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Un osteópata acusado de abusos sexuales a 23 pacientes: “Hago presión fuerte en esas zonas para evitar malentendidos”

La Fiscalía pide 92 años de cárcel y 280.000 euros de indemnización para un fisioterapeuta

Jesús García Bueno
La zona de custodia de la Ciudad de la Justicia.
La zona de custodia de la Ciudad de la Justicia.GIANLUCA BATTISTA

El osteópata y fisioterapeuta Sergi M. aguarda en libertad el juicio por abusar, presuntamente, de 23 pacientes, todas mujeres, en Barcelona. La Fiscalía, que pide una condena de 92 años de cárcel, le acusa de utilizar las sesiones para “satisfacer sus apetencias sexuales” mediante tocamientos en el pecho, la vagina y el ano que ellas no habían consentido y que nada tenían que ver con la cura de sus dolencias, en algunos casos vinculadas con el embarazo y el parto. El hombre niega los hechos y asegura que actuó de forma profesional y por el bien de sus pacientes: “Siempre que toco en estas zonas hago presión fuerte para evitar malos entendidos”, afirmó en junio de 2017 en su declaración ante el juez, que le mantuvo durante ocho meses en prisión provisional.

Sergi M. se diplomó como fisioterapeuta por la Universidad de Barcelona en 2007 y, más tarde, se especializó en osteopatía pediátrica. Atendía a las pacientes en su domicilio, en Sant Cugat del Vallès, y también en una clínica del centro de Barcelona (Néixer a casa) integrada por comadronas que ayudan a las mujeres que desean parir en el hogar. “Lo conocía como especialista en bebés con problemas de lactancia materna. Era muy bueno y le alquilamos una de las consultas de nuestro centro. Venía dos días a la semana y estaba allí unas horas. No sospechamos nada”, cuenta por teléfono la mujer que puso en marcha la clínica.

A oídos de esa comadrona llegó la primera denuncia de una mujer que se había mostrado molesta con los tocamientos del osteópata durante una de sus sesiones. “Ese día empezamos a preguntar a otras pacientes si se habían sentido mal. Dos más nos dijeron que sí. Llamamos a Sergi al despacho y le pedimos que se largara de allí. Estábamos muy enfadadas”, explica. Néixer a casa ya se ha disuelto, pero figura como responsable civil subsidiario en la causa. La Fiscalía pide a Sergi M. que pague una indemnización de 280.000 euros para las 23 presuntas víctimas (entre 10.000 y 25.000 euros para cada una, en función de la gravedad de los hechos). Si el osteópata no paga, la clínica deberá afrontar la reparación.

La Fiscalía también pide que se le inhabilite para ejercer como fisioterapeuta. Tras conocer los hechos, el Colegio de Fisioterapeutas de Cataluña le abrió un expediente disciplinario que quedó en suspenso hasta que se dicte sentencia. En un comunicado remitido a este diario, el colegio afirma que “colaboró de manera activa con las autoridades” y recuerda que “facilita los canales de denuncia para denunciar posibles casos de mala praxis”.

Con las primeras denuncias en la mano, los Mossos d’Esquadra iniciaron una investigación y detuvieron al osteópata en enero de 2017. La policía concluyó que “hacía movimientos circulares en los genitales y en el pecho” de las mujeres que no tenían ninguna justificación con su tratamiento. La defensa de Sergi M. arremete contra los Mossos por haber difundido una noticia que provocó un “efecto llamada” e hizo que pacientes que “en su momento no habían hallado motivos para denunciar” se “retroalimentaran” mediante grupos de WhatsApp y conversaciones y acabaran denunciando los hechos. Algunas, denuncia, lo hicieron mucho tiempo después de haber recibido el tratamiento.

Lo cierto es que hay 23 mujeres que han denunciado a Sergi M. por abusos sexuales y que tienen la condición de víctimas. Los hechos ocurrieron entre 2014 y 2016 en el domicilio de Sant Cugat y en la consulta de Barcelona. La Fiscalía subraya que, en todos los casos, el osteópata actuó “con ánimo de satisfacer sus apetencias sexuales y sin el consentimiento” de las pacientes, que experimentaron sensaciones de incomodidad, malestar y, en algunos casos, dolor.

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A. acudió por problemas estomacales; el osteópata le “quitó la camiseta para facilitar el acceso a los senos y le presionó muy fuerte”; después “le separó los labios vaginales y le tocó en un punto donde le causó fuerte dolor, haciendo movimientos circulares que la víctima no entendió”, relata la Fiscalía. En una ocasión le introdujo un dedo en la vagina y otro en el ano, acciones que “ninguna tenía relación con el tratamiento solicitado por la víctima”. B. quedó “en estado de shock” cuando le hizo friegas en el pubis por problemas de espalda. C., que también había acudido por dolor de espalda, percibió cómo le tocaba “los pechos de forma sensual” y “el clítoris de forma circular”; se sintió incómoda y le pidió que parase. A D. le metió el dedo en el ano sin protección y a E. le masajeó con ritmo ascendente la vagina, según algunos de los relatos que recoge el escrito de acusación.

La defensa insiste en que Sergi M. nunca tuvo un “propósito distinto al terapéutico y curativo” y señala que, en osteopatía, “que una paciente que acude a la consulta con dolor de pie o de espalda o cervicales pueda tener una intervención en la zona púbica no constituye ninguna extrañeza ni sombra de criminalidad”. El fisioterapeuta admite, si acaso, mala praxis (en algunas ocasiones no empleaba guantes) pero no un delito, y subraya que atendía a las pacientes “con la puerta siempre abierta”.

El juez que instruyó el caso, Joaquín Aguirre, ordenó al Colegio de Fisioterapeutas de Cataluña un informe pericial para ver si su conducta se ajustaba a la práctica. Los peritos admitieron que la zona corporal de tratamiento obstétrico y ginecológico “es la genital, lo que incluye la vagina y el ano”. Pero valoraron que Sergi M. no había actuado siempre de forma correcta. Igual que los Mossos y que la Fiscalía, la comadrona que dirigió Néixer a casa lo tiene claro: “Una intervención así debe ir acompañada de un consentimiento expreso y firmado, y pactarse antes, no practicarla el mismo día de la sesión”. El juicio se celebra el próximo 2 de mayo.

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Sobre la firma

Jesús García Bueno
Periodista especializado en información judicial. Ha desarrollado su carrera en la redacción de Barcelona, donde ha cubierto escándalos de corrupción y el procés. Licenciado por la UAB, ha sido profesor universitario. Ha colaborado en el programa 'Salvados' y como investigador en el documental '800 metros' de Netflix, sobre los atentados del 17-A.

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