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Salvador Illa
Opinión

Salvador Illa no entra al trapo

Hay un tipo de respuestas del ‘president’ que contribuye a esa sensación de que tiene prisa por terminar un trámite engorroso

Sesión de control al presidente de la Generalitat de Cataluña, Salvador Illa, en el Parlament de Catalunya.GIANLUCA BATTISTA

Se diría que a Salvador Illa le da pereza el Parlament. Se le nota en estas sesiones de control de cada dos miércoles, cuando despacha muchas de las preguntas de la oposición con réplicas genéricas y sin apurar el tiempo disponible. Para que se hagan una idea: cada portavoz dispone para su pregunta de dos minutos y medio divididos en dos turnos, y lo mismo vale para las respuestas del president. Pues bien, este mismo miércoles, a Illa le han sobrado 1:07 minutos en su respuesta a Junts per Catalunya, 1:17 con el Partido Popular (PP), y 1:33 al contestar a los Comunes. Y son sólo tres ejemplos de un patrón que se repite a menudo.

Del mismo modo, hay un tipo de respuestas que contribuye a esa sensación de que el presidente de la Generalitat tiene prisa por terminar un trámite engorroso y volver a la gestión, a lo concreto, a tomar decisiones: son respuestas generales, que no entran al trapo ni al meollo de la cuestión sino que lo sobrevuelan. A veces, rematando la intervención con ataques globales al adversario de turno. Dos ejemplos de la última sesión: “Usted [Alejandro Fernández, portavoz del PP] forma parte de un partido que (…) no se pone al lado de nuestro país para defendernos de las amenazas de Netanyahu”, y “usted [Ignacio Garriga, jefe de filas de Vox] es Trump, que persigue inmigrantes por las calles de EEUU, usted es Orbán, que por cierto ha perdido las elecciones, y yo estoy más cerca del papa León XIV”.

Se puede entender que resulte tedioso escuchar repetidamente argumentos poco originales o aguantar las cataratas de afirmaciones de brocha gorda y sin base de la extrema derecha, por poner un ejemplo. Pero sorprende, en ocasiones, ver cómo el president rehúsa aportar una argumentación más concreta para rebatirlas.

Este miércoles, el tema estrella era la abstención de los concejales socialistas de Ripoll que permitió la aprobación de los presupuestos de Aliança Catalana. Illa negó connivencia con la líder ultra Sílvia Orriols, asegurando: “Ni yo ni mi partido pactaremos con quien defiende discursos de odio”. Pero se echó en falta algún detalle que pudiera explicar cómo pudo suceder que la sección local del PSC actuara sin conocimiento de la dirección. Porque, hasta el momento en que se expulsó a los ediles, el grupo socialista del ayuntamiento sí facilitó el camino a AC. El partido actuó de inmediato, pero a posteriori. Este asunto, por otra parte, ha puesto de relieve las dificultades de encontrar la mejor estrategia contra las formaciones ultras cuando tienen el viento a favor. Sólo había que ver la satisfacción de Orriols hoy en el hemiciclo, ironizando con lo ocurrido y con regalos verbales a Esquerra y Junts. Este domingo, en este periódico, el analista Claudi Pérez aportaba alguna propuesta tras la derrota de Orbán en Hungría: “Más que ideas abstractas, Magyar [vencedor de las elecciones] ha ido directamente a una diana, la economía y el poder adquisitivo.”

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