Opinión
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Acceder a Montjuïc

Si en lugar de vetar cosas se tiraran adelante proyectos realmente importantes para la ciudad… Uno de ellos es el de los museos de la montaña. El MNAC y el Macba hace años que quieren expandirse

La fuente de Montjuïc con el MNAC de fondo.
La fuente de Montjuïc con el MNAC de fondo.Albert Garcia

Me leo todo lo que anuncia la señora Colau y leí entera la noticia de que restingiría el tráfico y potenciaría el acceso a pie a Montjuïc, propuesta que habrá de cerrarse “en el consejo de la montaña de Montjuïc”, que aglutina a los diferentes grupos municipales del distrito. Como persona con problemas de espalda, me interesaba mucho saber si ahora también iba a penalizar a los museos, ya que ahí están el MNAC, la Fundació Miró y el Museo Etnológico (y Caixaforum en la falda). Pero por suerte, no va a pasar. Me encaminé en coche hacia la montaña, que es todo un

El Museu Nacional d’Art de Catalunya podría hacerlo en el Pabellón Victoria Eugenia y en el de Alfonso XIII

mundo, porque está llena de posibilidades y a la vez de edificios cuyo uso el simple ciudadano no conoce.

Al iniciar la subida, junto a Caixaforum, aparece el antiguo edificio del restaurante La Pérgola, cerrado en 2007 y derruido en 2014. Construido para la Exposición de 1929, tuvo momentos de esplendor —recuerdo haber ido de niña con mis padres— hasta que decayó a finales del siglo pasado. Pero es deplorable el hecho de que, al derruirlo, hayan dejado las paredes medianeras a la vista, llenas de grafittis y en estado lastimoso.

Las calles que eventualmente se cortarían al tráfico por suerte son pocas y no afectarían a los museos, pero se haría para que la gente no las utilice como atajo cuando la ronda litoral está colapsada. Tengo un amigo que lo hacía hace bastantes años, y le he preguntado si entonces colapsaban estas calles de Montjuïc. “Ni mucho menos” me ha dicho. Tal vez ahora sí que estén más congestionadas, pero en todo caso tendrían que explicarlo, pues de lo contrario parecería que se tengan ganas de prohibir por prohibir.

Una lanzadera, que tan bien funcionó con los Juegos Olímpicos de 1992, sería muy fácil y muy funcional

i en lugar de vetar cosas se tiraran adelante proyectos realmente importantes para la ciudad… Uno de ellos es el de los museos de la montaña. El MNAC y el Macba hace años que quieren expandirse, y al menos el Macba lo ha logrado (tras un larga disputa con el futuro CAP del Raval, que podía haberse ubicado en cualquier otro sitio del barrio), y lo hará con un proyecto que se antoja muy correcto situado en frente de su sede. El MNAC podría hacerlo en el Pabellón Victoria Eugenia y en el de Alfonso XIII, que gestiona Fira de Barcelona, espacios idóneos para exposiciones y cuya adaptación solo costaría para cada uno alrededor de cuatro millones de euros. Según un artículo en EL PAÍS del periodista José Ángel Montañés tan lejano como de 2018, esta iniciativa fue frenada por la acción poco decidida de las administraciones, en especial la del Ayuntamiento de Barcelona. Y Juan Bufill, el pasado 12 de julio, reclamaba lo mismo y tomaba como buen ejemplo la llamada Isla de los Museos de Berlín: que los museos se potencien unos a otros en una acción coordinada. Yo añadiría que una lanzadera entre los museos, que tan bien funcionó con los Juegos Olímpicos de 1992, sería muy fácil y muy funcional, porque ni la Fundación Miró ni el MNAC tienen aparcamiento o lo tienen pequeño. ¿Cuánto público local va a estos museos? Muy poco, en parte por su difícil accesibilidad (recordemos que las escaleras mecánicas están frecuentemente estropeadas).Es inaudito que nuestro arte románico catalán (el único museo mundial con una colección semejante) y una figura como Joan Miró, uno de los pintores vanguardistas más importantes del siglo XX, no sean “mimados” por las administraciones.

Y Juan Bufill añadía que si bien la crisis económica y la pandemia podían haber frenado estas iniciativas, ahora una Barcelona que ha caído bastante bajo en su clasificación internacional y cuya dinamización sólo vemos en proyectos privados —Rethinking Barcelona, Barcelona Global etc— debería ponerse las pilas. Cuando uno va descendiendo de la montaña, por el lado de Miramar, vuelve la tristeza. Árboles rotos o caídos, un verdadero erial y una montaña que se va desprendiendo —con el consecuente peligro— porque no hay vegetación que mantenga firme la tierra. Al llegar abajo se divisa la antigua sede la Antigua Aduana y más allá el de la Junta de Obras del Puerto . Ambos edificios, nobles, hubieran podido albergar perfectamente el Hermitage. Mi opinión sobre el tema es esta: que se buscara otro emplazamiento, que presentaran públicamente un proyecto museográfico de interés y calidad y francamente, si se hacía un edificio nuevo, con otro arquitecto. Las paredes curvas no están hechas para colgar cuadros, ya ha habido en el siglo XX ejemplos así, siempre fallidos.


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