Crisis del coronavirus

La pandemia acaba con la recuperación cultural en Cataluña de los dos últimos años

El CoNCA refleja en su radiografía anual la grave situación del sector desde marzo

Un hombre mira el cartel de la ópera 'Don Giovanni' en la puerta del Liceo, con las funciones canceladas, tras decretar el cierre la Generalitat el 29 de octubre.
Un hombre mira el cartel de la ópera 'Don Giovanni' en la puerta del Liceo, con las funciones canceladas, tras decretar el cierre la Generalitat el 29 de octubre.David Zorrakino / Europa Press

Coincidiendo con el anuncio de que la Generalitat permitirá reabrir los cines, teatros y salas de conciertos, cerrados desde el pasado 29 de octubre, a partir del día 23; al 50% del aforo y con un máximo de 500 personas; el Consell Nacional de la Cultura i de les Arts (CoNCA) dio a conocer ayer las conclusiones del Informe Anual sobre el estado de la Cultura y de las Artes con las cifras de 2019, pero con el interés añadido de que esta radiografía proporciona también los primeros datos de la cultura bajo los efectos de la pandemia.

De entrada, se puede afirmar que la covid ha acabado con la esperanza de poder superar la pertinaz crisis que arrastra la cultura y que, tras la leve recuperación de 2018, continuó en 2019 consiguiendo nuevas cifras positivas, como la tendencia al alza de la facturación del sector editorial (1,7% más), discográfico (16,3%), teatral (6,2% más, con 3,5 millones de facturación), y de los videojuegos (16,9%); aunque también en 2019 se vivió el desinterés de los espectadores catalanes por el cine en catalán al atraer solo al 0,3% del total de los que fueron al cine; en un año en el que los espectadores globales sumaron un 2,7% más y se recaudaron un 2,5% más.

Pero la pandemia y las restricciones en las que el sector se ha visto inmerso ha cambiado la tendencia y han devuelto la cultura catalana a los números rojos, con pérdidas económicas millonarias y miles de afectados. Según el CoNCA, si en el primer confinamiento fueron 4.816 empresas culturales las que se acogieron a un ERTE, afectando a 43.927 empleados; en julio, pese a la desescalada, la cifra siguió aumentando hasta las 5.888 empresas y 52.997 empleados. En estos últimos meses, además, el número de afiliados a la Seguridad Social ha descendido un 8,7% en el mundo de la cultura, mientras que, en el total catalán, solo, fue un 3,6%.

Más datos negativos: Si en enero de 2020 las empresas culturales facturaron 45 millones, superando una media de meses anteriores que estaba ente los 37 y 40 millones; anunciando la salida del túnel; con el confinamiento la cifra descendió a ocho millones en abril. Y si bien, a finales de julio, cuando se cerró el informe que la presidenta del Conca, Vinyet Panyella, entregó ayer al presidente del Parlament, Roger Torrent y la consejera de Cultura, Àngels Ponsa, la facturación se había recuperado hasta los 25,4 millones, esta cifra quedaba muy lejos a los datos de antes de la pandemia.

Entre los números que aporta el informe del CoNCA, a partir de datos de la Academia Catalana de la Música, es que se han cancelado más de 4.000 conciertos con pérdidas de 40 millones. Cifras dramáticas a las que se suma que, debido a la incertidumbre, el 70% de los músicos no tiene ningún concierto contratado para los meses que quedan del año y tampoco para todo 2021.

Otro de los datos reveladores del informe es que el Gremio de Cines de Cataluña asegura que cada semana de cierre de salas se han dejado de facturar 450.000 euros; los teatros no han ingresado un total de 30,5 millones de euros y se perdieron 850.000 espectadores, tras cancelar 5.300 funciones de 510 espectáculos.

Tampoco se salvan de la debacle los museos, que en las restricciones actuales han permanecido abiertos, al 33% del aforo y sin actividades, pero que hasta ahora han dejado de ingresar cantidades considerables, como los cuatro millones de los Museo Dalí y la Fundación Joan Miró, cada uno, después de que los turistas, mayoritarios en estos centros, dejaran de viajar. El MNAC y el Macba (que reciben un 50% de visitantes locales y turistas) ha dejado de ingresar unos dos millones y 1,5 millones, respectivamente; mientras que el Gran Teatre del Liceu y el Palau las cifras ascienden a los 10 millones de euros cada uno; el Auditori, cinco millones, y teatros como el TNC y el Teatre Lliure, dos y 1,5 millones menos, respectivamente. Datos que muestran lo insuficientes de las ayudas que las administraciones han puesto en marcha para ayudar a los equipamientos, empresas y trabajadores culturales afectados.

Pero si que hay sectores beneficiados con la pandemia; como el relacionado con los contenidos digitales que han visto como en estos meses no han parado de crecer; con datos como que el 62% de los catalanes están abonados a un portal de contenidos digitales y que ha aumentado un 52% el número de abonados a las plataformas audiovisuales. También aumentó, un 410%, el número de libros electrónicos comprados, con un aumento de la facturación del 269% con respecto a las cifras del año anterior. En este sentido, también aumentó en 2019, un 37,2%, el préstamo digital en bibliotecas, que llegó hasta los 300.000.

En cuanto a los datos de 2019, año prepandemia, el informe asegura que el gasto medio en cultura ascendió a 140 euros por habitante, tras sumar el presupuesto destinado a la cultura por el conjunto de las administraciones catalanas: 1.073 millones de euros; un dato que, sin embargo, está muy lejos de lo que reclama el sector y de lo que se destina en los países de nuestro entorno.

Déficit presupuestario, precariedad laboral y consenso

El CoNCA ha entrevistado a 23 personas del sector que coinciden en identificar algunos de los problemas de la cultura; entre ellos la financiación deficitaria y la precariedad laboral; pero también, el alejamiento del sector cultural de la ciudadanía, el distanciamiento de la política y la realidad cultural del país; la fuerte centralidad de Barcelona en detrimento de las periferias, las desigualdades de género y el cambio de modelo de negocio como principales problemáticas y retos que se han de afrontar. Los entrevistados coinciden en pedir políticas culturales claras, igualitarias, dimensionadas socialmente, definidas a largo plazo, más allá de los mandatos parlamentarios.

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