Vicens Vacca y el sonido hecho arte

El centro Tecla Sala acoge la primera gran retrospectiva del referente del arte sonoro catalán

Vicens Vacca junto a su obra, 'Literatura Universal', de 1986.
Vicens Vacca junto a su obra, 'Literatura Universal', de 1986.Roberta Bosco

Bum, bum, bum, el sonido lejano acoge el visitante en la entrada del centro de arte Tecla Sala de L’Hospitalet de Llobregat. Es el latido de un corazón, grave y ritmado, que le acompañará durante todo el recorrido por la exposición Fuera de ningún lugar, la primera retrospectiva de Vicens Vacca, una figura de relieve en el panorama del arte conceptual en Cataluña, aunque se le conozca, sobre todo, como artista de referencia del arte sonoro. Descendiente de una familia de músicos de jazz, experimentó la frustración de no poder tocar a causa de su dislexia y dirigió su fascinación por el sonido hacia el arte contemporáneo. “En vez de hacer música, decidí utilizarla como un elemento plástico”, explica Vacca, que se encargó de todos los detalles del montaje, desde el gris de las paredes, pasando por la iluminación, hasta la distribución de los trabajos en el espacio. “No me gusta definirlas obras de arte”, puntualiza.

El sábado 11, al latido se sumó el sonido de una batería, tocada por el músico Feliu Ribera y profesores y alumnos de la Escuela de Música-Centro de las Artes de L’Hospitalet. Todos ellos contribuyeron al éxito de la performance No Dance, que a partir de desajustes rítmicos intencionados, coloca los intérpretes “fuera de ningún lugar”, una situación a la que deben sobreponerse con mucha creatividad. No dance es la última contribución a esta muestra, abierta hasta el 9 de enero, que reúne quince trabajos, desde los años 80 hasta la actualidad, representativos de 35 años de trayectoria durante los cuales Vacca ha experimentado con el sonido desde una perspectiva radical, personalísima y a menudo avanzada a los tiempos. Quizás por esto siempre permaneció en los márgenes del sistema del arte, ajeno a las presiones del mercado, en el cual también entró a su manera, por ejemplo, con dos apps que permiten adquirir una pieza de arte sonoro por 0,99 céntimos.

Vicens Vacca junto a 'Doble amor i psiqué'. / Roc Pont
Vicens Vacca junto a 'Doble amor i psiqué'. / Roc PontRoc Pont

“Es una retrospectiva, porque a partir de cierta edad una muestra siempre lo es, pero no es una antológica. Me gusta que las piezas respiren, que tengan su espacio, que no se contaminen, como pasa a menudo con las obras sonoras”, explica el artista que empieza el recorrido expositivo con un trabajo inédito de 2021, un ensamblaje de circuitos y componentes electrónicos, encasquetado en un taburete tumbado, que activa un coro de voces angelicales cuando el visitante se acerca bastante para poder ver su imagen reflejada en un pequeño espejo deformante. Sin duda es una obra interactiva, aunque Vacca detesta la definición. “La interacción friendly me parece una estafa, no estamos en Disneyworld”, protesta. Y, sin embargo, no es la única que requiere la complicidad activa del público. La necesitan también las imágenes lenticulares que se construyen con el movimiento del espectador y sobre todo Retard, una instalación producida por Tecla Sala, que genera una asombrosa cacofonía a partir de la voz del visitante, atrapada por tres micrófonos, procesada y difundida por otros tantos altavoces. “Es una máquina diabólica”, que te invita a medir las palabras y a reflexionar sobre las dificultades de la comunicación en una sociedad sobresaturada por el alud de información y mensajes.

Más allá del interés formal, todas las obras encierran un motivo de reflexión: desde el debate sobre original y copia, como Zero Còpia, hasta los cálculos engañosos que utilizan los gobiernos para enmascarar la realidad económica a los ciudadanos de 50% Up & Down. Algunas ponen de manifiesto una de las prácticas habituales de Vacca, que consiste en modificar las piezas en relación con el espacio que las acoge, el paso de los años y sus circunstancias vitales. A veces incluso los errores son incluidos en el proceso creativo como en el caso de la impresión 3D del rostro de su mujer lleno de taras (Música per a P i tots els animals, 1996-2021) o la fotocopia defectuosa de uno de sus peculiares autorretratos (How high the moon). Es precisamente en estos trabajos donde aparece la vertiente más conceptual del artista, gran amigo del performer Jordi Benito y del crítico Manel Clot, ambos prematuramente fallecidos.

La obra "Estic mort', de Vicens Vacca, de 1998.
La obra "Estic mort', de Vicens Vacca, de 1998.Roberta Bosco
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Vacca se dio a conocer en 1984 con el autorretrato Estic Mort, que dio inicio a una serie abierta hasta la fecha. En la muestra presenta un ejemplar de 1998, en el que el perfil de su cabeza al revés “parece un jarrón vacío como la cabeza de muchos artistas”, indica con una ironía que nunca cae en el sarcasmo. Es el mismo humor sutil y elegante que aparece también en las obras más combativas, empezando por la poderosa Literatura universal de 1986, una acción grabada en vídeo que constituye el punto de partida de toda su trayectoria. En ella un jovencísimo Vacca llena un coche de libros antes de llevarlo al desguace donde es prensado y recortado en bloques, formados por libros y fragmentos de metal, afilados como cuchillos.

Música para carruajes

Ne me quitte pas (No me dejes), la célebre canción de Jacques Brel sirve como punto de partida para una obra sonora que Vacca ha creado para la extraordinaria colección de carrozas fúnebres del Ayuntamiento, casi desconocida incluso para los barceloneses. En esta ocasión Vacca utiliza fragmentos sonoros de la canción de Brel y del mundo de los carruajes, interpretados por Jordi Soley, coleccionista, patrono del Macba durante años y también músico pop. Estos fragmentos salen de cinco altavoces de forma asíncrona, pero al unísono, de modo que, aunque siempre son los mismos, la composición nunca es igual. La colección, que se puede visitar gratuitamente los sábados y domingos de 10 a 14 horas, tendrá esta banda sonora de lujo hasta el 30 de enero.

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