la crisis del coronavirus

El hotel Juan Carlos I, en la cuerda floja

El establecimiento se construyó en la época de la Barcelona olímpica y atraviesa un momento complicado que podría acabar en venta o cambio de gestión

El Hotel Rey Juan Carlos I clausurado por falta de turistas a consecuencia de la pandemia mundial de la Covid-19.
El Hotel Rey Juan Carlos I clausurado por falta de turistas a consecuencia de la pandemia mundial de la Covid-19.Albert Garcia / EL PAÍS

Los últimos años han sido de bonanza para la industria hotelera en general, y en Barcelona en particular. Un dato que lo evidencia, entre otros, es el progresivo incremento del precio medio anual de las habitaciones, que el año pasado alcanzaron los 140 euros, frente a los 99 de 2010. Sin embargo, el frenazo en seco que ha impuesto el coronavirus, que, prácticamente, ha barrido el turismo internacional, ha puesto en evidencia la capacidad de resistencia financiera de los hoteles.

Los que tenían unas cuentas más saneadas —tras años de beneficios— están en mejores condiciones de resistir: “Aguantará el que tenga más músculo”, opina Joaquim Clos, director general del grupo Derby. “Precisamente, el hecho de que más de la mitad de la planta hotelera sea de propietarios de Barcelona y catalanes es un punto fuerte porque la actitud ante el negocio es muy diferente de la que tiene una cadena internacional”, entiende Manel Casals, director del gremio hotelero. Otro punto a favor, en tiempos de crisis, es que el 63% de los establecimientos son de propiedad, frente a un 24% de alquiler y un 10% con otras fórmulas.

Los trabajadores temen despidos si hay un cambio de propiedad

La crisis ha puesto en evidencia la débil situación financiera de algunos hoteles a los que ahora “rondan” fondos de inversión, otras cadenas hoteleras y fondos buitres, dispuestos a hacerse con una propiedad a precio de saldo.

Uno de los que se encuentra en esa situación —no el único— es el Fairmont Rey Juan Carlos I, un hotel emblemático de la ciudad que abrió pocos días antes de los Juegos Olímpicos de 1992. Y un establecimiento de los que se hicieron al uso de aquel plan de hoteles: grande. Porque el Juan Carlos I es uno de los mayores de la ciudad, con 432 habitaciones y un número importante de suites. El hotel gestiona conjuntamente el vecino Palau de Congressos —con capacidad para 3.000 personas— además de la amplia zona de jardines, que incluyen piscinas.

Precio simbólico

Según fuentes del sector, el Juan Carlos I estaría ya en venta por un precio simbólico, ya que el comprador debería hacerse cargo de una deuda de unos 80 millones de euros. La empresa que actualmente gestiona el hotel, la cadena hotelera Accor, ha declinado precisar cuál es la situación más allá de que ahora está cerrado —cerró el lunes pasado después de reabrir tras el confinamiento, en julio— por el efecto de la pandemia del coronavirus: “Las perspectivas de reactivación del hotel permanecen bajo análisis continuo y la operación se reanudará lo antes posible”, señala en un comunicado como respuesta a las preguntas formuladas por este diario. Por su parte, la empresa propietaria del hotel, Barcelona Project’s SA, no contestó.

Es uno de los mayores de la ciudad y depende de los congresos

Los 370 trabajadores del hotel, sin embargo, están preocupados por la situación y por lo que pueda pasar. Actualmente, salvo los empleados que se encargan del mínimo mantenimiento que requiere una instalación cerrada, todos están en ERTE hasta el 31 de enero. Cuentan que el hotel reabrió en julio, pero que desde entonces ha tenido una ocupación casi simbólica —llegó a ser de un 4% de las habitaciones— y que la actividad principal era la restauración. “Este es un hotel que funciona, sobre todo, con los congresos y eventos y este año no ha habido ni uno”, explicaban fuentes sindicales. El comité de empresa, oficialmente, no ha sido informado de una eventual venta del hotel o de que estuviera en una situación preconcursal.

El establecimiento fue reformado en profundidad en 2016, para seguir el estándar de los hoteles de lujo Fairmont. Esa inversión —de más de 40 millones de euros— junto con una deuda remanente de unos 16 millones de la gestión anterior de HUSA —actualmente dirimiéndose en los tribunales— lastran las cuentas, señalan fuentes sindicales que, no obstante, insisten en que no tienen información directa de la empresa: “Lo que nos preocupa de verdad es que si hay cambio de propiedad, intenten eliminar personal”.



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