Opinión
i

Con la mejor intención

Parece que los distintos gobiernos municipales de Barcelona se han dedicado a hacer cosas nuevas que pusieran a la ciudad en órbita, pero no a construir nuevos barrios enteros mediante un solo impulso

Un carro frente a un bar del barrio de Montbau de Barcelona, en 1958.
Un carro frente a un bar del barrio de Montbau de Barcelona, en 1958.ORIOL MASPONS (COAC)

La exposición sobre Montbau, que actualmente reclama la atención desde los ventanales de la planta baja del COAC en la Plaça Nova, hace inevitable pensar en este barrio lejos de los focos mediáticos, que no dejan de celebrar los éxitos que en materia de urbanismo y vivienda actuales suelen señalarse desde distintos foros. La exposición, realizada con los fondos del archivo del COAC, nos hace caer en la cuenta que en los últimos 40 años los distintos gobiernos municipales de esta ciudad la han ido construyendo y modelando mediante reformas y operaciones llenando huecos y cubriendo déficits, que en la mayor parte de los casos eran necesarios.

Pero a poco que pensemos en Montbau, nos hace ver que las noticias sobre la construcción de nuevas viviendas se dan con cuentagotas y que, salvo la Villa Olímpica —ya hace 30 años—, hace tiempo que la ciudad no ve construir nuevos barrios enteros mediante un solo impulso. Y a pesar de que los gobiernos municipales se han prolongado varios periodos, parecen haberse dedicado a hacer cosas nuevas que pusieran a Barcelona en órbita, pero no parecen haber estado para “dar morada”.

Las noticias sobre la construcción de nuevas viviendas en la ciudad se dan con cuentagotas

La exposición sobre Montbau pone de relieve, en definitiva, que la ciudad está de reformas hace tiempo. Pero si no queremos que los recientes ejecutivos municipales puedan ser motivo de una réplica igual que la célebre escena de película La vida de Brian, bajo la pregunta “¿pero qué han hecho los romanos?”, en materia de urbanismo deberíamos considerar seriamente en organizar en el CCCB una exposición sobre la Barcelona de Porcioles, que permitiera tener una opinión más inclusiva sobre los hechos de la Barcelona moderna, de los que Montbau es un ejemplo. Convocar aquí el periodo del alcalde Porcioles no quiere decir que lo hiciera bien (cosa que, por cierto, no creo que se pueda decir de nadie en términos absolutos), ni siquiera que hiciese “algunas” cosas bien. Quiere decir que la costumbre de sentenciar las cosas de la ciudad, a estas alturas del siglo, mediante una etiqueta política, en este caso de franquista, como han hecho algunos artículos aparecidos en la prensa en relación a Montbau, no ayuda nada. Solo sirve, por ejemplo, para dar una tenue cobertura moral a los asesinos del alcalde “franquista” Viola, que hoy campan libres entre nosotros y participan de la vida pública de este país.

La imagen de Montbau con la que se publicita la muestra, una foto panorámica que forra la fachada del COAC, tomada por Manolo Laguillo desde una ventana de una vivienda de la calle Poesia, ha traído el bosque a la ciudad, como se puede ver desde el exterior y desde la misma exposición y mirar a través del filtro de ese bosque la Plaça Nova. El bosque que permitió decir a Xavier Subías, uno de los proyectistas del barrio: “La naturaleza nos ha hecho un gran favor”, señalando las virtudes naturales del emplazamiento, incluida la topografía, para mejorar las cualidades del diseño urbano y arquitectónico de Montbau. Ese bosque, tan acertadamente incorporado a la exposición, desaparecerá en gran parte con la propuesta de accesibilidad, que supondrá la tala de árboles, al colocarse ahora escaleras o rampas diseñados por una ingeniería a la que se ha encomendado el proyecto, y que comportará talar los árboles del lado noreste de la calle de Poesia, en un lado de los Jardins de Montbau, que unen las dos partes del barrio ejecutadas en dos fases distintas.

Una exposición sobre Montbau en el CCCB pone de relieve que la capital catalana está de reformas desde hace tiempo

El caso que plantea Montbau hoy es el debate más importante, aún inexistente, sobre la participación vecinal en el diseño de la ciudad, y creo que debería someterse a examen. En un primer estadio es incuestionable atender, una vez preguntados, al deseo de los vecinos de mejorar la accesibilidad dada la pendiente del barrio, pero en un segundo estadio es muy opinable que deba ejecutarse en el lugar que desean hacerlo talando árboles, en lugar de suprimir algunas plazas de aparcamiento. Cualquier mejora de la accesibilidad, por básica que sea, supondrá una mayor calidad de la vida del barrio, y más aún si esta tiene fases, y por tanto deja abierta la posibilidad de matizar y corregir futuras intervenciones.

Una operación como esta debería hacerse con el mejor diseño a la altura de un barrio modélico en muchos aspectos, aunque sea calificado por algunos como el producto de un alcalde franquista. Estamos delante de una paradoja que desbarata estas calificaciones y esta es que la mejora democrática estropeará la calidad ambiental del barrio talando árboles de porte considerable que han resistido hasta hoy, y que espero que no sean también calificados de franquistas. ¿Qué quedará cuando el barrio se llene de rampas y escaleras mecánicas? ¿No nos arrepentiremos todos?

Archivado En:

Te puede interesar

Lo más visto en...

Top 50