DIADA

“Estamos en un letargo, hasta la próxima oportunidad”

Barcelona vive una Diada con mascarillas, sin colapsos, colas ni manifestantes del resto de Cataluña

Acto central de la Diada 2020 organizado por la Assemblea Nacional Catalana (ANC) en Barcelona.
Acto central de la Diada 2020 organizado por la Assemblea Nacional Catalana (ANC) en Barcelona.Massimiliano Minocri

Mascarillas y actos con aforo limitado e inscripción previa. Pero ni miles de autocares. Ni trenes abarrotados. Ni multidudes coloridas en el centro. Ni colas en bares, supermercados 24 horas o lavabos. Ni vendedores de senyeres o agua fresca. Ni familias con tres generaciones comiendo de picnic con la estelada por mantel. Ni la red de telefonía colapsada. Habituada como estaba Barcelona a las grandes manifestaciones de la Diada desde 2012, la de ayer fue una jornada tranquilísima. De hecho, había más gente en los barrios que en la mayoría de puntos céntricos donde la Assemblea Nacional Catalana (ANC) convocó actos de protesta.

La Diada en tiempos de pandemia, con decenas de actos por toda Cataluña, vallados, con control de acceso y un gran celo en respetar medidas sanitarias y distancias, cortó la movilidad hacia la ciudad. No fue así de la urbe hacia la playa y la montaña, no: las ganas de rematar el verano con tres días de puente provocaron kilométricos atascos en la salida de la ciudad.

Con todo, la fidelidad de muchos manifestantes independentistas está a prueba de tiempos extraños y temor al coronavirus y no faltaron a las convocatorias de la ANC. Puntuales a las 16.30 horas, Manel y Carme llegaban a la plaza de la Universitat: camisetas azules de esta edición de la Diada y taburete plegable, que son veteranos en las protestas y saben lo cansadas que son. Se habían inscrito en una convocatoria de la zona alta de la ciudad, pero les avisaron de la organización que se suspendía y les ofrecieron acudir a Universitat. El poco ambiente pesaba cuando entraron, les tomaron la temperatura y les facilitaron gel para las manos. Quedan lejos esas Diadas en las que el independentismo aseguraba que ho tenim a tocar”, una frase que podría traducirse como que ya falta muy poco. “Estamos en letargo, hasta la próxima vez que haya una oportunidad. Falta tiempo”, señalaba Manel.

Esperando para entrar en el acto central, en la plaza de Letamendi, elegida porque alberga la sede de la Agencia Tributaria del Ministerio de Hacienda, estaba apenada por el poco ambiente Maria Catà. “Me he pateado la ciudad, siempre había tanta gente, en el metro, en los bares, es todo tan distinto que parece el puente de agosto”, lamentaba.

La frialdad del ambiente se trasladó incluso al interior del propio acto, donde a los asistentes, separados en sillas individuales, les costó aplaudir los parlamentos de los líderes de la Assemblea y Òmnium.

Terminadas las protestas de la ANC, se celebró una protesta convocada por los CDR, y no comunicada, donde no se guardaron las distancias y al final se quemó un muñeco con la cara del Rey Felipe VI. En Girona, en un acto donde había 400 inscritos, comenzó con sillas vacías. Y en Lleida el acto consistió en una caravana de coches.

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