LA CRISIS DEL CORONAVIRUS

Malestar en las residencias en Cataluña: “Se podrá ir a una discoteca, pero no a visitar a nuestros familiares cuando queramos”

Las familias y las entidades piden a la Generalitat actualizar el protocolo en los hogares de ancianos para facilitar las visitas

Vista de una residencia geriátrica en el barrio de Horta de Barcelona.
Vista de una residencia geriátrica en el barrio de Horta de Barcelona.Enric Fontcuberta / EFE

El actual protocolo de reapertura de las residencias no es suficiente para las familias de los usuarios. Los familiares reclaman aumentar las visitas y no tener que pedir hora. Los hogares de ancianos, por su parte, reclaman más seguridad jurídica de la Generalitat y admiten que es necesario hacer pasos hacia la normalidad prepandémica. El actual protocolo del Govern delega las decisiones en materia de visitas externas a la dirección de los centros para adaptarse a sus posibilidades logísticas y limitar los riesgos de contagio. El colectivo de familias y de entidades entiende mayoritariamente que la actual situación en los centros de ancianos, con un 97% de los usuarios y un 84% de los trabajadores con la pauta completa de la vacunación, urge a cambiar la normativa.

El encaje parece complicado por la vulnerabilidad de los usuarios: algunas residencias tienden a ser extremadamente prudentes para evitar excesos que, en caso de que deriven en brotes de coronavirus, resulten fatales para los ancianos. La incertidumbre del impacto que puede suponer el auge de la variante Delta, originaria de la India, genera más recelo. La pandemia en los centros, sin embargo, está extremadamente controlada: desde febrero, cuando los efectos de la vacunación evidenciaron un descenso de la incidencia, las residencias contabilizan 303 víctimas. En los 11 meses anteriores, registraron más de 8.500.

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La asociación Coordinadora Familiares de Residencias 5+1 entiende que existe un desequilibrio en la reapertura de los sectores económicos, y las limitaciones de las familias para visitar a los residentes. “Ahora se podrá entrar en una discoteca con gente que quizás no está vacunada, pero los familiares no podrán ir a visitar cuando quieran a los residentes, que sí están protegidos”, denuncia María José Carcelén, portavoz de la entidad. “Si las residencias son los espacios más seguros, como dicen, que se demuestre. Queremos volver a la normalidad de verdad”, reclama.

El protocolo de la Generalitat impide las visitas improvisadas y establece que los encuentros tengan cita previa. La última versión, del pasado mes de mayo, tampoco concreta los horarios de visita o los días mínimos garantizados para que las familias vean a los usuarios. “Es necesario que todas las visitas estén autorizadas y tengan asignada una cita previa”, señala el texto. Carcelén reclama recuperar el funcionamiento previo a la pandemia y tener acceso a los recintos en un horario continuado durante el día.

“Ahora se podrá ir a una discoteca, pero los familiares no podrán ir a visitar a los residentes cuando quieran”

El presidente de la Asociación de Directores de Centros de Atención a la Dependencia (Ascad), Andrés Rueda, defiende la necesidad de establecer un orden para optimizar los recursos y las visitas. “En la práctica no tenemos tantas visitas”, explica, “antes venían cuando querían, y ahora, con día y hora. El porcentaje de visitas es el mismo ahora que antes”. Rueda expone que la falta de personal en el sector dificulta que los trabajadores lleguen a todo. “No podemos destinar una persona a desinfectar las zonas de encuentro y otra a supervisar la reunión para que se cumplan las normas. Tenemos que cuidar a los abuelos”.

Las reuniones entre familiares están supervisadas por un profesional para evitar el riesgo de contagio. El contacto en las visitas depende, en parte, de la flexibilidad de cada residencia, y Rueda reclama poder facilitar estos encuentros. “El plan sectorial está un poco anticuado. La franja de edad que nos visita ya está vacunada, y una visita entre personas inmunizadas debe traducirse en el protocolo”. El presidente de Ascad confía que con un nuevo texto, las visitas serán más afectuosas. “Es necesario normalizar la comunicación no verbal y las muestras de afecto. Es positivo para los residentes”, defiende. “La obligación de la residencia es que no se quebranten las medidas de seguridad, pero ahora las familias se van a la acera de enfrente del centro y se dan un beso, porque dentro quizás no pueden. El Departamento debe darnos cobertura jurídica. No vale cargarnos la responsabilidad a los centros”.

“Recuperar la normalidad”

Vicente Botella, presidente de Upimir, patronal de pequeñas y medianas residencias, coincide en que el protocolo debe actualizarse: “Hay que ir suavizando las cosas. La mayoría de centros permiten el contacto con los familiares, pero hay residencias que aplican las recomendaciones a rajatabla y no debería ser así. El Govern debería suavizar este tema porque lo más duro ya ha pasado”. La directora general de la Associació Catalana de Recursos Assistencials (Acra), Montse Llopis, se expresa en la misma dirección. “Lo mejor es recuperar una cierta normalidad”, pide. “Una residencia es el hogar de la gente mayor y la familia debe poder entrar a su casa, como antes. Se debe volver a la realidad de antes de la pandemia, con precaución, pero hay que avanzar”.

Responsables consultados admiten el temor de que aparezca un brote en sus residencias y paguen las consecuencias de no haber cumplido a la perfección el plan sectorial. “Si permito que alguien se abrace dentro de la residencia, y entra la variante india, ¿qué ocurrirá?”, se pregunta el presidente de Ascad.

Las salidas de los usuarios también están pautadas y el protocolo “recomienda pactarlas” con los centros. Carcelén, sin embargo, denuncia que “la gente no sale si la residencia no quiere”. Sin estado de alarma, asegura, las limitaciones de los residentes vulneran sus derechos. “Si la Generalitat no puede restringir los desplazamientos de la gente, ¿por qué se limita la movilidad de los residentes?”, cuestiona. “Sus derechos lo son para toda la vida, no hasta que son mayores”.

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