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Sevdaliza y Folamour prenden la primera jornada del Sónar

El festival arrancó melancólico en las manos locales de pablopablo y Judeline

La artista iraní Sevdaliza en la primera jornada del Sónar, este jueves.
La artista iraní Sevdaliza en la primera jornada del Sónar, este jueves.massimiliano minocri

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En el Sónar puede parecer que la capacidad de sorpresa se ha colmado tras 31 ediciones, pero acercarse al recinto diurno creyéndoselo sólo conduce a sorprenderse aún más. A las 16:00 de este jueves un señor de unos cincuenta años, sin aspecto de desnortado ni de indigente, bailaba bajo un árbol en la avenida Maria Cristina movido por el bombo del Village. Con gafas, por supuesto, se puede carecer de entrada, “no me hace falta”, dijo al ser preguntado, pero no de estilo: las gafas de sol parecen obligadas. Incluso en la primera edición en muchos años en la que el incio del festival no trae los calores del verano a la ciudad. No ha llovido como en el Primavera o como en Rammstein, pero el calor no era riguroso e incluso un vientecillo suave rebajaba la sensación térmica. Pero el Sónar ha comenzado, sin apreturas, la jornada del jueves suele ser tranquila y no impone caminar esquivando colisiones, y en las primeras horas lo hizo a paso lento antes de que Sevdaliza o, ya cerrando la jornada, Folamour pusiesen al público en pie de euforia.

Otra característica del Sónar: los misterios. Bajo el nobre de COU (resonancias de planes educativos añejos), un trío catalán se presentaba casi en secreto. De espaldas al público, en la penumbra del Complex, haciendo una mezcla entre electrónica, jazz, dub y algo que podía considerarse progresivo, con instrumentos y sonidos analógicos, sentándose en escena para escuchar ellos mismos el último tema, resultó que estaban comandados por Joan Pons, El Petit de Cal Eril en otras vidas. La primera en la frente, puro Sonar. La segunda, un cantautor haciendo una ranchera con su guitarra. Se llama pablopablo, quizás para acentuar misterios interpretó algunos temas nuevos, usó su tenue voz acercándose al falsete y con su música a cámara lenta bordeó el aburrimiento. Es hijo de Jorge Drexler, y sólo concedió algún éxito como Otra vida o Sidekick, que en disco canta con Guitarricadelafuente.

Justo después la calma siguió reinando con el primer tramo de la actuacion de Judeline, de blanco impoluto, maquillaje en frente incluido y unos finos tacones que a punto estuvieron de darle un disgusto al bajar de la escalera que dominaba el escenario. Tiene una gran voz que modula con sensualidad, aunque la dicción oculta sus palabras. Con aire exangüe se dejó ver y el ritmo sólo apareció al final en temas como Zahara, un maravilloso reggaeton suave para mecerse, La tortura, excelente versión de Shakira o Mangata. Tiene muchos mimbres esta gaditana de Barbate que de adolescente soñaba con el festival que ayer la vio reivindicar al pueblo palestino como antes había hecho en el Village Huda, madrileña de origen magrebí.

Asistentes del Sonar en la pista del escenario Sonar Vilage, este jueves.
Asistentes del Sonar en la pista del escenario Sonar Vilage, este jueves.massimiliano minocri

Con estos antecedentes, lo de Sevdaliza fue una sacudida. Llevaba botas, pero planas, y así pudo bailar a gusto en temas como Samsara o Nothing Lasts Forever editado junto a Grimes. Eso fue en la parte final de su actuación en el Hall que se llenó por vez primera. Entre el tri-hop y la electrónica acelerada, con ribetes de rhythm and blues y arranques de temas que evocan a Sade, el inicio de Good Torture recuerda a Smooth Operator, esta iraní afincada en Países Bajos, marcó uno de los puntos álgidos de la jornada.

En el Village, el espacio abierto del festival, el baile ya se había soltado. El Sónar es el reino de los graves, y pueden ser usados para el hedonismo a secas, o para el hedonismo concienciado, como el de la sudafricana Toya Delazi, que como rapera enarboló el zulú como idioma musical. Cerrando esta primera jornada Folamour ya desató el hedonismo con mayúsculas a base de house y funk en una sesión para la euforia. La primera en tres días. El Sónar ya palpita.

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