ERC se deshace de Trapero al año de su restitución

El Govern dice que busca una “nueva etapa” y niega desconfianza

Josep Lluís Trapero, en el primer acto tras ser restituido como jefe de los Mossos, el 13 de noviembre de 2020.
Josep Lluís Trapero, en el primer acto tras ser restituido como jefe de los Mossos, el 13 de noviembre de 2020.Kike Rincón (Europa Press)

Josep Lluís Trapero apenas ha resistido un año en su segunda etapa como jefe de los Mossos d’Esquadra. El Gobierno catalán, que le había restituido en el cargo hacía apenas un año, se lo ha arrebatado. Esquerra Republicana de Cataluña (ERC), al mando de la presidencia de la Generalitat y del Departamento de Interior, no quería a Trapero al frente de la policía y lleva meses buscándole reemplazo. Lo ha encontrado en Josep Maria Estela, un comisario discreto que hasta ahora mandaba en la provincia de Tarragona. La decisión no ha ocasionado el temido choque con los socios de Junts, que expresaron su “respeto” por la salida de Trapero y el nombramiento de una nueva estructura de mando. El consejero de Interior, Joan Ignasi Elena, intentó negar este lunes (sin demasiado éxito) que la destitución tenga que ver con el malestar de ERC hacia el major, pese a que las discrepancias han aflorado en los últimos meses.

“Cada relevo no es la negación del pasado, sino su afirmación”, verbalizó Elena, que se escudó en un “relevo generacional” (Estela es apenas cinco años más joven que Trapero) y en un impulso a la “feminización” del cuerpo, pese a que el nuevo jefe de Mossos seguirá siendo un hombre. Le acompañarán en la cúspide el comisario Eduard Sallent —considerado próximo a Junts, ya fue jefe de los Mossos antes del regreso de Trapero— y la intendente Rosa Bosch.Contra las informaciones aparecidas en las últimas semanas, que situaban a Trapero en la empresa privada, Elena aseguró que seguirá “vinculado” al cuerpo. Mientras le busca acomodo, Interior le dio las gracias por los servicios prestados “en años muy difíciles”, marcados por el procés y sus repercusiones judiciales y de orden público. Elena insistió en que era necesario “abrir una nueva etapa”, pero no pudo explicar por qué Trapero no es válido en ese nuevo camino. “No ha habido ningún problema. En su momento es muy importante que asumiera el rol. Ahora se considera que es mejor poner el acento en una toma de decisiones más coral”, afirmó.

Lo cierto es que el regreso de Trapero no fue fácil de digerir para ERC. Tras el referéndum del 1-O y la aplicación del artículo 155 de la Constitución, fue destituido por su presunta “pasividad” a la hora de frenar las votaciones. Despojado del mando, el major se vio inmerso en una causa judicial que amenazaba con llevarle a prisión. La Fiscalía le acusaba de sedición y desobediencia por alinearse con el Govern para ejecutar la independencia. En el juicio, Trapero afirmó que tenía un plan para detener al president Carles Puigdemont y al vicepresidente Oriol Junqueras si la justicia se lo ordenaba. Las palabras no gustaron al independentismo y no las ha olvidado el líder de ERC.

El comisario jefe de la Región Policial del Camp de Tarragona, Josep M. Estela, y la delegada del gobierno en Tarragona, Teresa Pallarès, comparecen en rueda de prensa, a 14 de diciembre de 2021.Foto: LORENA SOPÊNA (EUROPA PRESS)

Caído como ídolo independentista, el panorama se despejó para Trapero en octubre de 2020, cuando la Audiencia Nacional le absolvió en una sentencia que defendía su papel el 1-O y criticaba, por inconsistentes, las investigaciones de la Guardia Civil que le habían llevado al banquillo. Apenas un mes después, el entonces consejero de Interior Miquel Sàmper (Junts per Catalunya) le restituyó en el cargo como parte de la estrategia de la Generalitat de renombrar a los altos cargos cesados por el 155.

Trapero retomó el mando haciendo autocrítica sobre el 1-O (“todos lo pudimos hacer mejor, yo el primero”), con la voluntad de restablecer la confianza con Policía y Guardia Civil (“vuelvo con la mano tendida”, dijo en su primer acto público) y con ganas de mantener un perfil discreto y alejado de los salones del poder político que habían provocado su caída en desgracia. Esa renovada independencia de Trapero, dispuesto a entregarse a los Mossos y solo a ellos (y no al político de turno) ha acabado causando su salida, aseguran fuentes del cuerpo.

Lo que más afecta es lo que sucede más cerca. Para no perderte nada, suscríbete.
Suscríbete

Los esfuerzos de Trapero por restablecer relaciones con el aparato del Estado y mantener a los Mossos lejos del radar de Interior —presentó un plan de trabajo sobre actuaciones de la policía en desahucios que no gustó a ERC— tensaron las relaciones. En verano, un viaje del major a Madrid para reunirse con jueces y fiscales provocó malestar. Interior dio a entender que Trapero se había reunido también con representantes de la Zarzuela, cosa que el major tuvo que desmentir. Este lunes, preguntada por esos desencuentros, la portavoz de los republicanos, Marta Vilalta, fue tajante: “No hay que buscar tres pies al gato”.

El argumentario lo llevaban bien estudiado Vilalta y el consejero Elena, porque lo repitieron casi con las mismas palabras con pocas horas de diferencia: se trata de abrir una nueva etapa, “feminizar” el cuerpo, acentuar el modelo de “policía de proximidad” y promover los “liderazgos compartidos”. La portavoz, además, negó que el relevo en la cúpula policial esté relacionado con las exigencias de la CUP en el sentido de fiscalizar con más contundencia el trabajo de los Mossos, especialmente en orden público.

Fuentes del partido, sin embargo, señalan que quieren ir adaptando los Mossos a su forma de entender la seguridad, diferente de la de Junts per Catalunya. En el partido de Puigdemont, el relevo no ha provocado malestar, a diferencia de los comunes y el PSC, que han pedido explicaciones. Jaume Asens, portavoz de Unidas Podemos en el Congreso, tiró de ironía: “El PP y su brazo judicial querían cargarse a Trapero, pero es el Govern quien lo hace finalmente”.


Normas

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS