AEROPUERTO EL PRAT

Presión vecinal y ecologista: el porqué de no ampliar El Prat hacia el oeste

Alargar las pistas del aeropuerto de Barcelona en sentido contrario a la zona natural de La Ricarda incrementaría el ruido en barrios de Gavà y Castelldefels

Un avión despega del aeropuerto de El Prat, a pocos kilómetros de la urbanización Gavà Mar.
Un avión despega del aeropuerto de El Prat, a pocos kilómetros de la urbanización Gavà Mar.Albert Garcia / EL PAÍS

El proyecto de ampliación del aeropuerto de El Prat siempre ha mantenido la mirada fija hacia el este. Alargar la pista en dirección al puerto de Barcelona, invadiendo terrenos de la zona natural de La Ricarda, fue desde el principio la única opción contemplada por Aena. La Generalitat de Cataluña afirma que descubrió tarde las intenciones del operador aeroportuario, cuando el vicepresident, Jordi Puigneró ya había escenificado un acuerdo con el Ministerio de Transportes para desbloquear la obra, y optó, entonces, por retirar su apoyo al plan del Gobierno y de Aena, alegando que el daño medioambiental iba a ser irreparable. Sin consenso sobre La Ricarda, el margen de maniobra pasó a ser nulo. Fuentes de Aena afirman: “Desde el principio de las conversaciones había unanimidad sobre dos puntos: el aeropuerto tenía que ser un hub [centro de conexión] intercontinental y su crecimiento no podía suponer un incremento de molestias para los vecinos”. Alargar la pista de mar por su otro extremo, hacia Gavà y Castelldefels, hubiera implicado cargar con más tráfico aéreo los tejados de las zonas residenciales cercanas a la infraestructura. Se trata de un impacto sonoro que es innegociable para los ayuntamientos. La ampliación hacia el oeste afectaría también a otra zona protegida.

La ministra de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, Raquel Sánchez, conoce bien las molestias sonoras de El Prat porque llegó al ministerio desde la alcaldía de Gavà. Más impacto sonoro alentaría a los vecinos a levantarse en pie de guerra. No sería la primera vez que se movilizan. En 2004, tras la inauguración de la pista que ahora se pretendía alargar, entidades vecinales de Gavà, Castelldefels y del Baix Llobregat, apoyadas por el gremio de empresarios de hostelería, organizaron sonoras manifestaciones y bloquearon los accesos al aeropuerto para protestar por el ruido de los aviones. Incluso se presentaron querellas contra responsables de Aena y del ministerio. La dirección del aeropuerto optó por modificar el rol de operaciones y reservar la pista de mar para los despegues. Además, los aviones, cuando toman altura, deben hacer un giro hacia el mar para alejarse lo más posible de los barrios residenciales.

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Los técnicos de Aena defienden que si se alargase 500 metros la pista hacia La Ricarda se ayudaría a acallar el impacto acústico sobre Gavà y Castelldefels, porque los aviones podrían despegar unos metros antes de donde lo hacen ahora. El presidente de la asociación de Vecinos de Gavà Mar, Carlos Domènech, lo pone en duda: “¿Nos tenemos que creer que los aviones despegarían a media pista?”. Xavier Roca es el director de la Escuela Superior de Ingeniería Industrial, Aeroespacial y Audiovisual de Terrassa (ESEIAAT) de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC). Es, también, profesor del Departamento de Ingeniería de Proyectos y de la Construcción. Señala que los aviones de tamaño pequeño y mediano sí podrían tomar altura sin necesidad de usar el tramo extra de pista, pero que no habría ningún sobrante en el caso de los megaaparatos de fuselaje ancho empleados para los vuelos intercontinentales. “La longitud de la pista se calcula en función del tipo de avión y de la carga que transporta”, indica. Los 500 metros no son, razona, ningún capricho, sino que responden a un estudio técnico acerca de las infraestructuras necesarias “para que el aeropuerto pueda dar servicio a vuelos de largo radio”.

Mismo sello de protección

Carlos Domènech, portavoz de una urbanización de clase media-alta donde viven 8.000 personas, niega que Gavà Mar haya contado con especial protección en la tramitación del proyecto de ampliación. Aena mantiene que la opción de alargar la pista hacia esa orientación no era viable. Además del impacto sobre los vecinos se afectaría, también, una zona protegida como es el Remolar. Joan Herrera es el director del área de Acción Ambiental y Energía del Ayuntamiento de El Prat. “Desde el punto de vista medioambiental no es mejor una opción que la otra, ambas son perjudiciales”, sostiene. Y añade: “Todo el mundo sabe que si optaron por La Ricarda fue porque, hacerlo hacia el otro lado, implicaba generar más ruido sobre Gavà Mar”. El Ayuntamiento de Gavà certifica que “en ningún caso se aceptaría una ampliación hacia el Remolar y las Filipinas”. El Consistorio de Castelldefels manifiesta que nunca ha tenido conocimiento de que semejante opción llegase a ser contemplada. El profesor Xavier Roca sostiene que “alargar la pista hacia el Remolar generaba el mismo impacto medioambiental, pero la molestia social se multiplicaba”.

La franja Remolar-Filipines y el paraje de Els Reguerons constituyen un humedal catalogado como Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA), y está incluida en la Red Natura 2000, el mismo sello europeo de protección que tiene La Ricarda. A principios de este año, la Comisión Europea mandó una reprimenda al Gobierno español, y de manera subsidiaria a la Generalitat, por no proteger los ecosistemas del delta del Llobregat. En una carta de emplazamiento Bruselas afeaba la realización de grandes obras públicas en el puerto y el aeropuerto sin respetar las medidas de compensación pactadas en la declaración de impacto ambiental.

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