Ciudadanos naufraga en su cuna catalana

El partido, que se alimentó de la bandera ‘antiprocés’, ahora en horas bajas, encadena crisis y la implosión de sus grupos municipales

Militantes de Ciudadanos portan una bandera de España en la manifestación del Doce de Octubre.
Militantes de Ciudadanos portan una bandera de España en la manifestación del Doce de Octubre.Albert Garcia

“Mis dos compañeros me han destituido como presidenta del grupo en represalia por no querer sumarme a una trama en contra del partido”. Luz Guilarte, concejal de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Barcelona, compareció el lunes para leer un discurso de 10 minutos y anunciar que renunciaba al acta y a ser cabeza de lista en las elecciones municipales de 2023. Tranquila y sin aceptar preguntas, Guilarte insinuó la conspiración, negada por sus excompañeros Paco Sierra y Noemí Martí, reflejando la implosión del grupo: de seis ediles que obtuvieron acta en 2019, dos se fueron el primer día por votar a favor de que Ada Colau revalidara la alcaldía —Manuel Valls, que abandonó la institución, y Eva Parera, que ha fundado Valents, otro partido—; una tercera edil apoya esa nueva formación y es no adscrita; y otros dos se arriesgan a ser expulsados del partido y critican la falta de democracia interna en el partido y que no se eligiera a Guilarte en un proceso de primarias.

Carlos Carrizosa, líder de Ciudadanos en Cataluña, no dudó en culpar a Sierra y Martí, los dos ediles bajo sospecha, que este viernes representaban al partido en el Pleno municipal, de haber realizado “un motín” además de insinuar su connivencia con el PP. El rocambolesco caso —donde según los señalados, pesa la actitud del que hasta hace 10 días fue coordinador del grupo municipal, al que cesaron— está ahora en manos de la comisión de garantías democráticas de la formación naranja: debe decidir si los echa o no. Sierra explicó el jueves que ha presentado alegaciones al expediente de expulsión abierto, sobre el que se desconoce el calendario, y que la próxima semana tomará posesión la nueva concejal, Julia Barea. Si les expulsan, la situación será casi inaudita: Ciudadanos se quedaría con un solo edil en Barcelona. No tiene candidato a siete meses de las elecciones, aunque Carrizosa apunta que en unas semanas lo nombrarán.

El caso de Barcelona raya el culebrón, pero no es el único. Esas situaciones de ruptura se han reproducido en ayuntamientos de Cataluña y en el conjunto de España. Los otros tres consistorios de las capitales de provincias catalanas son paradigmáticos: Ciudadanos logró en Tarragona cuatro concejales con este resultado: Rubén Viñuales, el líder del grupo, se fue al PSC y lideró la lista socialista en las elecciones autonómicas de 2021. Ahora es diputado por ese partido. Otros dos ediles son ahora no adscritos. En Lleida, la líder se fue a Valents, y en Girona, logró dos: acabaron peleados y uno de ellos dice que el socialista es su partido.

El caso de Barcelona raya el culebrón pero no es el único. Las rupturas se han sucedido en otros ayuntamientos de Cataluña y en el conjunto de España

Fundado en 2006 para combatir la inmersión lingüística, Ciudadanos dio un paso de gigante en 2012 tras la primera manifestación multitudinaria de la Diada. Fue entonces cuando multiplicó su militancia. El partido enarboló la bandera antiprocés y, como vidas parejas, su declive ha coincidido con la languidez del mismo. “Ha habido dos situaciones paralelas: el partido creció mucho porque nació de una posición frontal al procés y al bajar pierde buena parte de su argumentario. Y, además, se le une el fracaso de su OPA a la derecha”, explica Ernesto Pascual, doctor en Ciencia Política y de Relaciones Internacionales de la UAB en alusión a la decisión de Albert Rivera de perder la oportunidad de liderar un partido bisagra. “El declive empieza ahí. Ahora ya es una cuestión de supervivencia. Es el sálvese quien pueda. Está en descomposición y en una situación similar a la que vivió la UCD. Y aquí en Cataluña será más exacerbado porque fue la cuna del partido”.

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Tras la proclamación de la república fallida, Ciudadanos alcanzó en Cataluña su punto álgido en 2017 con 36 escaños. No le sirvieron para gobernar y en 2021 pasó a tener seis. La última encuesta del GESOP vaticinó que ahora sería extraparlamentario en Cataluña, como le ha sucedido en Madrid o Andalucía. Por el camino, además de desfondarse al acercarse a la derecha, se ha dado de bruces en la política municipal en Cataluña —fue séptima fuerza con 245 concejales frente a ERC, la primera, con 3.114— donde nunca ha logrado alcaldías. En 2019, uno de sus resultados más luminosos fue el de sus tres ediles en Sant Vicens dels Horts (Barcelona), el municipio de Oriol Junqueras. El PSC desbancó al bloque soberanista y Cs tenía la llave de la gobernabilidad. No tardó en empañarse esa victoria simbólica: el líder del grupo, Carlos Gómez, tras el primer pleno ordinario, se fue a su casa.

“Dejé el acta porque PSC y la dirección pactaron que entraríamos en el gobierno en enero y no de forma inmediata”, recuerda. Fue la gota que colmó el vaso. La asamblea de militantes había apostado por otro candidato, pero el partido le puso a él. Antiguo militante socialista, tampoco le gustó la deriva ideológica de Ciudadanos —“Me hice militante porque no era ni rojo ni azul. Y cuando me fui era cada vez más azul oscuro”— y porque la dirección abandonó el partido al irse masivamente a Madrid: “Dejaron esto desmantelado”. El grupo se acabó rompiendo y solo queda en el gobierno una edil ahora no adscrita.

“El partido creció mucho porque nació de una posición frontal al procés y al bajar pierde buena parte de su argumentario”, dice Ernesto Pascual, doctor en Ciencia Política de la UAB

En Vila-seca (Tarragona), Ciudadanos logró cinco ediles. Los cinco decidieron votar a favor, en contra del criterio del partido, de los presupuestos del alcalde (Junts). Rompieron y ahora son ediles no adscritos. Joan Anton Ramírez, el líder, impulsó la plataforma Vila-seca som a tots que ha cerrado una alianza con el PSC para las próximas elecciones en las que él será cabeza de lista. “Es un partido muy rígido y estricto. Su pecado original es que nace en el Parlament y no entiende al municipalismo”, afirma Ramírez. “Nos dijeron que no podíamos votar a favor porque estaba Junts”, dice alegando que no se puede aplicar el mismo criterio en todas partes como si Vila-seca fuera Vic o Berga (mayoría independentista) “El alcalde es de Junts, pero cumple con la ley de banderas, no da dinero a la Asociación de Municipios Independentistas y envía las comunicaciones en los dos idiomas”. Y añade: “Fuimos los primeros en abrir la puerta: la gente ha perdido el miedo. Los cambios no han llegado ni llegarán”.

Estamos en un proceso de refundación. Tenemos equipo para cubrir el 80% de la población catalana. Hemos venido llorados de casa”, sostiene Carlos Carrizosa

Carrizosa recalca que están en un “proceso de refundación” y admite que la situación “no es tanto como parece”. Tras puntualizar que los problemas de Lleida y Girona se resolvieron a favor del partido. “Vamos a presentar listas en Igualada, Capellades, Hostalets de Pierola y Montornés del Valles (Barcelona). Tenemos equipo para cubrir el 80% de la población catalana”, señala, acusando a otras formaciones de “malas artes” —también aluden al “transfuguismo”— para destruir a Ciudadanos. “La realidad es que este partido aguanta por la voluntad de dirigentes, cargos, afiliados y por esa parte de ciudadanos que quieren un partido liberal y de centro, que quiere denunciar la corrupción, la utilización de los mossos o el desvío de dinero del separatismo”. Y remacha sobre Barcelona: “Hemos venido llorados de casa. Vamos a aguantar y a poner esa candidatura. Y mucha gente nos va a apoyar”.

Desde la dirección nacional, oficialmente, la respuesta al entuerto de Barcelona es la misma que sostiene Carrizosa. “Estamos nombrando candidatos y como mucho alguno se nos enfada”, subraya la secretaria general de Cs, Marina Bravo. “Veremos cómo acaba el expediente abierto. Los problemas los resolveremos en breve”, añade. Voces discordantes dentro de la Ejecutiva ampliada, sin embargo, apuntan a un patrón que se repite no solo en Cataluña sino en el resto de España. “Es otra muestra del descontrol absoluto de la secretaria general y de que a Inés [Arrimadas] el partido le importa un pimiento”, se queja un alto cargo. Además de los problemas en distintos ayuntamientos catalanes, la formación se enfrenta el abandono de concejales que dejan Cs para formar plataformas independientes o sumarse a listas de otros partidos de cara a las elecciones de mayo.

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