjis. Estad atentos! #QuédateEnCasa”. ¡Novedad!: no es ningún vídeo de una procesión que va del salón a la cocina con parada para saeta en el cuarto de baño. Ni vecinos de un patio interior cantando Resistiré, algunos con actitud de Cyndi Lauper, Michael Jackson​, Tina Turner o Stevie Wonder en We Are the World y otros un poco más como Bob Dylan.

¿A quién se le ocurre aprender caligrafía japonesa ahora? Quizá a alguien le dé tiempo entre videollamada y videollamada, rutinas de cardio, trabajo, cocinar para instagramear, desinfectar pomos, aplausos de las ocho y empezar a ver Perdidos (haberlos haylos). Puede que a los alumnos de Madoka Kubota, que han visto sus clases interrumpidas por el estado de alarma, pero también a más interesados por la cultura japonesa. El primer vídeo se publicó el lunes en las redes sociales de Casa Asia (Twitter, Facebook e Instagram). Son 49 segundos en las que solo se ven unas manos que con un pincel y en tinta negra escriben los dos kanjis que forman la palabra “libertad”.

Voy a intentarlo. No parece tan difícil. ¡Ja! Lo que a simple vista es un rectángulo partido en tres partes iguales con un trazo que le sale arriba, como si fuese un tupé (perdón por el sacrilegio), se convierte en un kanji (letra con significado propio, estos ideogramas tienen origen chino) de seis trazos, cada movimiento del pincel ha de empezar y terminar en un sitio exacto y mantener el grosor correcto.

Pero no solo hay que mantener las formas sobre el papel. Todo es una actitud. “Shodo [en japonés caligrafía] es el arte de la escritura, el camino de la escritura. Es el arte del trazo. La intensidad y la forma de cada uno tiene su sentido y encanto. Lo más importante es la concentración. Se escribe en silencio y solo pensamos en realizar los trazos, sintiendo el olor de la tinta. Así, automáticamente desconectamos de la vida cotidiana”, explica Kubota imprimiendo en sus palabras la misma tranquilidad que requiere el rito que cuenta. “Espalda recta, cuerpo a un puño de escritorio, papel recto enfrente. Se mira modelo, se dibuja trazo, se mira modelo, se dibuja trazo, se mira modelo, se dibuja trazo...”, repite como un mantra. Habla sin artículos porque en japonés no existen, confiesa que cuando escribe español con calma sí los pone, pero en una charla telefónica se le pasan. Evidentemente no hay ningún problema en la comprensión y así le da un carácter más cercano a la letanía: cada movimiento del pincel hay que observar y concentrarse en lo que se está haciendo. Buena receta para huir del mundanal ruido o, en los tiempos que corren, del mundanal y extraño silencio que se ha instalado en las calles. Ese es el motivo por el cual Francisco Jurado Molina, un profesor de artes plásticas de un instituto de Úbeda (Jaén), se ha animado a participar en el reto que propone Casa Asia con estos vídeos que han creado bajo el marco de la campaña #QuédateEnCasa. Solo se ha publicado el primero, colgaran, al menos, cuatro más, uno cada lunes. Los que se animen a reproducir las palabras pueden compartirlas en sus redes para que Madoka Kubota elija la mejor. “El dejar fluir el pincel, la gestualidad… me sirven para despejarme, para abstraerte de la realidad”, cuenta Jurado que ya ha colgado el resultado en Facebook e Instagram y que sigue el trabajo de la profesora. Esta propuesta le da una oportunidad que no tendría porque ella normalmente da clases en Madrid.

No lo logro: ni la postura —y no es diferente a la que hay que tener si se siguen a rajatabla las recomendaciones para teletrabajar—. Ni el abstraerme —aunque una pase la cuarentena sola, hay demasiados factores de distracción—. Ni esos trazos tan seguros que aparecen en el vídeo y de los que además se puede consultar un modelo con el orden y la dirección de cada uno (uno de los principios del shodo es no repasar la línea, no repetirla, no volver para atrás. Si sale mal hay que comenzar de nuevo). Y ya advierte la profesora que si bien el material ideal sería un pincel grueso de pelo de animal, papel de arroz y tinta hecha con hollín de pino y plantas mezclada con cola y que se puede comprar online. No es indispensable para este acercamiento a la caligrafía japonesa, sin ninguna noción y con unos rotuladores o témperas se puede conseguir. Alguien podrá, hay gente pa’to.

Pero me falla algo, o muchos algos: no es lo mismo un rotulador carioca-de-toda-la-vida, que el pincel que utiliza ella y también es importante la diferencia con un pincel despeluchado de esos que se han usado en el colegio y que no se sabe muy bien por qué vive confinado en un cajón hasta que encuentran su momento, algún lustro después de su último uso: ¡escribir “libertad” en japonés! El pincel esperaba que la libertad le liberara, diría el haiku.

Libertad es la primera palabra de este reto, el resto son: “tranquilidad”, “cielo azul”, “salud” y “solidaridad”. Todas de dos kanjis, los que forman el término de esta semana son “Ji”, que significa “uno mismo”, y “Yuu”, que quiere decir “depender de algo”. Ojalá la libertad que ahora queremos dependiera de nosotros mismos.

Archivado En:

Más información

Te puede interesar

Lo más visto en...

Top 50