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Viento
Análisis

Cerrado por viento: sí es para tanto

Ya no vivimos en un entorno apacible donde nunca pasa nada: adaptar nuestro ritmo de vida a la meteorología extrema es imprescindible

Caída de un árbol en la calle Marina de Barcelona, este jueves.Alejandro García (EFE)

Si usted lee estas líneas desde el Empordà, el valle del Ebro o cualquier otra zona acostumbrada a vientos huracanados es muy probable que haya fruncido el ceño con este titular escrito desde la muy centralista Barcelona. Seguramente estará aún más enfadado si tiene a los niños en casa sin hacer nada y le han cancelado el tren. Hoy hay vientos extremos en la capital catalana y alrededores y Protección Civil de la Generalitat ha optado por cerrar escuelas, universidades, posponer procesos hospitalarios no urgentes y dejar el transporte ferroviario al ralentí en toda Cataluña. Una más de unos gobernantes que solo ven la realidad desde su diminuto centro de poder, pensarán algunos.

La realidad es que el episodio de viento que hoy vive Barcelona y los casi cinco millones de habitantes que viven en su zona de influencia no es normal. La última vez que el viento sopló con esta rabia en las áreas más pobladas de Cataluña, el 25 de enero de 2009, hasta siete personas murieron en varios accidentes y decenas resultaron heridas de diversa consideración. Lo más grave ocurrió en Sant Boi de Llobregat, cuando cuatro niños murieron al caerles encima el techo del polideportivo donde entrenaban.

Mucho han cambiado desde entonces los planes de gestión de emergencias. Se han perfeccionado las predicciones meteorológicas, se han afinado los avisos por peligro y se han puesto en marcha las famosas ES-Alert que nos hacen saltar de la silla cada vez que salen con estrépito de nuestros teléfonos móviles.

Pero queda mucho por hacer para concienciar sobre las emergencias en nuestras latitudes. Acostumbrados a un clima mayormente apacible, los mediterráneos nos hemos sentido siempre a salvo de desgracias que solíamos ver por televisión en otras latitudes y que veíamos con un “ay, pobre gente”, antes de cambiar de canal. Los fenómenos extremos son cada vez más frecuentes, afectan a zonas más amplias y obligan a cambiar costumbres en una población que, al mismo tiempo, cada vez es más perezosa a la hora de informarse con anticipación y con fuentes fiables de lo que está por venir. No, en TikTok hay mucho video catastrofista, pero falta información fiable.

Más allá de campañas que ayuden a tomar conciencia de que ya no vivimos en un entorno tan apacible y alejado de los riesgos naturales como solemos pensar, los poderes públicos también tienen deberes por hacer. Seguramente habrá que aprender a zonificar mejor las zonas de riesgo para que lo que es un peligro en una comarca no deje sin escuela áreas que están acostumbradas a él. También se tendrán que ajustar mejor los envíos de mensajes ES-Alert. No puede ser que haya miles de móviles que sigan sin recibirlos por problemas con las redes. Y habrá que preparar el urbanismo para que los tejados de centros comerciales o edificios públicos no salgan volando ante episodios que, aunque sean poco frecuentes, ya no son imposibles. y, ya puestos a pedir, y antes de que alguien haga alguna barbaridad, sería bueno que los trenes solo funcionen mal en días de meteorología extrema como este.

Hoy hay viento en Barcelona, sí. Hay un peligro real en una zona con cinco millones de habitantes, muy densamente poblada, poco acostumbrada al fenómeno y que obliga a tomar medidas poco populares. Cerrar era una opción más que prudente. Ya nos disculparán los vecinos del Empordà.

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