La crisis del coronavirus

Lleno en los parques naturales catalanes pese a las restricciones

Controles policiales y buses lanzaderas para evitar el colapso

24-10-2020. Matadepera. Personal de la informacion del parque controla el acceso al parque en el primer dia de control de accesos a la Mola y Sant Llorenc del Munt y l Obac © Foto: Cristobal Castro
24-10-2020. Matadepera. Personal de la informacion del parque controla el acceso al parque en el primer dia de control de accesos a la Mola y Sant Llorenc del Munt y l Obac © Foto: Cristobal CastroCRISTOBAL CASTRO

Los parques naturales se volvieron a llenar ayer en Cataluña pese a los controles y restricciones anunciados por el Govern. Los principales espacios naturales colgaron el cartel de completo, sin que se viviese colapso de vehículos. “Estamos por debajo de un sábado normal”, explicó un trabajador de la Diputación de Barcelona en uno de los puntos de control en la carretera que da acceso al parque de Sant Llorenç del Munt i l’Obac, muy popular por el ascenso a La Mola.

Las mayores aglomeraciones en la sinuosa carretera salpicada de aparcamientos hasta La Mola las provocaron la coincidencia de coches y ciclistas. La prudencia y el sentido común no recomendaban avanzar a los que circulan a dos ruedas y eso provocaba pelotones de vehículos. “Se nota que la gente ha mirado las noticias”, afirmó uno de los vigilantes de un parking.

Para controlar los accesos a los principales parques naturales de Cataluña, entre ellos el de La Garrotxa, el Montseny, o el de Sant Llorenç de Munt i l’Obac, se desplegaron patrullas de los Mossos d’Esquadra en las carreteras que les daban acceso y se cortaron algunas de ellas. Además, trabajadores de la Diputación de Barcelona controlaban la afluencia en el aparcamiento.

“Este sábado no está teniendo nada que ver con el anterior, que fue un caos”, explicaba uno de esos trabajadores en el aparcamiento de El camí dels Monjos, ya con la mayoría de las plazas ocupadas, pero sin que se viviese ningún colapso. “A veces la gente no obedece, aparca donde no debe y se enfada”, indicaba. Pero nada de eso se estaba dando en esos momentos en el parque.

En el punto de control de los Mossos d’Esquadra en la carretera BV-1221, que da acceso al parque, los vehículos frenaban por iniciativa propia, sin que les diesen el alto los policías. “Nos piden información de cómo está”, explicó uno de ellos. Los trabajadores de la Diputación de Barcelona admitían que la afluencia había bajado en comparación con otros fines de semana. A las once de la mañana, la hora punta en los espacios naturales, todavía quedaban disponibles un 10% de las plazas en el aparcamiento del Coll d’Estenalles, que es el más grande del parque. “Auguro, por como estoy viendo el día, que no se llenará”, vaticinó uno de los trabajadores de la Diputación, aunque finalmente sí colgaron el cartel de completo.

A los vehículos que ya no podían aparcar allí se les advertía de que podían seguir por la carretera, que lleva a Talamanca y Navarcles, pero prohibía estacionar en los arcenes. Una de las opciones que se les ofrecía era dejar el vehículo abajo, en el punto de acceso, donde se reforzó un servicio lanzadera en un pequeño bus, que a las once de la mañana aún no había hecho ni un viaje. “Con 6 ó 7 personas ya saldrá”, indicó ese mismo trabajador, que aguardaba expectante la jornada del domingo, cuando realmente se llenan los parques naturales.

Mientras, en la montaña, los excursionistas disfrutaban del día. “¡¡¡Hola!!!”, gritaba una joven, que caminaba junto a su padre y su hermana, en una de las valles, esperando el retorno del eco. Alba y Pau, de 24 y 25 años, una pareja de Terrassa, también paseaban tranquilamente por el lugar. “No nos engañemos, venimos más a la montaña porque hay menos cosas que podamos hacer”, admitían los dos, aunque aseguraban que son excursionistas habituales del espacio natural.

Corredores se cruzaban con familias que caminaban pausadamente. “Os vais a mojar un poco los pies como haya agua”, advertía un experto corredor, a juzgar por su conocimiento del lugar, a una pareja que preguntaba por la cueva de la Simanya. “Ella ha diseñado la ruta”, contaban, sonrientes, Neus y Èlia, de 22 años, señalando a su amiga Clara, de 21. Las tres, en dirección también a la cueva de Simanya, recorrían el parque por primera vez. “No nos hemos encontrado ningún control”, contaban las jóvenes madrugadoras, que habían salido desde Granollers a las nueve de la mañana.

A mediodía, ya se colgó el cartel de completo en los cinco grandes parques naturales. La norma que se recalcó es que se sería implacable y se multaría a los coches aparcados en los arcenes, una imagen habitual ya antes de la pandemia. La presidenta de la Diputación de Barcelona, Nuria Marín, que se desplazó al parque natural del Montseny, advirtió de que se “ajustarán algunas decisiones” para hacer las cosas más fáciles a los visitantes este domingo.

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