MÚSICA

Tenda, linaje rock en canciones cargadas de futuro

El joven cuarteto valenciano presenta este viernes su segundo álbum en la sala Jerusalem de València, con las entradas a punto de agotarse

Los integrantes de Tenda.
Los integrantes de Tenda.MARÍA MUÑOZ VARO

El pop y el rock hechos con guitarras, esa música teóricamente abocada a la extinción, condenada al ninguneo al que las nuevas músicas urbanas y los géneros caribeños (reggaeton y demás) parecen someterla... ¿Es realmente así? Los hechos se empeñan en negarlo, o al menos matizarlo (y mucho): se suceden las generaciones y jóvenes que apenas rebasan los veinte años siguen empuñando esos instrumentos y manejando aquellos referentes que fueron santo y seña de un siglo XX cuyos ecos tardan en apagarse.

Bien puede ser el caso, o más bien lo es, de los valencianos Tenda, un cuarteto que asume como propias las influencias de “Arctic Monkeys, Cage the Elephant, U2 o The Beatles”, tal y como confiesan. Dos pies en la tradición y otros dos en el presente siglo, vaya. Referentes bien conocidos los que maneja el joven cuarteto, que obtuvo el premi Ovidi de 2020 a mejor grupo revelación y ya esgrime dos álbumes en su currículo. El segundo de ellos, Última generació (n) (2022) – escrito así, con ese paréntesis final que revela, entre otras cosas, que se manejan expresivamente en valenciano y en castellano –, lo presentan esta noche en la céntrica sala Jerusalem de València a partir de las 21.00, con las entradas (su medio millar de aforo) a punto de agotarse.

“Lo que más escuchamos son grupos como esos, pero a la hora de arreglar las canciones son las influencias de cada uno las que le dan el toque especial a nuestro sonido final”, comenta Claudi Penalba, guitarrista y vocalista del cuarteto que completan Martín Tarrasó a la otra guitarra y voz principal, Evarist Caselles al bajo y Guillem Magraner a la batería.

Una de las grandes particularidades de Tenda es la estrecha relación que sus miembros mantienen con la música, algo que les viene prácticamente de cuna: Claudi es hijo del cantante y guitarrista Borja Penalba (a quien últimamente hemos visto formando tándem con Maria del Mar Bonet), Martín es hijo de Kike Tarrasó (cantante de Girasoules, la banda valenciana surgida en los 90, ahora inmerso en su proyecto Hear Endless) y Evarist es primo de Carles Caselles, vocalista de Smoking Souls, quien precisamente pone su voz en Tard, uno de los cortes de este segundo álbum. De casta le viene al galgo, como se suele decir. Un linaje que para ellos no supone una responsabilidad añadida, sino más bien un estímulo: “El hecho de tener músicos en la familia es una suerte, porque hemos aprendido a escuchar sus experiencias y consejos siempre que hemos tenido alguna duda”, dice Claudi, quien abunda en que “en general, agradecemos a todas nuestras familias su apoyo incondicional y el crear un ambiente tan bonito para expresarnos y desarrollar este proyecto con total libertad”.

Respecto a la dualidad entre el empleo del valenciano o del castellano como herramienta expresiva, afirma que “la posibilidad de escribir en varias lenguas ofrece riqueza a la música, y según lo que nos apetezca, en cada tema sale en una lengua o en otra”. ¿Y qué es lo que les apetece expresar? Su particular visión sobre el mundo que les rodea, haciendo gala de conciencia medioambiental, histórica y social: “Este disco trata temas de vital importancia en la sociedad actual, como el cambio climático, la memoria histórica y la empatía por las otras personas, que es algo que nos concierne a todos: de hecho el título es un llamamiento a la acción, porque en cada uno, de la edad que sea, está el poder del cambio”, dice Claudi Penalba.

Y es que las canciones de Última generació (n) (2022), a diferencia de las que integraban su primer álbum, el homónimo Tenda (2019), sí responden a un concepto más unitario: “Es la evolución de lo aprendido en el anterior, pero digamos que con un cierto aspecto conceptual que le da cohesión, y con letras que parecen más oscuras, pero nacen de la más sincera esperanza”, afirma. Como las luces y sombras de la realidad que les rodea, tal cual.

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Son las suyas unas canciones que emergen como armas cargadas de futuro, y que tras presentaciones como la de esta noche en la sala Jerusalem esperan algún día poder presentar en grandes festivales también fuera de la Comunidad Valenciana. Tienen hechuras para ello. Y por pedir, que no quede, desde luego. ¿Algún deseo en particular? “El Mad Cool siempre ha sido un festival con un pedazo de cartel, en el que nos encantaría tocar allí algún día, pero bueno, al fin y al cabo queremos tocar donde podamos y donde quieran contar con nosotros”.



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