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“Rita Barberá, tan popular, abandonada por los suyos, tiene un personaje de película”

El cineasta Borja Soler se plantea un largometraje inspirado en la exalcaldesa, tras romper el cliché con su premiada serie ‘La ruta’ sobre la escena musical y discotequera de la Valencia de los ochenta

Ferran Bono
Borja Soler, director de la premiada serie 'La Ruta', el pasado jueves, en Madrid.
Borja Soler, director de la premiada serie 'La Ruta', el pasado jueves, en Madrid.Álvaro García

De las sombras a la luz. La luz de principios de los años ochenta, cuando se respiraba ansia de libertad en todos los sentidos, tras 40 años de dictadura, y en Valencia surgió una escena musical de vanguardia en torno a unas discotecas. Las sombras de principios de los noventa, cuando esa escena, llamada Ruta del Bakalao o Ruta Destroy, degeneró y perdió su inocencia. De 1993 a 1981, de la sombras a la luz, relata el fenómeno a través de un grupo de amigos la serie La ruta (Atresplayer Premium), dirigida por el cineasta valenciano Borja Soler, de 40 años.

La serie ha recibido buenas críticas y, tras lograr varios premios Feroz, ahora ha sido nominada en diversas categorías de los galardones latinoamericanos Platino. “Me sorprendió que de una escena musical tan poderosa, tan colorida e interesante, como fue el origen de esas discotecas como Barraca, hubiera quedado solo una imagen tan oscura y atávica de todo aquello. Nuestra voluntad era trasladar al espectador esa época a través de las historias de los personajes, de esa generación que quiere romper, que tiene otra forma de ver las cosas distinta de sus padres”, comenta el director, que se marchó a Madrid a estudiar cine y allí se estableció, creando la productora Caballo Films con un compañero de estudios, Rodrigo Sorogoyen, entre otros.

Por edad, Soler no pudo vivir la ruta y la descubrió, más allá de su estigma asociado al consumo desenfrenado de drogas, gracias al libro En éxtasis (Barlin Libros) y al podcast Valencia Destroy, de los periodistas Joan M. Oleaque y Eugenio Viñas, respectivamente. “Había una parte que, siendo valenciano, desconocía, como esa reunión de djs de la primera época. Nos propusimos mostrar esa escena musical, el fenómeno sociológico, sin ocultar nada, como el consumo de drogas que, por cierto, está ligado a cualquier movimiento cultural y musical de este tipo”, comenta.

La cuidada recreación histórica, las interpretaciones o el uso en determinados contextos del valenciano (y no solo del omnipresente nano), que hablaban muchos ruteros, aportan una notable verosimilitud a la serie, que tendrá una segunda temporada. “Estamos en la fase de desarrollo. Sabemos que continuará en Ibiza y que la conexión es el personaje de Marc, pero por ahora no podemos decir mucho más”, apunta el cineasta.

Soler sostiene que la mirada hacia los valencianos basada en el cliché de “fiesta y corrupción” se ha ido diluyendo en los últimos años. El punto de vista desde dónde se cuenta la historia es determinante. Durante muchos años, el foco se puso en la movida madrileña, y “todo lo que pasaba fuera de aquello” no tenía apenas relevancia, como la ruta valenciana, la movida de Vigo, la contracultura catalana o el rock radical vasco, “cuando había tantas interconexiones entre ellos”, apunta.

Madrid sigue siendo el epicentro de la industria audiovisual. “Las instituciones y el músculo financiero están en Madrid y es complicado descentralizar el sector en ese sentido, pero desde el punto de vista de las miradas, de las historias de los personajes, el panorama es mucho más amplio. No hay más que echar un vistazo a las que compiten como mejor película en los Goya, ninguna transcurre en Madrid”, señala. Se refiere a Alcarràs (Lleida), As Bestas (Galicia), Cinco lobitos (País Vasco), La maternal (Aragón y Cataluña) y Modelo 77 (Barcelona y otras ciudades).

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Soler participó en 2013 como “realizador de la parte técnica” del premiado Stockholm, primer largometraje dirigido por Sorogoyen, que coprodujo Caballo Films. Y ha dirigido varios cortos, entre ellos, Mindanao, nominado al Goya en 2021, que se inspiró en algunos aspectos en la que fuera alcaldesa de Valencia, la popular Rita Barberá, fallecida en 2016. La protagonista, una inmensa Carmen Machi, es Marisol, una alcaldesa que pasa sus últimas horas en libertad, acusada de corrupción, en una prolongada farra rodeada de su séquito más fiel. En la hoguera de vanidades y banalidades prendida en la habitación de un hotel playero, también hay espacio para una poderosa y crepuscular historia de amor lésbico.

El cineasta se plantea ahora dirigir un largometraje con mimbres parecidos. “El personaje de Rita Barberá me atrae mucho por varios motivos. Representa una parte de la forma de ser de los valencianos, habla de una forma de hacer política.. Fue tan popular, una reina a nivel nacional, y fue tan fuerte luego su decadencia, dejándola de lado, con aquellas imágenes, dos días antes de declarar, con sus propios compañeros huyendo de ella, haciéndose los suecos cuando ella los llamaba. Alguien con ese pasado se queda solo. Es un personaje tierno y oscuro. Rita Barberá, tan popular, abandonada por los suyos, tiene un personaje de película. La idea es escribir un largometraje creando un personaje, fabulando, a partir de todo esto”, explica. Cuenta con la escritura de Clara Botas, una de las guionista de La ruta.

Sobre la firma

Ferran Bono
Redactor de EL PAÍS en la Comunidad Valenciana. Con anterioridad, ha ejercido como jefe de sección de Cultura. Licenciado en Lengua Española y Filología Catalana por la Universitat de València y máster UAM-EL PAÍS, ha desarrollado la mayor parte de su trayectoria periodística en el campo de la cultura.

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