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Los alumnos opinan sobre los malos resultados del informe PISA: “Estudias para el examen, pero no entiendes qué estudias”

EL PAÍS reúne a una decena de adolescentes para analizar los motivos de los malos resultados educativos y hacer propuestas que los ayuden a mejorar

Alumnos durante una clase en un instituto de Barcelona, en una imagen de archivo.
Alumnos durante una clase en un instituto de Barcelona, en una imagen de archivo.

¿Qué falla en el sistema educativo? ¿Por qué los alumnos tienen un bajo rendimiento? Académicos, profesores y comité de expertos se estrujan el cerebro estos días para analizar los problemas y plantear propuestas, especialmente tras el varapalo del informe PISA. Pero ¿qué piensan sus verdaderos protagonistas? ELPAÍS ha charlado con una decena de alumnos de 1º de bachillerato -que ya han cursado la ESO y se han sometido a las pruebas de competencias básicas- de varios institutos públicos de Barcelona y el Vallès Occidental de complejidad media (ni centros de élite ni guetos), que no se identifican para garantizar que los jóvenes se expresan con libertad. Los alumnos se quejan del bajo nivel de la ESO, piden formas de aprendizaje más dinámicas y prácticas, lamentan la poca atención hacia los problemas de salud mental y piden un profesorado más pendiente en qué y cómo se aprende, y no en simplemente recitar la lección.

Si algún punto genera un gran consenso entre los jóvenes consultados es en que admiten la falta de motivación por algunas clases. Rechazan el método clásico de las clases más magistrales y piden más dinamismo y más práctica. “Algunas clases son leer y hacer ejercicios, pero no te explican nada. Hay profesores que no escriben nada en la pizarra y a lo mejor a mi me cuesta entender un concepto y necesito un esquema o una explicación en la pizarra, porque para leer un libro ya lo puedo hacer yo en casa”, apunta Ginebra. “Estudiamos para aprobar el examen, pero no entiendes lo que estudias y así no le ves la utilidad y tampoco hay una motivación”, añade Irene.

Otros ven un nivel excesivamente bajo en la secundaria. “Me he pasado la ESO sin hacer nada, jugaba durante las clases y después sacaba buenas notas. En bachillerato he aprendido a tomar apuntes”, admite Max. De hecho, muchos alumnos se quejan de carencias en la ESO y problemas en la programación y continuidad entre los cursos. Sergi cursó la ESO en una concertada y se pasó este año al público. “Ahora me piden contenidos de Matemáticas o Física que no he hecho en la ESO. Y los profesores dan su temario, así que te tienes que espabilar”. Estas carencias pueden convertirse en una cadena peligrosa, especialmente para los alumnos más rezagados o con más dificultades de aprendizaje. “Si suspendes el primer parcial porque no has entendido cosas, es difícil aprobar el segundo porque los contenidos son acumulativos. Y si ya empiezas mal el curso y arrastras carencias, puede ser que suspendas mucho y entonces piensas que no vales e incluso te planteas retirarte”, remata Ginebra.

“El nivel en primaria y ESO es bajo, y cuando llegas a bachillerato te faltan cosas”

Varios jóvenes también ponen en evidencia el exceso de temario y poco tiempo que se encuentran en bachillerato. “El año pasado hacíamos tres horas de mates, y este año, dos, pero con el mismo volumen de temario. Entonces, el profesor no tiene tiempo porque se ve obligado a hacer todo el temario rápido, pero sin profundizar, ni explicar de forma práctica, y eso perjudica a los alumnos que les cuesta más”, lamenta Alex. “Los profesores no paran, siguen su ritmo, y si eres un alumno que puedes seguir, perfecto, pero si no puedes, te quedas atrás”, añade Marc.

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Los exámenes

Los alumnos consultados se sometieron el curso pasado a las pruebas de competencias básicas, en que los resultados en lenguas y Matemáticas se mantienen por los suelos. Los jóvenes consideran que “las Matemáticas no se enseñan bien”. “El nivel en primaria y ESO es bajo y se repite mucho, y cuando llegas a bachillerato ves que te faltan cosas”, lamente Ona. Otros alumnos se quejan también de las nuevas pedagogías. “Los métodos innovadores a veces llegan a un punto en que algunos aprendizajes se disuelven y no avanzas. Yo no digo que haya que volver a métodos antiguos, pero sí a algo intermedio”, añade Chloe.

Carla también se encontró carencias con las lenguas. “La profesora se saltó una práctica donde había que hacer un resumen, diciendo que todo el mundo ya sabía hacerlo. Pero no es así, no te enseñan a hacer resúmenes, a hacer esquemas o estudiar de forma práctica. Te enseñan a memorizar y solo importa la nota final, no todo el proceso de aprendizaje, y te felicitan más si sacas un 10, que no a alguien que ha mejorado durante un largo proceso”. “Si solo memorizas para el examen, acabas olvidando las cosas. Y si entras en la rueda memorizar-hacer examen-olvidar, te encuentras que cuando llegas al bachillerato necesitas algunos de esos conceptos. Deberían enseñarte formas para retener esos conceptos”, propone Ginebra.

En general, los alumnos rechazan que los exámenes tengan tanto peso en las notas y piden que se tenga más en cuenta en trabajo en el aula. Y es que los exámenes, admiten todos, les generan un fuerte estrés y consideran que no reflejan lo que realmente sabe el alumno. “En el momento que tienes un papel delante y sabes que te la estás jugando te pones nervioso y puedes suspender, aunque el resto lo tengas bien”, deplora Chloe.

“Los profesores siguen su ritmo. Si puedes seguir, perfecto, si no te quedas atrás”

Max no lo ve así y considera que la clave está en la motivación y en una buena disciplina. “No puedes tener un mal día en todos los exámenes. Yo no creo que a mí me cueste menos, pero busqué un método y ahora estudio 15 minutos al día, un poco más antes del examen. Yo creo que, si todo el mundo estuviera motivado, sacaría buenas notas”. Matías también se muestra autocrítico con los adolescentes actual: “Hay mucho confort y mucha inmadurez, y eso juega en contra de los estudios. También mucha protección. Para mí es normal que nos hagan leer 40 páginas, pero a lo mejor para otros no”.

Sobre las pruebas de competencias básicas, las diferentes opiniones versan hacia una desconfianza hacia ellas: una comenta la gran diferencia de dificultad entre las materias, mientras que otros reconocer haber obtenido buenos resultados, ya que se estuvieron preparando para ellas. “Estuvimos semanas entrenándonos porque al centro le interesa sacar buenos resultados y dar una imagen de que el instituto tiene un nivel alto y así atraer a las familias”, manifiesta uno de los alumnos. Otros se opusieron a las pruebas y no las hicieron. Como Max, que argumenta que “la educación no debe ser una competición”, o Chloe, quien considera que no aportan nada para su futuro, “así que no valía la pena estar sufriendo por unas pruebas”.

Propuestas de mejora

Los alumnos tienen su propia lista de propuestas para mejorar el sistema educativo. Por un lado, piden subir el nivel de la ESO, rebajar el peso de los exámenes, pero también una continuidad en las metodologías y evitar el desajuste de estar estudiando por competencias y proyectos durante la primaria y con métodos tradicionales y memorísticos en la ESO. De forma mayoritaria, los alumnos prefieren la primera. “Cuando empecé la ESO era todo libro-ejercicio-examen. En un examen vas nervioso y solo tienes que memorizar para un examen. Pero cuando haces proyectos y prácticas se te quedan más las cosas, lo haces con ganas y más tranquilo, haces todo un proceso, reflexionas y te despierta interés. Creo que las notas subirían si los alumnos tienen interés por aprender, no como ahora, que aprendes por la presión del colegio o de la familia”, reflexiona Sergi.

Este mismo joven también reclama a parte del profesorado una visión más atenta y humana hacia los alumnos. “Las clases se tienen que adaptar a los alumnos que más les cuesta, especialmente si estos muestran ganas y ves que se esfuerzan, dedican tiempo, dejan extraescolares para dedicarse a los estudios… Los profesores tienen que poder ayudarles porque quieren tener un buen futuro y si les abandonas, ellos se sienten solos y eso genera estrés y problemas de angustia y de salud mental. Y todo acaba como acaba”.

Desamparo ante los problemas de salud mental

Los alumnos entrevistados estaban en 1º de la ESO en el confinamiento, que supuso un reto para la salud mental de los adolescentes. Muchos de ellos consideran que estos temas son todavía tabús y sienten cierto desamparo e incomprensión. “Te piden ser organizada y tener confianza en ti misma, pero no nos han enseñado a tenerla. Y entonces cuando sacas malas notas te frustras porque piensas que no llegará donde tú quieres”, dice Irene. Carla se expresa en la misma línea: “Cuando suspendes un examen, a veces los profesores te dicen que no pasa nada. Pero sí pasa, porque yo quiero sacar buena nota para entrar en la carrera que quiero. Entonces me pongo la presión y me genera malestar conmigo misma”.

Matías, que pasó y sufrió la covid en su memoria, considera que la pandemia se usa demasiado como justificación. “Ya pasaron cuatro años, creo que se utiliza como excusa para protegernos y tratarnos como niños y eso genera una generación débil e inmadura y hace que no sepan afrontar ciertas situaciones y que un examen genere ansiedad y depresión. Y si me agobio, no vengo a clase y entonces me voy a fumar o de fiesta. Hay que dar más herramientas para fortalecerlos y hacerlos más autónomos”.

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