Castilla y León, el oráculo que anticipó los problemas del PP
El adelanto de los comicios en la región en 2022 anticipó las victorias amargas de Extremadura y Aragón. Mañueco señala a Vox como la derechita cobarde y ruidosa


En un ambiente enrarecido por la guerra en Irán —con el mundo patas arriba las tradicionales fotos electorales con tractores o campos de alcachofas de fondo cotizan menos—, el presidente en funciones y candidato a la reelección de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, del PP, cerró el primer lunes de campaña pidiendo a los suyos “entrar a matar con el voto en las urnas” para que el análisis del día siguiente a las elecciones no sea el de las recientes victorias agridulces de su partido en Extremadura y Aragón. “La respuesta está en las urnas, no en las encuestas”, añadió, en alusión al auge de Vox.
El barón popular se ha convertido en el Ohio del partido, una especie de oráculo que anticipa los problemas de las siglas. Cuando, en 2022, Mañueco adelantó las elecciones para tratar de zafarse de su socio en el Gobierno de coalición, que en ese momento era Ciudadanos, logró el efecto contrario al pretendido: la dependencia externa aumentó y se encareció desde el punto de vista programático porque las urnas dispararon entonces a Vox. Aquel escenario se repitió en diciembre de 2025 en Extremadura y el pasado febrero en Aragón, donde los barones populares ganaron de la forma más amarga: avanzando muy poco o incluso retrocediendo para contemplar cómo aumentaba la ventaja del rival.
Escarmentado por lo ocurrido en 2022, el de Castilla y León es el único presidente autonómico del PP que en este último maratón electoral ha convocado las elecciones cuando tocaba, prorrogando presupuestos sin complejos mientras sus compañeros María Guardiola y Jorge Azcón se sacrificaban en las urnas por un argumento, el que su líder, Alberto Núñez Feijóo, repite a diario para forzar a Pedro Sánchez a adelantar las generales: que sin cuentas públicas no se puede gobernar.
“Hemos aprendido de nuestros errores”, admiten fuentes del entorno de Mañueco, que aún recuerdan la faena que les hizo en 2022 la presidenta de la Comunidad de Madrid, telonera de honor en un mitin en Valladolid. “Prefiero pactar con el partido de Ortega Lara que con quienes lo secuestraron”, dijo entonces. Tras el pelotazo de Vox en las urnas, en el PP de Castilla y León culparon a Isabel Díaz Ayuso del aumento de representación del partido de Santiago Abascal en la comunidad. De alguna forma, la lideresa había dado permiso ese día a los indecisos a votar sin miedo a la opción más extrema.
Cuatro años después, aquel enfado en las filas del PP castellanoleonés con la lideresa madrileña por sus guiños a Vox suena a prehistoria política. La comunidad se convirtió, ya con Alberto Núñez Feijóo como líder in péctore del partido —tras la defenestración del primer y hasta la fecha único presidente del PP elegido en unas primarias, Pablo Casado— en el laboratorio de los gobiernos de coalición con Vox, es decir, en el acto inaugural de la institucionalización de la extrema derecha. Por ser el primero, resultó una experiencia traumática para el PP clásico, obligado a firmar documentos donde la violencia machista era sustituida por el concepto de “violencia intrafamiliar”. Hoy es pantalla superada. En la España vaciada también se ha quedado vacío el eslogan electoral que llamaba a aglutinar el voto en torno al PP, porque su electorado tradicional sabe a estas alturas que al día siguiente de las elecciones será con Santiago Abascal con quien se sienten a negociar, como está ocurriendo simultáneamente en Extremadura y Aragón. Todas las conversaciones de los populares terminan ahora en Vox.
La formación ultra ha pasado en cuatro años de escisión a la que había que devolver a la matriz, como Ciudadanos, a socio ineludible en un consolidado matrimonio de conveniencia. Pero el PP de Mañueco trata de desgastarlos con una baza, invirtiendo el mantra de la derechita cobarde y recordando en cada mitin que fueron los de Santiago Abascal los que no se atrevieron a seguir gobernando en coalición, es decir, a gestionar y jugársela con algo más que el habitual discurso de reparto de culpas sobre los problemas que otros han de solucionar. También confían en que la candidatura del partido del agitador ultra Alvise Pérez les reste votos sin llegar a hacerse con un escaño.
Mañueco tardó apenas unos minutos en referirse a Vox desde el atril del Paraninfo del Colegio Universitario de Zamora, que estrenaba butacas (226). “Hay quienes creen que para hacerse escuchar hay que gritar, o que para ser distintos hay que ser extremos. Nosotros pensamos exactamente lo contrario. No necesitamos insultar para tener razón”, dijo. “Nosotros no somos como otros partidos que a mitad de trayecto se bajan del barco”, añadió ante un público veterano. Paco, de 88 años, explicaba al entrar que va a todos los mítines de los que se entera —“Siempre se aprende algo”— y confiesa que tiene una foto con José Luis Rodríguez Zapatero. “El principal problema en la comunidad es que no hay relevo para la agricultura y la ganadería. A mí me quedan cuatro días, ¿pero de qué va a vivir la gente joven aquí?“. Preguntado por si Mañueco era su favorito, este antiguo trabajador en la repoblación forestal, aseguró que aún no había decidido a quién va a votar, ni siquiera si lo hará —“si llueve, yo no me mojo por nadie”—, pero cree que los de Vox “se pasan un poco de la raya”.
El partido de extrema derecha saca votos de la abstención, sobre todo entre los más jóvenes. “Para ellos”, lamentan en el PP, “son la opción antisistema”. Los populares no saben calibrar aún cómo afectará la guerra a la campaña electoral. La teoría dice que el apoyo férreo de Abascal a Donald Trump debería pasarle factura, pero la práctica ya ha demostrado que Vox juega en otros parámetros y que ni siquiera necesita que la gente sepa el nombre de su candidato para votarlo. Por otro lado, la guerra ha desplazado el foco informativo a otras urgencias y escenarios. “Sin guerra seríamos el tema en todas las tertulias, pero ahora apenas se habla de nosotros a nivel nacional”, comentaban este lunes.
En todo caso, los populares confían en que la tupida red de medios digitales en la región les ayude a dar a conocer sus propuestas pese al complejo escenario internacional. Mañueco prometió este lunes en Zamora, provincia que reparte siete escaños en el Parlamento autonómico, ayudas de 900 euros a los jóvenes para que puedan sacarse el carné de conducir y de 1.800 para los que quieran aprender a manejar autobuses o camiones.
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